Por ese paso fronterizo circulan cerca de 1.5 millones de vehículos al año, según cifras ofrecidas por el propio mandatario durante la presentación de la obra. La zona alberga a unas 43 mil personas, cuyo beneficio directo destacó Bukele, además de los salvadoreños y guatemaltecos que usan la ruta para transportar productos esenciales, incluidos alimentos provenientes de Guatemala. La infraestructura se convierte, con sus 420 metros, en el segundo puente más largo del país.
El mandatario detalló las características de ingeniería de la estructura: no cuenta con pilotes y fue diseñada con condiciones antisísmicas, rasgos que destacó para una región sísmica y fluvial como la frontera occidental. Pero buena parte de su exposición giró en torno al calendario. Bukele situó la primera piedra en su propio gobierno y recordó que el acuerdo de 2010 —firmado durante la administración de Mauricio Funes— no se concretó durante las administraciones anteriores, que incluyen la de Salvador Sánchez Cerén.
El puente lleva el nombre de Manuel José Arce, primer jefe de Estado de la República Federal de Centroamérica y uno de los próceres de la independencia centroamericana. La práctica de bautizar obra pública con nombre de prócer tiene en El Salvador una larga tradición de actos solemnes, un recurso de comunicación política tanto como un homenaje histórico.
«Nadie puede ver este puente y decir que no es un puente de primera, como se lo merecen los salvadoreños», puntualizó el mandatario.
La cronología expuesta convierte la obra en argumento frente a los gobiernos previos. El proyecto estuvo pactado desde 2010 y permaneció sin ejecutarse durante más de una década, pese a que, según el mandatario, tras asumir el Gobierno se colocó la primera piedra y ahora la construcción cumple el compromiso de mejorar la infraestructura fronteriza.
La demora de dieciséis años entre el acuerdo bilateral y la construcción no es un detalle menor para un país cuya economía depende en buena medida del comercio con Guatemala. El trabajo Economía crece pero pobreza y pensiones no ceden, advierten dos periodistas ya apuntaba que el crecimiento macroeconómico salvadoreño convive con rezagos estructurales que una obra nueva no resuelve por sí sola, por bien diseñada que esté.
La puesta en funcionamiento del puente busca agilizar el tránsito fronterizo, facilitar el traslado de productos y fortalecer las relaciones comerciales entre ambos países. El acuerdo de 2010 tardó dieciséis años en pasar del papel al asfalto; la obra, según expresó Bukele, ya está en funcionamiento sobre el río Paz.

