Menéndez llegó al entorno musical de Shakira para la grabación de MTV Unplugged, el disco acústico que marcó un punto de quiebre en la trayectoria de la cantante a finales de los años noventa. Antes de ese encuentro, el pianista ya acumulaba colaboraciones con María Conchita Alonso, Jon Secada, Janet Jackson, Alejandro Sanz y Simply Red, un recorrido que lo llevó de la escena musical de Miami a integrar el equipo de una de las figuras más influyentes de la música latinoamericana.
Sobre el primer encuentro con la artista, Menéndez no describió una predicción de éxito sino una impresión inmediata que marcó el inicio de una relación profesional de más de dos décadas.
"Si yo cerrara los ojos, el momento en que me di cuenta de que Shakira era algo especial fue, la verdad, la primera vez que la conocí. Me llevaron a Miami a grabar con una artista que se llamaba Shakira; no la conocía. En ese momento, cuando la conocí, ya te habías dado cuenta de que esta era una mujer especial, una energía especial", relató Albert Menéndez, pianista de Shakira.
El músico también se refirió a la capacidad de la cantante para moverse entre géneros —tango, rock, pop, electrónica— sin perder su identidad artística, una característica que, según su relato, exige de los instrumentistas una adaptación constante en cada producción.
"Siempre ha sido la misma barranquillera, la misma artista, la misma persona que se reinventa, que no se queda quieta. Es impresionante su deseo y su necesidad de expresarse en tantas formas (.) Es como un camaleón, que cambia de colores, pero sigue siendo ella", afirmó Menéndez.
El vuelo de tres continentes en 48 horas
Menéndez relató un episodio ocurrido a comienzos de la década de 2000, cuando la agenda promocional de un disco los llevó a cruzar tres continentes en menos de 48 horas: un concierto en Nueva York, un programa de televisión en Londres —según su recuerdo, Top of the Pops— y un show adicional en Marruecos. El pianista presentó el episodio como ejemplo de la exigencia física y profesional que acompaña una carrera de ese nivel, en la que la imagen final del escenario oculta ensayos, desplazamientos y ajustes de logística.
Menéndez definió además su propio papel sobre la tarima como un ejercicio de discreción. "Creo que eso es lo que mejor hago: hacer mi trabajo y salir del camino", dijo el músico, que reside en Madrid. "Yo trato de tocar lo menos posible, aportar simplemente lo necesario, ni más ni menos". De esa misma ética deriva la frase con la que resumió la carrera de la cantante: la suerte no sustituye el esfuerzo.
El testimonio del pianista llegó después de que Shakira cerrara su residencia de conciertos en España. Fueron 13 presentaciones con más de 700.000 asistentes y una derrama económica cercana a los 200 millones de euros para la capital española, cifras que, según SEMANA, superaron el paso de Bad Bunny por Madrid. El espectáculo tuvo invitados como Laura Pausini, Alejandro Sanz, Maluma, Dua Lipa y el colectivo Ghetto Kids, un despliegue en la línea de los grandes conciertos acústicos que han pasado por Bogotá, como el quinto concierto de Iron Maiden en Colombia.
Para Menéndez, esa continuidad de más de 25 años responde a la disposición de trabajo de la cantante más que a su exposición mediática. "Ella es muy profesional. Y con esa energía uno aprende a trabajar", sostuvo el pianista, antes de rematar: "Pero ella no solamente tiene suerte: también la trabaja mucho".
