El análisis atribuye el salto operativo a un "cambio cualitativo en la doctrina operativa" de la estructura Gaitanista de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional y las facciones disidentes de las antiguas Farc. El texto menciona además alianzas con el Primer Comando de la Capital de Brasil, el Tren de Aragua y cárteles mexicanos para ampliar ganancias y evadir los controles de las autoridades en distintos países.
Los rastreos de inteligencia se habrían concentrado en España, Portugal, Países Bajos, Bélgica, Francia, Alemania, Rumania, Croacia, Eslovaquia y Bulgaria, de acuerdo con el documento. Investigadores judiciales de varias naciones intentarían establecer cuántos integrantes de las organizaciones armadas colombianas operan en cada territorio y bajo qué estructuras de fachada, al cruzar información con agencias de inteligencia de otros países.
El informe describe una cadena que comienza en centros de producción y laboratorios clandestinos en Colombia, continúa por corredores marítimos con puntos de tránsito en Ecuador, Brasil y África Occidental, y culmina en puertos estratégicos europeos. El cambio frente al pasado, según el texto, es la participación directa de las estructuras colombianas en el último eslabón del negocio.
"A diferencia del modelo histórico, donde el insumo se vendía en alta mar o a intermediarios, como la Ndrangheta o la mafia albanesa, las estructuras de Colombia participan activamente en las fases de recepción y distribución mayorista en suelo europeo", se lee en el documento de inteligencia.
Una fuente que sigue el rastro a estas estructuras dentro y fuera del país fue tajante sobre el periodo reciente de la política de seguridad.
"En estos cuatro años que pasaron, Colombia estuvo amarrada de manos y pies con el tema del cruce de información porque no hubo, básicamente, una voluntad política para dar esos duros golpes. Es como si hubiéramos dado una licencia para que crecieran en su expansión económica internacional. Eso no es un secreto para las agencias de inteligencia del Estado colombiano. Ahora es que estamos reactivando la cooperación en firme", precisó la fuente consultada.
El documento advierte que estas organizaciones buscarían adquirir en el extranjero armamento sofisticado, explosivos y drones militarizados para emplearlos contra la Fuerza Pública que las combate en territorio colombiano. El propósito, según el análisis, no se limitaría al tránsito de droga, sino a controlar redes de distribución y consolidar contactos con mafias internacionales ya asentadas en el continente europeo.
La proyección de estos grupos hacia Europa no es nueva: desde la desmovilización de las autodefensas en 2006 y la firma del acuerdo de paz con las Farc en 2016, las rutas de la cocaína colombiana han incorporado el corredor atlántico hacia los puertos de Amberes y Rotterdam, los de mayor incautación de droga del continente. El informe vincula ahora esa presencia con el aumento de los cultivos ilícitos, que habría llevado a "cifras récord globales de producción de cocaína" y presionado la apertura de nuevas rutas por África Occidental y los Balcanes.
Una segunda fuente, que pidió reserva de identidad, planteó una dimensión tecnológica del fenómeno: "Lo que se cree es que las herramientas de inteligencia artificial han sido implementadas para el crimen organizado y el narcotráfico en Colombia y Europa. Es por eso que el reto va más allá de una guerra militar, sino que ahora se ha transformado con la tecnología". El informe atribuye a estas estructuras "décadas de doctrina militar asimétrica, contrainteligencia, encriptación de comunicaciones de grado militar y compartimentación estricta de células reducidas", capacidades que dificultarían su detección por parte de las autoridades europeas.