«Los americanos descubrieron entonces Europa. A partir de ese momento hubo un flujo colosal de personas, pero también de mercancías y cultura, desde el Nuevo Mundo hacia el Viejo», afirma Mira, que ha investigado durante más de tres décadas los «puentes que se tendieron» entre ambos continentes. El autor se declara a una distancia prudencial tanto de los «negrolegendarios» como de los «rosalegendarios»: «Me debo a la Historia. España se defiende sola, con los hechos, no le hacen falta maniqueísmos».
Mira reconoce que, en los primeros años tras 1492, la Corona prolongó la práctica medieval de venta de esclavos que ya existía con África y las Islas Canarias, extendida entonces a los nativos americanos. «Desde la misma génesis del Descubrimiento se trajeron indígenas aprovechando el vacío legal», explica el historiador, que atribuye ese periodo a una laguna normativa más que a una política deliberada.
Lo que distingue a España, según su tesis, es la rapidez con la que reaccionó. Mira sostiene que la supresión parcial de la esclavitud indígena llegó en 1500, apenas ocho años después de la llegada a América, y la abolición total en 1542 con las Leyes Nuevas impulsadas por Carlos V, que además reconocieron derechos a los indígenas para que vivieran en mejores condiciones.
«España fue el primer país del mundo en abolir la esclavitud indígena», sentencia Mira, que contrasta ese cronograma con el de otras potencias coloniales. «Otras naciones como Portugal no siguieron este camino hasta el siglo XVIII. Y Gran Bretaña ni siquiera lo hizo; fueron los Estados Unidos tras la Guerra de Secesión los que acabaron con ella», añade.
El especialista reivindica también el papel de fray Bartolomé de las Casas, figura señalada en los últimos años por su responsabilidad en la difusión de la Leyenda Negra a través de 'La Brevísima relación de la destrucción de las Indias'. Mira matiza esa lectura y subraya su contribución, junto a la Escuela de Salamanca, a la construcción del marco jurídico que amparó a los indígenas.
«Tanto él como el humanismo de la Escuela de Salamanca fueron claves. Personajes como Francisco de Vitoria o Melchor de Covarrubias ejercieron una presión muy importante en la Corona para que se generara un cuerpo legal pionero en todo el mundo», sostiene Esteban Mira Caballos, doctor en Historia de América por la Universidad de Sevilla.
Más allá del debate sobre la esclavitud, el grueso de la investigación de Mira se centra en el tránsito de personas y mercancías desde América hacia España, un fenómeno que considera minimizado. Miles de nobles indígenas se pasearon por la península, muchos para medrar en la corte alegando haber colaborado con Pizarro o Cortés; otros, según el historiador, llegaban como espías para tantear la posibilidad de una rebelión contra el Imperio. Cita también el caso de Juan Garcés, un indígena que en 1527 cruzó el océano para pedir audiencia real y denunciar el exceso de trabajo impuesto por su encomendero.
«Se volvió con una carta que ordenaba que le tratasen bien. Era un privilegio que, muchas veces, no tenía el españolito de a pie. El rey recibía a los indígenas, les pensionaba y les pagaba el viaje de vuelta», relata Esteban Mira Caballos, historiador y autor de 'El descubrimiento de Europa'.
El historiador menciona además casos de mujeres indígenas, mestizas y criollas que se instalaron en la península con un papel social que contrasta con el de las españolas de la época, como Francisca Pizarro, hija del conquistador Francisco Pizarro, que tras enviudar volvió a casarse en España con un noble quince años menor. Mira concluye que ese mestizaje dejó una huella que perdura: «La genética americana se ha quedado incrustada. Llegaron muchos nativos, y otros tantos se quedaron. Hoy contamos con miles de descendientes de Moctezuma y Atahualpa».
