La zona de aguas cálidas del océano Pacífico mostró una expansión significativa, con la aparición de un segundo brazo de agua cálida, según la misma actualización de la NOAA. Esa expansión del área afectada es uno de los indicadores que los especialistas emplean para medir la magnitud del fenómeno, conocido coloquialmente como "Súper Niño" cuando alcanza sus magnitudes más intensas.
El Niño es la fase cálida de un ciclo climático natural que se origina en el Pacífico tropical y altera la circulación atmosférica a escala global. Su intensificación suele traducirse en cambios en los patrones de lluvia: mientras algunas regiones podrían enfrentar sequías prolongadas, otras recibirían precipitaciones intensas y fuera de temporada, según advirtió la agencia estadounidense.
Para El Salvador, un episodio prolongado reviste atención porque el país ha enfrentado ciclos de variabilidad climática asociados tanto a sequías como a lluvias extremas, con impacto directo sobre la producción de granos básicos y el abastecimiento de agua. El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) es la entidad encargada de monitorear estos fenómenos y emitir las alertas correspondientes a la población.
Las anomalías de temperatura detectadas por la NOAA en el Pacífico ecuatorial oriental, superiores a los 4°C en algunas zonas, figuran entre las magnitudes más altas que la agencia asocia a un episodio de El Niño de categoría muy fuerte. De confirmarse en próximas actualizaciones, situarían al fenómeno actual entre los más intensos documentados en las últimas décadas.
El comportamiento de El Niño tiene repercusiones directas en la agricultura salvadoreña, particularmente en los cultivos de maíz y frijol, que dependen del régimen de lluvias de mayo a octubre. El episodio de 2015-2016, uno de los más fuertes registrados, coincidió con una severa sequía en el Corredor Seco centroamericano que afectó las cosechas de granos básicos en Centroamérica y motivó recomendaciones oficiales sobre calendarios de siembra.
La proyección de la NOAA, que estima la persistencia del fenómeno en categoría fuerte o muy fuerte con posibilidad de prolongarse hasta inicios de 2027, implica un periodo de monitoreo extendido para los servicios meteorológicos de la región centroamericana, que deberán ajustar sus pronósticos estacionales de lluvia conforme avance el episodio.
El calentamiento anormal del Pacífico puede alterar los patrones atmosféricos y provocar cambios importantes en las lluvias y temperaturas, aumentando el riesgo de sequías en algunas regiones y de precipitaciones intensas en otras, según la última actualización de la agencia estadounidense.

