El hallazgo procede del análisis genómico completo de 38 animales, entre ellos 26 ejemplares de gatos tigre sudamericanos, ocho de cuyos genomas se conservaban en colecciones de museos. El trabajo arrancó hace casi cinco años, impulsado por Paola Nogales y Enzo Aliaga-Rossel, investigadores de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en Bolivia, que después sumaron sus datos a los de un equipo internacional para comparar la información genética con la de otros pequeños felinos latinoamericanos.
El tilcayo mide entre 43 y 50 centímetros de cabeza y cuerpo, con una cola de entre 25 y 27 centímetros. Su pelaje presenta rosetas grandes e irregulares, de tonos que van del marrón oscuro al negro, en su mayoría abiertas o parcialmente cerradas, sobre un fondo marrón claro a beige. Los investigadores aún desconocen hasta dónde se extiende su distribución geográfica ni cuántos ejemplares sobreviven en estado silvestre.
«La genética nos muestra que el linaje del tilcayo se separó de los otros gatos tigre hace 1,4 millones de años. Desde entonces siguió su propio camino evolutivo y hoy sabemos que se trata de una especie diferente», explica Paola Nogales, investigadora de la UMSA.
El mismo estudio ha identificado además una nueva subespecie de gato tigre en Perú, el antisuyo (Leopardus tigrinus antisuyo), llamada así en referencia al Antisuyo, una de las cuatro regiones del antiguo Imperio Inca que se extendía por la vertiente oriental de los Andes peruanos. Este felino, pequeño y robusto, presenta un color de fondo marrón amarillento homogéneo, cola delgada terminada en punta y manchas alargadas dispuestas en bandas oblicuas desde el hombro hasta la ingle.
Pese a habitar regiones próximas y pertenecer al mismo grupo taxonómico, el tilcayo y el antisuyo no son parientes cercanos: ocupan posiciones distintas en el árbol evolutivo de los felinos salvajes sudamericanos. El estudio concluye que lo que hasta ahora se consideraba una única especie de gato tigre está compuesto en realidad por cinco especies diferentes, una de ellas dividida a su vez en dos subespecies.
Eduardo Eizirik, coordinador del estudio y profesor de la Escuela de Ciencias de la Salud y de la Vida de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUCRS), en Brasil, enmarca el hallazgo en el fenómeno de las especies crípticas, animales de apariencia casi idéntica pero con trayectorias genéticas independientes. La confusión no es nueva en la taxonomía de los felinos americanos: el propio gato tigre, considerado durante décadas una sola especie, encierra ahora cinco taxones distintos.
«Esta similitud visual provocó que durante mucho tiempo se confundieran diferentes especies y se las clasificara como una sola», asegura Eduardo Eizirik, coordinador del estudio y profesor de la PUCRS.
La reclasificación tiene consecuencias directas para la conservación: cada especie o subespecie de gato tigre deberá evaluarse y protegerse como una unidad independiente, lo que obliga a revisar las estrategias de manejo vigentes hasta ahora. Entre las principales amenazas que afrontan estos felinos figuran la pérdida y fragmentación del hábitat, la caza, la transmisión de enfermedades por parte de animales domésticos y, en algunas poblaciones, la baja diversidad genética, un factor que limita su capacidad de adaptación frente al cambio climático.
Para Enzo Aliaga-Rossel, coautor boliviano del estudio, el descubrimiento del tilcayo trasciende lo estrictamente científico: «Una nueva especie para el mundo que presentamos desde Bolivia. Y con ello llega también la responsabilidad de conocerla mejor, protegerla y conservar los bosques que durante tanto tiempo han sido su hogar», afirma.

