La fusión de Colombia Telecomunicaciones (Coltel) y Tigo UNE da paso a una sola marca, Tigo, que contempla una inversión de $8,5 billones en los próximos cuatro años. Esa cifra se suma a los $4,5 billones que Millicom ya había desembolsado por la participación de EPM en Tigo UNE y por las de Movistar y la Nación en Coltel, en una de las mayores transacciones del sector en el país.
La operación no es la única que redibuja el mapa de las telecomunicaciones. Comcel, matriz de Claro, busca adquirir a Azteca Comunicaciones, compañía con dificultades financieras pero dueña de un activo estratégico: 32.000 kilómetros de fibra óptica con presencia en 893 municipios que, según la CRC, soporta los servicios de más de 250 pequeños proveedores de internet.
La creciente concentración ha encendido alarmas en el Legislativo. Avanza allí una propuesta de debate de control político al Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), a la CRC y a la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) por el predominio de Claro y la nueva Tigo, así como por los riesgos de una eventual integración de Comcel con la infraestructura de Azteca.
Blanco defiende el modelo de dos grandes
Carlos Blanco, presidente de Tigo Colombia, defendió el modelo resultante apelando a los condicionamientos impuestos por el regulador a la transacción.
"El escenario que se configura en Colombia no es distinto al que se está viendo en la mayoría de los países: una industria consolidada con dos jugadores principales, pero también con operadores periféricos. La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), en los condicionamientos de la transacción, se encargó de que los jugadores más pequeños, los operadores móviles virtuales y quienes utilizan nuestras redes para hacer roaming nacional tengan condiciones favorables", señaló Carlos Blanco, presidente de Tigo Colombia.
Ante la posibilidad de que el país quede frente a un duopolio, Blanco citó el precedente de Guatemala, donde Tigo era el operador grande y tuvo que seguir invirtiendo cuando Claro entró al comprar los activos de Telefónica en ese mercado.
"Ahora al operador que estaba solo en un sitio le va a llegar un competidor. ¿Qué hace? Mejora su red. Eso nos pasó en Guatemala. Éramos el operador grande y Claro compró a Telefónica. Claro empezó a instalar red y nosotros tuvimos que seguir invirtiendo. Nadie piensa que ahora la vida será más fácil porque quedamos dos empresas", afirmó Blanco.
Felipe Díaz, director ejecutivo de la CRC, reconoció que la integración produjo "un mercado más concentrado", aunque remarcó su potencial para generar eficiencias que beneficien a los usuarios, impulsar inversiones y sostener los precios bajos que, según indicó, ha registrado Colombia en los últimos años. El funcionario anunció que la entidad hará el próximo año una medición de "rivalidad efectiva" desde la demanda y la oferta, con nuevas medidas para evitar que, en sus palabras, "los usuarios sigan secuestrados y retenidos".
Juristas discrepan sobre si hay duopolio
Jorge de los Ríos, socio de la firma Posse Herrera Ruiz, sostuvo que la integración fortalece la competencia frente al escenario previo, en el que Claro operaba casi sin contrapeso, y advirtió que de no haberse dado, el mercado habría conservado un líder casi absoluto. Lorenzo Villegas-Carrasquilla, socio de Serrano Martínez CMA, matizó que en sentido estricto no hay duopolio porque siguen existiendo cuatro operadores con red propia y varios operadores móviles virtuales (OMV), aunque admitió que "ninguno de los demás parecería tener escala para alterar las decisiones de los dos primeros". El abogado recordó, además, que desde 2023 Tigo y Movistar ya compartían red de acceso, de modo que la rivalidad entre ambos venía atenuada.
Díaz puso como referencia los casos de México y Reino Unido, donde los OMV ejercen presión competitiva sobre los operadores dominantes, y apuntó un dato que, a su juicio, anticipa esa dinámica en Colombia: un incremento de 50.000 usuarios para WOM en el trimestre reciente. El reacomodo del sector se da en un año de intensa actividad cultural y de consumo digital en el país, desde los grandes conciertos como el de Iron Maiden en Bogotá hasta las plataformas que dependen de estas redes.
