La operación llega en uno de los periodos más tensos entre la Casa Blanca y el Ejecutivo español de las últimas décadas. Trump ha calificado a España como "causa perdida" y "socio terrible" dentro de la OTAN, acusaciones que ha alternado con amenazas de suspender el comercio bilateral y con matices posteriores en los que llegó a calificar al país de "generoso" en su gasto en defensa. Ese vaivén retórico ha marcado los últimos meses de relación entre ambos gobiernos.
El origen de buena parte de estas críticas se remonta a la negativa del Gobierno español a que Estados Unidos utilizara las bases de Rota y Morón, en Andalucía, para operaciones vinculadas al conflicto en Oriente Próximo. Ambas instalaciones, cedidas a través del Convenio de Cooperación para la Defensa suscrito en 1988 y renovado mediante protocolos posteriores, son piezas del despliegue naval y aéreo estadounidense en el Mediterráneo. Trump ha empleado además la crisis migratoria en Ceuta para cuestionar la gestión de la frontera sur, trazando un paralelismo con la situación fronteriza que Estados Unidos vivió durante la Administración de Joe Biden.
En ese escenario, Banco Santander se mantiene como una de las excepciones del vínculo económico hispano-estadounidense. La relación entre Botín y Trump se hizo visible en el Foro Económico Mundial de Davos, donde el presidente estadounidense elogió el "fantástico trabajo" de la banquera al frente de la entidad y ella, a su vez, destacó la agenda de desregulación bancaria impulsada por la Casa Blanca.
Estructura y coste de la operación
El importe, cifrado en 12.000 millones de dólares, valora cada acción de Webster en 26,15 dólares. El pago se estructura en un 65% en efectivo y un 35% en acciones de nueva emisión del propio Santander, una fórmula habitual en fusiones bancarias que combina liquidez inmediata con la incorporación futura de los accionistas de la entidad absorbida al capital de la matriz resultante.
La Reserva Federal dio luz verde el 5 de agosto al concluir que los beneficios esperados de la integración superan los riesgos, entre ellos el posible cierre de oficinas en zonas como Nueva York, el valle del Hudson, el norte de Nueva Jersey y Connecticut, según el dictamen del regulador. Ese tipo de fusiones se rige en Estados Unidos por la Bank Holding Company Act, que obliga a la Fed a ponderar tanto la estabilidad del sistema como la competencia y el servicio a las comunidades afectadas.
Una vez completada la integración, el banco resultante controlará en torno al 23,8% del volumen de depósitos del estado de Connecticut y aproximadamente el 5,8% en Massachusetts, cuotas que situarían a la entidad fusionada entre las diez mayores de Estados Unidos en banca minorista y de empresas por volumen de activos, de acuerdo con las estimaciones remitidas al regulador. Estados Unidos es hoy el cuarto mercado de Santander por detrás de España, Brasil y México, aunque el grupo prevé que ascienda a segunda región por beneficios una vez materializada la compra.
Resultados y encaje estratégico
Los resultados de ambas entidades reflejan magnitudes dispares. Webster registró en el segundo trimestre de 2026 un beneficio atribuido de 249,4 millones de dólares (219 millones de euros), un 0,9% menos que en el mismo periodo del año anterior. Santander obtuvo un beneficio de 560 millones de euros entre abril y junio, frente a los 422 millones logrados un año antes, según las cuentas trimestrales presentadas por el grupo.
La compra de Webster se suma a una serie de movimientos con los que Santander ha reconfigurado su presencia internacional: el desembarco de Openbank en el mercado estadounidense, la adquisición de TSB al Banco Sabadell en el Reino Unido y la venta de su negocio en Polonia. Analistas citados por Bloomberg interpretan ese reposicionamiento como una apuesta por concentrar el crecimiento en mercados de mayor rentabilidad relativa y consideran que la operación supone "un salto cualitativo" en el mayor mercado del mundo.
El principal desafío, según esos mismos análisis, reside en generar sinergias que superen los 1.200 millones estimados, cifra que —exponen los expertos de Bloomberg— debería compensar "la debilidad del negocio en Brasil" y las inversiones tecnológicas ligadas al auge de la inteligencia artificial. Santander confía en que la filial estadounidense contribuya entre un 7% y un 8% al beneficio por acción del grupo de aquí a 2028, año en que concluye su actual plan estratégico.
El precedente más cercano es la propia trayectoria expansiva del banco en Estados Unidos desde la compra de Sovereign Bancorp en 2009, germen de su actual filial norteamericana, que ha crecido mediante sucesivas adquisiciones hasta convertirse en una pieza relevante del balance del grupo. La absorción de Webster prolonga esa senda de crecimiento por adquisiciones en el país.
La operación no ha merecido pronunciamiento público por parte del Gobierno español ni de la Casa Blanca, que hasta el momento no han vinculado la integración bancaria con la tensión diplomática. Tampoco hay constancia de que la Reserva Federal haya introducido en su valoración consideraciones ajenas a los criterios financieros y de estabilidad que marca la normativa aplicable.
De cumplirse el calendario, la culminación de la integración el jueves reforzará la posición de Santander en el mercado estadounidense mientras las relaciones políticas entre Washington y Madrid permanecen bajo escrutinio. Los próximos meses medirán si las sinergias prometidas se materializan y si el contexto diplomático llega a influir en la actividad de una entidad que opera al margen de las políticas gubernamentales de ambos países.

