El montaje se realizó en el Delta Flume de Deltares, en la localidad de Delft, un canal de pruebas hidráulicas capaz de generar olas de gran altura en condiciones controladas y empleado habitualmente para ensayar diques, rompeolas y otras defensas costeras. Trasladar un fragmento de marisma viva —con su vegetación, su estructura de raíces y su sedimento original— a ese entorno de laboratorio constituye, según el estudio, un procedimiento inédito hasta ahora en este campo.
Las marismas salinas son humedales costeros que quedan inundados de forma periódica por las mareas y albergan vegetación adaptada a la salinidad del agua. Su función como barrera natural frente a la erosión y las inundaciones se había defendido en numerosos trabajos previos, pero casi siempre a partir de modelos matemáticos, simulaciones por ordenador o mediciones de campo difíciles de controlar, nunca reproduciendo un oleaje de tormenta real sobre un fragmento de ecosistema intacto dentro de un laboratorio.
El Delta Flume permite generar series de oleaje que imitan el comportamiento de una tormenta de principio a fin, con olas de distinta altura y energía sucediéndose en el tiempo. Al introducir el bloque de marisma en ese entorno, los investigadores registraron con instrumentos de precisión cómo se disipa la energía del oleaje al atravesar la vegetación y el sedimento, algo mucho más complicado de medir con el mismo detalle en una marisma real expuesta a la variabilidad del mar abierto.
Países Bajos, con buena parte de su territorio situado por debajo del nivel del mar, mantiene desde hace décadas una política activa de gestión de riesgo costero que combina infraestructuras tradicionales, como diques y esclusas, con soluciones basadas en la naturaleza. La memoria de la gran inundación de 1953, que anegó el suroeste del país y causó más de 1.800 muertos, impulsó el Plan Delta, uno de los mayores sistemas de defensa costera del mundo. En ese marco se inscribe este experimento, que aporta evidencia cuantitativa sobre hasta qué punto conservar o restaurar marismas puede reducir la necesidad de obra civil adicional para proteger poblaciones y cultivos situados tras la línea de costa.
El trabajo, firmado por equipos de varias universidades y centros de investigación neerlandeses, se suma a una línea de estudios sobre soluciones basadas en la naturaleza frente al cambio climático, en la que también se enmarcan investigaciones recientes como la que analiza cómo planear puede costar menos energía que nadar, publicada igualmente en una revista científica de referencia.
La implicación práctica apunta a los programas de restauración de marismas que varios países europeos han puesto en marcha como alternativa, o complemento, a los diques convencionales. Disponer de datos obtenidos en condiciones de tormenta controlada y repetible aporta un argumento técnico a quienes defienden invertir en la conservación de estos hábitats como medida de protección costera frente a la subida del nivel del mar y el aumento de la frecuencia de temporales severos.