La proporción del intercambio ilustra la magnitud del desajuste: por cada euro que España vendió a China durante el primer semestre, compró más de seis euros y medio en mercancías chinas. La disparidad de ritmos agrava la brecha, ya que las exportaciones españolas hacia China aumentaron apenas un 1,3%, hasta 4.000 millones de euros, mientras que las importaciones se dispararon un 10,1%, hasta 26.600 millones, según la misma fuente oficial. China representa ya el 11,4% del total de las importaciones españolas, frente a un 2% de las exportaciones nacionales que tienen como destino el país asiático.
China fue el país que más contribuyó al crecimiento interanual de las importaciones españolas en el primer semestre, con especial protagonismo de las compras de automóviles, equipos de telecomunicaciones y aparatos eléctricos, según el desglose del informe. Esa asimetría convierte al gigante asiático en un proveedor cada vez más determinante para la economía española, en un momento en que Europa trata de reducir su exposición en sectores industriales considerados estratégicos.
El deterioro bilateral se enmarca en un empeoramiento generalizado de la balanza comercial española. El déficit total del país alcanzó los 32.781 millones de euros en el primer semestre, un 30,5% más que en el mismo periodo de 2025, de acuerdo con los datos de la Secretaría de Estado de Comercio. Las exportaciones crecieron un 2%, hasta 201.133 millones de euros, pero las importaciones lo hicieron a un ritmo muy superior, del 5,2%, hasta 233.914 millones.
El peso del desequilibrio con China dentro del agujero comercial español es considerable: los 22.599 millones de déficit bilateral equivalen a cerca del 69% del déficit comercial neto del país frente al resto del mundo. Esta comparación no implica que China explique por sí sola ese porcentaje del deterioro, ya que los déficits con unos socios comerciales se compensan parcialmente con los superávits logrados con otros, pero la cifra permite dimensionar la magnitud del desajuste con Pekín.
El contraste con Estados Unidos resulta significativo. España acumuló un déficit comercial con la primera economía mundial de 6.697 millones de euros hasta junio, una cifra elevada pero un 5,4% inferior a la del primer semestre de 2025. Las exportaciones españolas a Estados Unidos cayeron un 1,3%, hasta 8.639,5 millones de euros, y las importaciones retrocedieron un 3,2%, hasta 15.337,1 millones, según el mismo informe. Así, mientras el déficit con Washington disminuye, el que mantiene España con Pekín se amplía a doble ritmo porcentual.
Junio acelera la brecha con Pekín
Los datos de junio, el último mes disponible, muestran una aceleración de la tendencia. España exportó a China mercancías por 613 millones de euros, un incremento marginal del 0,2% interanual, mientras que las importaciones chinas se dispararon un 24,1%, hasta 5.317 millones de euros. Ese mismo mes, el déficit comercial total de España se multiplicó por más de dos, hasta 7.686 millones de euros, pese a que las exportaciones marcaron un máximo histórico para un mes de junio: las ventas al exterior aumentaron un 5,3%, hasta 35.545 millones, mientras que las importaciones crecieron un 15,7%, hasta rozar los 43.232 millones.
El fenómeno no es exclusivo de España. La Comisión Europea ha impulsado en los últimos años una estrategia de autonomía estratégica destinada a reducir la dependencia europea de proveedores asiáticos en sectores considerados críticos, como los semiconductores, las baterías o las materias primas para la transición energética, y ha aprobado aranceles a determinados vehículos eléctricos chinos, además de reforzar los mecanismos de control de inversiones extranjeras.
El precedente de esta dinámica se remonta a la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001, que disparó su capacidad exportadora y transformó los flujos comerciales globales durante las dos décadas siguientes. España, como el resto de economías europeas, ha visto crecer de forma sostenida su dependencia de las manufacturas chinas desde entonces, un proceso que solo se ha visto parcialmente contrarrestado por las políticas de diversificación impulsadas tras la crisis de suministros de 2021 y 2022.
El Informe Mensual de Comercio Exterior, elaborado a partir de los datos de Aduanas, constituye la referencia oficial para el seguimiento de la balanza comercial española y sirve de base para el debate sobre la política industrial y comercial del país, incluidas las relaciones que la Unión Europea mantiene con China en el marco de la Organización Mundial del Comercio. La política comercial hacia terceros países, como los aranceles, es competencia exclusiva de la UE, no de los Estados miembros.
De cara a los próximos meses, el foco estará en si la Comisión Europea amplía las medidas arancelarias frente a productos chinos y en si España logra revertir la tendencia exportadora hacia el gigante asiático. El próximo informe mensual de Comercio Exterior, correspondiente a julio, permitirá comprobar si la aceleración observada en junio se consolida o responde a un repunte puntual, en un año en el que el comercio internacional sigue condicionado por la incertidumbre arancelaria derivada de la política comercial de Estados Unidos.

