El escudo, fabricado con un material ablativo llamado Avcoat, está diseñado para quemarse y desgastarse de forma controlada mientras absorbe el calor extremo de la reentrada. Durante el regreso de Artemis II, la cápsula alcanzó una velocidad máxima de 39 veces la del sonido y soportó en el exterior más de 4.000 °F, unos 2.200 °C, mientras la cabina se mantenía en torno a los 24 grados.
Tras el regreso sin tripulación de Artemis I en diciembre de 2022, los técnicos encontraron desprendimientos irregulares de material carbonizado en numerosos puntos del escudo. La NASA explicó en diciembre de 2024 que el Avcoat, al carecer de permeabilidad suficiente, atrapaba los gases generados por el calor en su interior; la presión acumulada agrietaba la capa exterior y provocaba desprendimientos desiguales, un fenómeno más marcado durante la llamada reentrada con rebote, una maniobra en la que la cápsula sale brevemente de la atmósfera antes de volver a entrar para frenar.
Para Artemis II, la agencia optó por una solución operativa antes que material: mantuvo el escudo ya fabricado y modificó la trayectoria de vuelta, acortando la distancia máxima entre la entrada en la atmósfera y el amerizaje para reducir el tiempo que la nave pasaba en el rango de temperaturas que había causado el fallo anterior. Un equipo encabezado por Joseph C. Ferguson, del Centro de Investigación Ames de la NASA, junto a otros 28 autores, detalló la maniobra en un trabajo presentado en septiembre en el 16.º Ablation Workshop celebrado en Las Cruces, Nuevo México: Artemis II voló sin la reentrada con rebote precisamente para minimizar las condiciones que provocan grietas.
«Funcionó como se esperaba», señaló la NASA en la nota publicada el 15 de octubre sobre el comportamiento del escudo térmico de Orion durante Artemis II.
Precisión en el amerizaje frente a San Diego
Orion entró en la atmósfera a solo 192 pies, unos 58 metros, del punto previsto y amerizó a 0,59 millas, unos 950 metros, del lugar calculado, tras recorrer más de 1,1 millones de kilómetros alrededor de la Luna. Los buzos de la Armada estadounidense que se sumergieron bajo la cápsula fotografiaron un escudo con una reducción visible de grietas respecto a Artemis I, confirmada después en los exámenes del Centro Espacial Kennedy y, desde agosto, en el Centro Marshall de Huntsville, donde los técnicos extraen muestras y realizan radiografías internas del material.
La revisión posterior al vuelo concluyó que el comportamiento aerodinámico y térmico de la cápsula estuvo «en línea con las predicciones de ingeniería», según la agencia. La cubierta trasera, compuesta por 1.300 losetas cerámicas, no mostró signos de sobrecalentamiento en ventanas, conductos de ventilación, propulsores ni escotilla lateral; el tono anaranjado visible entre los bloques del escudo se debe a la silicona de las juntas, que contiene óxido de hierro y se torna rojiza tras la reentrada.
El análisis no está cerrado del todo: la agencia ha realizado escaneos láser de la superficie para compararlos con las medidas previas al vuelo y calcular cuánto material se perdió exactamente, una cifra que todavía no ha hecho pública, y tampoco ha detallado el tamaño de las nueve zonas dañadas, que describe solo como «de distintos tamaños».
Para la siguiente misión, la NASA ha modificado el propio material del escudo en lugar de limitarse a ajustar la trayectoria. Los nuevos bloques de Avcoat se fabrican buscando una permeabilidad constante que permita a los gases internos escapar sin agrietar la superficie, según el resumen de Ferguson y sus coautores, que prevén una reducción sustancial de la presión acumulada durante la reentrada. El escudo de Artemis III quedó instalado en el Centro Espacial Kennedy a principios de julio, y los módulos de tripulación y servicio de Orion se unieron a finales de ese mes.
La misión, prevista para el año que viene, no llegará a la Luna: permanecerá en órbita baja para ensayar el acoplamiento con módulos de aterrizaje de prueba de Blue Origin y SpaceX, antes de que Artemis IV intente alcanzar el polo sur lunar en 2028. Viajarán los astronautas de la NASA Randy Bresnik, Frank Rubio y Andre Douglas, junto al italiano Luca Parmitano, de la Agencia Espacial Europea, primer astronauta de la ESA con plaza en una misión Artemis. El esfuerzo convive con otras líneas de investigación espacial y farmacológica de la agencia, como la que llevó a una IA a cribar 6.747 fármacos.
«Es una misión de ensueño para un piloto de pruebas», afirmó Luca Parmitano, astronauta de la Agencia Espacial Europea, en una nota de la ESA sobre su participación en Artemis III.


