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Ocultan la muerte de una niña en un ensayo de terapia génica en China

Una menor de seis años con una enfermedad genética rara falleció tras el tratamiento y el estudio se publicó como un éxito sin mencionarlo, según una investigación de 'Science' y 'Retraction Watch'

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Una niña de seis años que padecía una enfermedad genética rara asociada a discapacidad intelectual y autismo murió tras recibir una terapia génica experimental en China, un desenlace que ni el hospital que administró el tratamiento ni la universidad que desarrolló la terapia hicieron público y que no figura en el artículo académico donde el estudio se presentó como un resultado positivo.

El ensayo, según la reconstrucción de Science y Retraction Watch, corrió a cargo de investigadores vinculados a una universidad china de prestigio con sede en Shanghái, que probaban una terapia dirigida a corregir la mutación responsable de la enfermedad de la paciente. Este tipo de dolencias, causadas por alteraciones en un solo gen, son objetivo habitual de las terapias de edición genética más avanzadas porque, en teoría, corregir el defecto molecular podría revertir o frenar síntomas que hoy carecen de tratamiento curativo.

La menor presentaba discapacidad intelectual y rasgos del espectro autista derivados de esa condición genética. Tras recibir la terapia experimental, falleció, un desenlace que, de acuerdo con la investigación periodística, no se comunicó públicamente ni por el centro hospitalario donde se realizó la intervención ni por la institución académica responsable del desarrollo del tratamiento. El artículo científico derivado del ensayo describe el estudio como un éxito terapéutico y omite la muerte de una de las participantes.

Una omisión que la normativa internacional prohíbe

La normativa que regula los ensayos clínicos, articulada en torno a la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial y replicada en las legislaciones nacionales, exige que todo evento adverso grave —y con mayor razón un fallecimiento— sea notificado tanto a los comités de ética que aprobaron el estudio como a las publicaciones científicas que difunden sus resultados. Omitir esa información constituye una infracción de los estándares que rigen la investigación con seres humanos y es, precisamente, el tipo de discrepancia entre la práctica clínica y la literatura publicada que los mecanismos de integridad investigadora están diseñados para detectar.

China reforzó en la última década su marco normativo sobre ensayos clínicos y edición genética, en parte como respuesta al escándalo de 2018 protagonizado por el investigador He Jiankui, quien anunció el nacimiento de las primeras niñas con el genoma editado mediante la técnica CRISPR sin autorización ni supervisión adecuada. El episodio le costó una condena penal de tres años de prisión y situó al país bajo escrutinio internacional en materia de biotecnología aplicada a humanos. El caso desvelado ahora vuelve a poner en cuestión la eficacia de esos controles, en especial en lo relativo a la transparencia posterior a los ensayos y a la fiabilidad de las publicaciones que sirven de base para futuras autorizaciones regulatorias.

Hasta el momento, ni el hospital implicado ni la universidad responsable del desarrollo de la terapia han respondido públicamente a las preguntas planteadas por la investigación de Science y Retraction Watch. Tampoco constan pronunciamientos de las autoridades sanitarias chinas ni de organismos internacionales de bioética sobre este episodio concreto, por lo que el relato de los hechos permanece pendiente de una respuesta oficial de las partes señaladas.

Retractaciones y precedentes que marcaron el sector

La comunidad científica dispone de mecanismos específicos para depurar estas irregularidades una vez detectadas. La retractación del artículo —la retirada formal de la publicación por parte de la revista que lo editó— suele ser el primer paso cuando se confirma que se omitió información esencial sobre la seguridad de un tratamiento. Retraction Watch, uno de los portales que ha destapado el caso, documenta desde hace años miles de retractaciones en todo el mundo, aunque las que afectan a ensayos con menores y enfermedades raras generan un escrutinio adicional por la vulnerabilidad de los pacientes implicados.

Las terapias génicas experimentales, pese a su potencial para enfermedades hasta ahora incurables, arrastran un historial que obligó a extremar la prudencia regulatoria. El caso de Jesse Gelsinger, el joven estadounidense de 18 años que murió en 1999 tras participar en un ensayo de terapia génica en la Universidad de Pensilvania, supuso un punto de inflexión en Estados Unidos y llevó a un endurecimiento sustancial de los requisitos de consentimiento informado y de vigilancia de la seguridad. Es el precedente que el sector cita habitualmente como advertencia sobre los riesgos de la precipitación científica.

Organismos como la Agencia Europea de Medicamentos y la estadounidense FDA exigen actualmente la notificación obligatoria de cualquier evento adverso grave antes de autorizar la continuidad o ampliación de un ensayo de terapia génica. Esos estándares no se aplican con el mismo rigor en todas las jurisdicciones, una asimetría que alimenta la preocupación por una eventual deslocalización de ensayos de alto riesgo hacia países con supervisión menos exigente.

El caso llega en un momento en que China ha intensificado su apuesta por posicionarse como potencia en biotecnología y medicina genómica, con inversiones públicas y privadas crecientes en terapias avanzadas para enfermedades raras, un terreno en el que compite con Estados Unidos y la Unión Europea por el liderazgo científico y comercial. Cualquier episodio que comprometa la credibilidad de sus publicaciones tiene, por tanto, implicaciones que trascienden lo médico y afectan a la reputación de su ecosistema investigador.

El foco se traslada ahora a si la revista que publicó el estudio original abre un proceso de investigación interna y procede, en su caso, a la retractación del artículo, y a si las autoridades académicas y sanitarias chinas ofrecen una explicación pública sobre lo ocurrido con la menor. Queda igualmente pendiente conocer si organismos internacionales de bioética o sociedades científicas de edición genética se pronuncian sobre el caso y si la familia de la niña emprende alguna reclamación.

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