Los huesos, catalogados como RAB ID1, se recuperaron dispersos en dos unidades estratigráficas distintas durante las campañas de excavación de 2021 y 2022 en los Ripari Alti, un conjunto de refugios naturales situado a 1.100 metros de altitud, en el Valle de Lamen. El conjunto está formado por seis piezas atribuidas a un único individuo: ambas tibias, la hemimandíbula derecha, el húmero derecho, una costilla y el radio izquierdo. El número mínimo de individuos se fijó en uno por la ausencia de huesos duplicados, la presencia de tibias contralaterales y un grado de maduración esquelética coherente entre todas las piezas, correspondiente a un feto de 40 semanas lunares, es decir, un bebé nacido a término.
El elemento central del hallazgo es una fractura en espiral en el húmero derecho, cerca del codo, con bordes suaves y curvos que no presentan cambio de color respecto al resto del hueso. Ese aspecto indica que la rotura se produjo cuando el hueso aún estaba fresco, no después de la muerte. El patrón coincide con lo que la medicina denomina fractura Holstein-Lewis, un tipo de lesión que se asocia a recién nacidos que atraviesan partos difíciles.
Un análisis con microscopio electrónico de barrido confirmó ese diagnóstico: la superficie del húmero muestra pequeñas escamas y grietas con forma de concha, típicas de huesos que se rompen en estado fresco. Los investigadores contrastaron ese resultado con la fractura de una costilla del mismo esqueleto, producida tras la muerte, cuya superficie resultó lisa y homogénea, muy distinta a la del húmero. Esa comparación permitió descartar que la rotura del brazo fuera posterior al fallecimiento y situarla en el momento mismo del parto.
«Es la prueba de una fuerza ejercida para hacer frente a un parto difícil, probablemente acompañado de intentos de extracción manual», destacó Omar Larentis, primer autor del estudio.
Los especialistas vinculan ese tipo de fractura a maniobras propias de una presentación de nalgas o una distocia de hombros, complicaciones en las que el hombro o el brazo del feto queda comprimido durante el descenso por el canal del parto. La combinación de esa compresión con los tirones o giros necesarios para liberar la extremidad explicaría el movimiento de torsión que terminó por partir el húmero en forma de espiral, un mecanismo lesional bien descrito en la obstetricia moderna pero nunca antes documentado en un contexto neolítico italiano.
Un déficit nutricional heredado de la madre
Más allá de la fractura, los huesos del neonato presentan otras alteraciones: la capa externa de ambas tibias y de la mandíbula muestra pequeños poros, y los extremos de esas piezas aparecen adelgazados con un patrón que los investigadores describen como similar a un encaje. Ese conjunto de signos es compatible con un déficit de micronutrientes, posiblemente de vitamina C, con síntomas que se solapan con los del raquitismo.
Al tratarse de un individuo fetal o neonatal, cualquier carencia detectada reflejaría el estado nutricional de la madre, transmitido a través de la placenta durante la gestación o, ya en el periodo perinatal, por la leche materna. Los autores interpretan ese dato como indicio de una dieta desequilibrada, posiblemente vinculada al estrés estacional o a las exigencias de la movilidad en un entorno alpino que califican de marginal para la subsistencia.
RAB ID1 constituye, según los autores, el único individuo humano atribuible con seguridad a una fase tardía de la tradición del Vaso a Boca Cuadrada en el noreste de Italia, una cultura cerámica característica del Neolítico medio en la península itálica. Los investigadores subrayan que ningún caso publicado hasta ahora para ese periodo había aportado evidencia ósea directa de una maniobra obstétrica: las interpretaciones previas de muertes materno-fetales en la prehistoria se apoyaban en la posición de los enterramientos o en patrones demográficos generales, nunca en un indicador esquelético tan específico como una fractura diagnosticable.
El comisario Vigne reivindica el parque
Esa ausencia de precedentes convierte al hallazgo en una referencia inédita para entender cómo se resolvían, o no, las complicaciones obstétricas en comunidades agrícolas de montaña hace seis milenios, en un periodo en el que la mortalidad materna e infantil asociada al parto se presume elevada aunque rara vez deja huella material verificable.
El comisario del Parque Nacional Dolomitas Belluneses, Ennio Vigne, valoró el hallazgo en términos que van más allá de lo estrictamente científico y remarcó el compromiso de la institución en la financiación de investigaciones pluridisciplinares.
«Se trata de un descubrimiento realmente extraordinario, que demuestra una vez más que el territorio del parque tiene una riqueza única no solo desde el punto de vista natural, sino también histórico y antropológico», señaló Ennio Vigne, comisario del Parque Nacional Dolomitas Belluneses.
El estudio está firmado, además de por Larentis, por Fabio Cavulli, de la Universidad de Nápoles Federico II, y Francesco Carrer, de la Universidad de Newcastle, en un proyecto financiado conjuntamente por el Parque Nacional Dolomitas Belluneses y la Fundación CARITRO. La colaboración entre instituciones italianas y británicas ilustra el carácter interdisciplinar de la paleopatología aplicada a la arqueología prehistórica, que combina técnicas de imagen, microscopía electrónica y comparación clínica con casos obstétricos contemporáneos.
El recurso a técnicas forenses para reconstruir episodios concretos en restos humanos enlaza con su uso en procedimientos judiciales actuales, como el que en Tailandia confirmó la cadena perpetua a Daniel Sancho tras rechazar sus recursos. Los huesos de RAB ID1 se recuperaron en las campañas de 2021 y 2022, y el proyecto conjunto entre el parque nacional y la Fundación CARITRO continúa activo.

