El presidente ha optado por personalizar la campaña como un juicio directo a su gestión, una estrategia que en ciclos anteriores ha tendido a penalizar al partido que ocupa la Casa Blanca. Los republicanos afrontan de hecho estas midterms con un lastre estadístico: el partido del presidente ha perdido de media 25 escaños en la Cámara baja en estas citas desde la Segunda Guerra Mundial, según el análisis recogido en la pieza sobre cómo los republicanos llegan con una ley histórica en contra.
Entre los bloques que buscan condicionar el resultado, el voto LGTBIQ+ aparece como uno de los más activos para frenar el avance republicano en distritos competidos. Las políticas impulsadas por la Administración Trump en materia de identidad de género, acceso a servicios sanitarios y protecciones antidiscriminación han espoleado la movilización de este colectivo, que en ciclos anteriores ha mostrado una participación superior a la media en estados con contiendas ajustadas.
Los 435 escaños de la Cámara de Representantes se renuevan en su totalidad cada dos años, un mecanismo constitucional que convierte cada midterm en un termómetro inmediato del humor político del país, sin el filtro del Colegio Electoral que rige las presidenciales. En el Senado, donde solo se renueva un tercio de los cien escaños por los mandatos escalonados de seis años, el mapa de estados en liza este ciclo incluye varios territorios tradicionalmente disputados entre ambos partidos.
El antecedente de 2018, primera midterm del primer mandato de Trump, marca la referencia: los demócratas recuperaron entonces el control de la Cámara impulsados por una movilización de votantes urbanos, mujeres y minorías. Aquel resultado dejó al presidente con un Congreso dividido durante la segunda mitad de su mandato, lo que limitó su capacidad legislativa y multiplicó las investigaciones parlamentarias contra su Administración.
La votación de este martes se produce en un contexto internacional tenso para Washington, con la mediación estadounidense en las negociaciones entre Rusia y Ucrania previstas en la ronda del 10 y 11 de noviembre en Abu Dabi, un asunto que forma parte del balance que los votantes hacen de la gestión presidencial en su conjunto.
El resultado determinará si Trump conserva mayorías favorables en ambas cámaras para el resto de su mandato o si, como en 2018, debe gobernar con un Congreso parcial o totalmente controlado por la oposición demócrata durante sus dos últimos años en el cargo.