Barajas había terminado su relación sentimental con la hija de las víctimas, pero seguía residiendo en el inmueble donde ocurrieron los hechos. Conocía a Anzola y Guerrero desde hacía más de veinte años, un vínculo que la familia describió como de confianza construida alrededor del cuidado de su hija y su nieto.
La Fiscalía precisó que el capturado registraba antecedentes por violencia intrafamiliar y lesiones personales, aunque sin condenas previas. Ese dato se volvió central en la discusión sobre la medida de aseguramiento que podría imponerse en su contra, pendiente de definición judicial.
De acuerdo con lo reportado, Barajas habría declarado a las autoridades que no se encontraba en la vivienda al momento de los hechos. Sin embargo, videos de cámaras de seguridad del sector muestran a un hombre con el rostro cubierto saliendo del lugar, un elemento que habría resultado determinante en el avance de la investigación hacia su captura.
Durante las diligencias judiciales adelantadas hasta ahora, según el mismo reporte, el procesado mantuvo una actitud que generó desconcierto entre los asistentes: se rió en varias ocasiones mientras la cámara lo enfocaba y mientras el juez se dirigía a la audiencia.
El abogado que representa a la familia de las víctimas expresó su inquietud por un eventual escenario en el que el procesado enfrente el caso en libertad, dado el patrón de conducta que, a su juicio, revelan sus anotaciones.
"A esta persona se le comunica también por parte de la Fiscalía que ha tenido varias anotaciones por violencias y lesiones personales, por violencia intrafamiliar. No tiene condenas, simplemente anotaciones, pero sí dejan ver un patrón; obviamente que esta persona es un peligro para la sociedad", dijo el abogado de la familia de Anzola y Guerrero.
Una nieta de la pareja asesinada relató el vínculo familiar que durante más de dos décadas sostuvo a Barajas dentro del círculo cercano de sus abuelos, pese a la ruptura sentimental con su madre.
"Si en algún momento abrieron la puerta de su casa para que esta persona ingresara, viviera con ellos y pues desafortunadamente todo terminara así, pues esto fue por el amor que tenían a su hija y a su nieto. Mis abuelos pues actuaron desde el cariño y la confianza que tenían pues en su familia; en realidad era una persona que llevaba más de 20 años en nuestra familia", comentó la nieta de las víctimas.
Algunos reportes señalan que Guerrero habría sido víctima de agresiones sexuales antes de ser asesinada, un elemento que haría parte del expediente junto con las demás evidencias recogidas en la escena del crimen en Aures. El caso de Suba se suma a otros hechos de violencia que han ocupado a las autoridades en el país, como el robo de 13 lingotes de plata avaluados en $260 millones en Girón tras un falso retén policial.
Los allegados a Anzola y Guerrero exigen que el proceso judicial avance sin dilaciones y que el caso, ocurrido hace más de siete meses, no quede en la impunidad, mientras se define la situación jurídica del capturado ante el juzgado penal correspondiente.

