El terreno cedió en un sector que las autoridades ambientales y municipales ya tenían identificado como vulnerable. La zona de Girasoles hace parte de un corredor montañoso de la comuna 1 donde la geología ha sido motivo de preocupación institucional desde hace más de un año, luego de que un episodio similar, pero de mayores proporciones, causara víctimas en 2025.
Según la alcaldía de Bello, además de las dos viviendas colapsadas, otras seis casas contiguas al lugar del evento están siendo evaluadas por un equipo técnico municipal. El objetivo de esa valoración, señaló la administración, es descartar que presenten condiciones de riesgo asociadas al movimiento en masa y, de ser el caso, definir las medidas preventivas correspondientes para salvaguardar la integridad de sus habitantes.
El paralelismo con la tragedia del 24 de junio de 2025 es directo. Aquel día, un movimiento en masa afectó la vereda Granizal, en Bello, y el barrio Santo Domingo, en Medellín, y dejó víctimas y graves daños materiales. Ese episodio marcó un punto de inflexión en la manera como las autoridades del área metropolitana abordan el riesgo geológico en esta franja de la cordillera.
Un estudio de $4.200 millones sobre la dunita
A raíz de esa tragedia, la Gobernación de Antioquia, el distrito de Medellín, la alcaldía de Bello y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá pusieron en marcha, desde abril de 2026, un estudio técnico orientado a reducir el riesgo de movimientos en masa en las zonas más vulnerables de la subregión. La investigación se concentra en la dunita, una formación geológica presente en buena parte de estas laderas que puede perder estabilidad al entrar en contacto con el agua.
El estudio, cuya ejecución técnica está a cargo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia, cuenta con una inversión conjunta de las entidades participantes superior a $4.200 millones. Hasta la fecha, el avance del proyecto alcanza el 25 %, según los reportes disponibles, lo que sitúa aún lejos en el tiempo la formulación de las obras definitivas de estabilización planteadas como resultado final de la investigación.
El trabajo de campo incluye análisis geológicos, geotécnicos, geofísicos, hidrogeológicos y geomorfológicos, disciplinas que en conjunto buscan establecer con precisión qué factores incrementan la probabilidad de que las laderas colapsen durante las temporadas de lluvias intensas que atraviesa el área metropolitana.
La recurrencia de estos episodios pone en el centro del debate la capacidad de respuesta y prevención de los municipios que integran el Valle de Aburrá, una región densamente poblada donde la expansión urbana ha ocupado históricamente laderas de alta pendiente con condiciones geotécnicas frágiles. Esa exposición al riesgo se agrava en los periodos de mayor precipitación, que en el país suelen concentrarse entre abril y mayo, y de nuevo entre septiembre y noviembre.
Marco de gestión del riesgo y familias a la espera
La respuesta a este tipo de emergencias se rige por la Ley 1523 de 2012, que estructura el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres y asigna a los municipios la responsabilidad de conocer, reducir y manejar el riesgo en su territorio, incluida la evaluación de viviendas afectadas y la eventual reubicación de familias en zonas no mitigables. Bajo ese marco actúan la secretaría municipal y el Cuerpo de Bomberos que atienden la emergencia de La Maruchenga.
Mientras avanza la evaluación técnica de las seis viviendas contiguas, las nueve familias afectadas por el deslizamiento permanecen a la espera de una definición sobre su situación habitacional. Hasta el momento la administración no ha precisado si dispuso albergues temporales o ayuda humanitaria inmediata para los núcleos desplazados por la emergencia.
La emergencia de este fin de semana reabre la discusión sobre la coordinación interinstitucional en la gestión del riesgo en el Valle de Aburrá, un asunto que ya había sido materia de control político en los concejos de Bello y Medellín tras el episodio de Granizal y Santo Domingo del año pasado. El caso se suma a una serie de eventos que en los últimos años han afectado a distintos municipios de la subregión durante las temporadas de lluvias.
De cara a los próximos meses, el desenlace dependerá de los resultados que arroje la evaluación técnica de las viviendas contiguas al deslizamiento y del ritmo con que avance el estudio geológico regional sobre la dunita, cuyo cronograma completo no ha sido precisado públicamente por las entidades participantes. Hasta que ese trabajo concluya, la incertidumbre sobre la estabilidad de otras laderas de la comuna 1 de Bello seguirá pesando sobre las comunidades que las habitan.
