La cifra de 80.000 cruces en 48 horas, de confirmarse en su magnitud, superaría ampliamente cualquier precedente en la frontera de Ceuta, una ciudad autónoma de en torno a 84.000 habitantes según el padrón del Instituto Nacional de Estadística. El Gobierno central ha situado en más del 90% el porcentaje de quienes regresaron a Marruecos en los días posteriores, aunque no ha ofrecido un desglose verificado de esa cifra ni una cronología detallada de los retornos.
Ceuta arrastra desde hace décadas episodios de presión migratoria en su frontera terrestre y marítima, por su condición de único acceso terrestre de la Unión Europea con Marruecos junto a Melilla. La crisis de mayo de 2021, cuando más de 8.000 personas cruzaron en pocas horas tras una relajación del control fronterizo marroquí en plena disputa diplomática por el Sáhara Occidental, era hasta ahora el mayor episodio registrado y el precedente más citado, muy por debajo de las cifras que se manejan para este episodio de julio de 2026.
Un sistema sanitario descrito como «medicina de guerra»
Las asistencias practicadas a personas migrantes entre el 31 de julio y el 31 de agosto ascendieron a 10.725, de las cuales el 60% se resolvió en centros de Atención Primaria y el 40% restante en el servicio de Urgencias del Hospital Universitario de Ceuta. La ciudad autónoma cuenta con la ratio de médicos por habitante más baja de España, según datos del Ministerio de Sanidad, una circunstancia que agrava cualquier repunte de la demanda asistencial.
Profesionales médicos y de enfermería describen la situación con expresiones como «medicina de guerra» o «barco que se hunde» para referirse a la sensación de desbordamiento permanente de las últimas semanas. Entre los cuadros atendidos figuran heridas por arma blanca y fracturas derivadas de reyertas, embarazos sin seguimiento previo y patologías asociadas al hacinamiento, como gastroenteritis, sarna, impétigo y varios casos de tuberculosis, una enfermedad de declaración obligatoria en España en el marco de la Ley General de Salud Pública.
Los sindicatos médicos y el Colegio de Médicos de Ceuta han calificado la situación de «catástrofe asistencial» y reclaman el despliegue de un hospital de campaña para descongestionar el centro de referencia, además de denunciar una escasez crónica de especialistas y refuerzos insuficientes. Desde el Ministerio de Sanidad se sostiene la versión contraria: mantiene que «no hay colapso» y que se garantiza la atención ordinaria a la población ceutí, si bien no ha detallado públicamente los refuerzos de personal enviados a la ciudad ni su calendario de incorporación.
Al margen del ámbito sanitario, la llegada masiva ha alimentado un mercado de alquiler informal de habitaciones, garajes y viviendas completas, con precios que oscilarían entre 35 euros diarios por habitación, hasta 900 euros mensuales por un garaje compartido y de 2.400 a 3.000 euros por casas enteras, según denuncia El Faro de Ceuta, que documenta también cobros de 50 o 100 euros por noche. La Policía Nacional ha iniciado la operación Senen para desmantelar estos alojamientos irregulares, que ya se ha saldado con una primera condena judicial por alojar a inmigrantes en un garaje, en aplicación del Código Penal y de la normativa sobre habitabilidad.
Vecinos de barrios como el Príncipe, el Recinto, Loma Colmenar o Canalejas han trasladado su preocupación por el cambio repentino en la fisonomía de sus comunidades, con denuncias de ocupaciones, ruido y falta de salubridad. La Ciudad Autónoma ha advertido de que rescindirá los contratos de vivienda pública a los inquilinos que subarrienden de forma ilegal a personas migrantes, según El Faro de Ceuta, una medida amparada en la normativa de vivienda protegida vigente en el territorio.
El episodio también ha dejado un aumento de denuncias por agresiones sexuales, muchas de ellas producidas entre los propios migrantes, además de robos, hurtos y altercados en la vía pública, junto a denuncias de explotación laboral en obras ilegales a cambio del alojamiento. La Fiscalía y los juzgados de Ceuta son los órganos competentes para instruir estas causas, cuyo volumen y resolución aún no han sido cuantificados de forma oficial.
El sistema de protección de menores no acompañados, que ya venía funcionando al límite en años anteriores, habría quedado saturado por la llegada de varios miles de menores marroquíes, según estimaciones de fuentes locales. La atención a estos menores corresponde a las comunidades y ciudades autónomas en virtud de la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor, un marco que en Ceuta ha generado fricciones recurrentes con el Gobierno central sobre el reparto de competencias y financiación desde la crisis de 2021.
La distribución de miles de raciones diarias de comida a personas sin alojamiento formal, muchas de las cuales duermen en zonas verdes, montes o azoteas, se ha convertido en una de las imágenes más visibles de estas semanas. Servicios municipales de emergencia social y organizaciones humanitarias participan en el reparto, aunque no se ha hecho pública una cifra oficial de raciones ni del coste asumido por las arcas autonómicas.
El Gobierno central mantiene la posición de que la situación se encuentra bajo control y que los flujos migratorios han remitido de forma sustancial desde los primeros días de agosto. Fuentes del Ejecutivo autonómico ceutí han reclamado mayor implicación del Gobierno de España y de la Unión Europea en la gestión de la frontera, así como una revisión de los acuerdos migratorios con Marruecos, país con el que España mantiene una relación bilateral marcada por episodios de tensión y distensión desde la crisis diplomática de 2021.
A partir de ahora, la atención se centrará en el desarrollo de la operación policial contra los pisos patera, en la evolución de las asistencias sanitarias durante el otoño y en si el Ministerio de Sanidad decide reforzar con personal adicional el Hospital Universitario de Ceuta. También quedará por ver si el Gobierno central ofrece datos desagregados y verificables sobre el número real de personas migrantes que permanecen en la ciudad, una cifra que hasta ahora ha dependido casi exclusivamente de estimaciones no oficiales.

