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A la caza de un monstruo invisible: logran 'pesar' el agujero negro 'dormido' más lejano del Universo

La única forma de 'ver' un agujero negro en el espacio es que esté activo.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
2 min de lectura
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La única forma de 'ver' un agujero negro en el espacio es que esté activo.

Un equipo de astrónomos ha logrado determinar la masa de un agujero negro inactivo situado a mayor distancia del observado hasta ahora mediante esta técnica, según recoge la literatura científica especializada. El objeto, calificado como «dormido» porque no está acretando materia de su entorno y por tanto no genera emisión electromagnética detectable, representa un escalón metodológico significativo en astrofísica: hasta ahora, la caracterización de agujeros negros dependía casi en exclusiva de que el objeto se encontrara en fase activa, consumiendo gas y polvo y produciendo señales observables con los instrumentos convencionales.

La ceguera estructural del censo actual

Un agujero negro en reposo no emite luz propia ni absorbe material circundante de forma apreciable, lo que lo convierte en prácticamente invisible para los telescopios ópticos y de rayos X. Esta limitación ha sesgado históricamente el inventario de agujeros negros conocidos hacia los ejemplares más violentos y luminosos —núcleos galácticos activos y cuásares—, dejando sin catalogar una población potencialmente mayoritaria de objetos compactos sin actividad aparente. Los modelos estándar de formación de estructuras llevan décadas advirtiendo de que ese sesgo observacional distorsiona cualquier estimación sobre la abundancia real de estos objetos en el cosmos.

Pesar lo invisible: métodos y limitaciones técnicas

En astrofísica, «pesar» un agujero negro es un eufemismo: ningún instrumento mide su masa de forma directa. Los métodos habituales la infieren a partir de efectos gravitatorios sobre el entorno —velocidad orbital de estrellas o gas próximos, distorsiones del espacio-tiempo captadas como ondas gravitacionales, o el perfil de emisión del disco de acreción en los objetos activos—. Que esta inferencia se haya realizado sobre un objeto inactivo y especialmente lejano implica que los investigadores han empleado o refinado alguna de esas técnicas indirectas en condiciones de señal extremadamente débil. El material disponible no especifica el método concreto utilizado en este caso.

La dificultad técnica se multiplica con la distancia. En cosmología, distancia equivale a tiempo: observar un objeto más lejano significa observarlo en un estado más temprano de la historia del Universo. Que un agujero negro dormido pueda ser caracterizado a esa escala indica que la técnica empleada posee la sensibilidad suficiente para aplicarse a épocas cosmológicas anteriores, lo que abriría la posibilidad de estudiar cómo se formaron y evolucionaron estos objetos en el Universo joven, una cuestión aún sin respuesta satisfactoria en los modelos de formación de estructuras vigentes.

Precedente: de las ondas gravitacionales a Gaia

La detección sistemática de agujeros negros inactivos es reciente, aunque su existencia fue predicha teóricamente hace décadas. La colaboración LIGO-Virgo, que detectó las primeras ondas gravitacionales producidas en fusiones de objetos compactos en septiembre de 2015, amplió de forma sustancial el catálogo de agujeros negros conocidos, incluyendo ejemplares que jamás habrían sido identificados por métodos ópticos o de rayos X. Paralelamente, el telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea —cuyo tercer catálogo de datos, DR3, fue publicado en junio de 2022— permitió identificar agujeros negros inactivos en la Vía Láctea a partir de perturbaciones en el movimiento propio de estrellas compañeras. El objeto descrito en esta pieza representaría un escalón adicional en esa progresión, tanto en distancia como en dificultad técnica.

Lo que el hallazgo no resuelve

El avance tiene límites precisos que conviene no soslayar. Determinar la masa de un único objeto, por relevante que resulte desde el punto de vista metodológico, no modifica por sí solo los modelos cosmológicos vigentes ni resuelve preguntas abiertas como la abundancia real de agujeros negros de masa intermedia o el mecanismo exacto por el que los agujeros negros supermasivos alcanzaron sus masas actuales en tiempos cosmológicos relativamente breves. La comunidad científica sostiene que para que el método tenga impacto estadístico deberá aplicarse de forma sistemática a una muestra representativa de objetos, algo que depende directamente de la disponibilidad de tiempo de observación en los grandes observatorios actuales.

Ese requisito de escala no es menor. Los grandes observatorios terrestres e interferómetros de nueva generación —entre ellos el Extremely Large Telescope (ELT) de ESO, cuya entrada en operaciones está prevista a finales de esta década, y el sucesor del interferómetro gravitacional Einstein Telescope, en fase de planificación en Europa— serán determinantes para saber si la técnica puede aplicarse de forma rutinaria o queda limitada a casos excepcionales con geometría observacional favorable.

Marco normativo y acceso a los datos

La investigación astrofísica de este tipo se encuadra en el marco de acceso abierto a datos que rigen organismos como la ESA y la NASA, cuyos archivos públicos —entre ellos el Mikulski Archive for Space Telescopes (MAST) y el ESA Science Data Centre— permiten la verificación independiente de los resultados por parte de la comunidad investigadora. Los hallazgos que implican tiempo de observación en telescopios financiados con fondos públicos europeos están además sujetos a los principios de ciencia abierta establecidos por la Comisión Europea en el marco de Horizonte Europa, que obliga a la publicación en acceso abierto de los resultados derivados de proyectos financiados.

Perspectiva: el inventario que está por construir

El hallazgo se inscribe en una tendencia más amplia de la astrofísica contemporánea: ampliar el universo observable más allá de lo que emite radiación electromagnética. Las ondas gravitacionales, la microlente gravitatoria y el análisis astrométrico de alta precisión son las tres grandes palancas de esa expansión metodológica. Si la técnica empleada en este caso puede sistematizarse, el inventario de agujeros negros dormidos podría crecer de forma significativa en los próximos años, ofreciendo por primera vez una imagen estadísticamente robusta de cuántos de estos objetos pueblan el cosmos, en qué condiciones se formaron y qué papel desempeñaron en la evolución de las galaxias que los albergan. Los próximos catálogos de Gaia —el DR4 está previsto para 2026— y los primeros datos científicos del ELT marcarán si ese inventario empieza a tomar forma antes del final de la década.

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