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Editorial

El miércoles de las siete espadas: España afronta una jornada en la que cada hora trae una crisis nueva y ninguna institución parece capaz de responder a todas a la vez

Koldo, Sevilla, Ormuz, Kitchen, Begoña, Hondius y Telma: siete frentes simultáneos que desbordan la capacidad de cualquier gobierno, cualquier oposición y cualquier sociedad. Este editorial analiza cómo la acumulación de crisis no es casual sino estructural, y por qué la respuesta no puede ser parcial ni partidista. España necesita hoy lo que menos tiene: un momento de claridad colectiva.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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El miércoles de las siete espadas: España afronta una jornada en la que cada hora trae una crisis nueva y ninguna institución parece capaz de responder a todas a la vez
ILUSTRACIÓN DE EL HEMICICLO

Hay días que no caben en veinticuatro horas. Días en los que el calendario parece haberse plegado sobre sí mismo para concentrar en una sola jornada lo que en circunstancias normales se distribuiría a lo largo de semanas. Este miércoles 21 de mayo de 2026 es uno de esos días. Un día de siete espadas, como los que pintaban los naipes españoles antiguos cuando querían representar el exceso de fuerza que precede a la derrota.

La primera espada es la sentencia del caso Koldo, que no se leerá hoy pero que ya proyecta su sombra sobre cada conversación, cada decisión y cada cálculo político que se haga en las próximas veinticinco horas. Las 487 páginas de Marchena esperan en cinco despachos del Supremo como un veredicto que va mucho más allá de tres nombres propios. Lo que se juzga mañana a las diez de la mañana no es solo si Ábalos, Koldo y Aldama cometieron los delitos que se les imputan: es si la gestión de una pandemia que mató a más de cien mil españoles fue aprovechada por quienes debían protegernos para enriquecerse. La respuesta, según todas las fuentes, será afirmativa. Y esa respuesta cambiará para siempre la relación de los ciudadanos con el partido que gobernó durante la crisis sanitaria más grave de nuestra historia reciente.

La segunda espada es Sevilla. A las cinco de la tarde, en la sede del PSOE andaluz de la calle San Vicente, se decidirá si el congreso federal extraordinario se pone en marcha de manera irreversible. Cerdán y Lastra, los emisarios de un Ferraz que ya no controla el relato, han llegado al amanecer con la misión imposible de aplazar lo inaplazable. Montero ha distribuido su documento. Page ha sumado nuevas adhesiones. Y Espadas ha dejado claro con una frase lapidaria que la reunión se celebrará porque la base así lo exige. El PSOE está viviendo en público lo que durante décadas gestionó en privado: una crisis de liderazgo que ni la lealtad ni la disciplina pueden ya contener.

La tercera espada es Ormuz. A cinco mil kilómetros de Madrid, en una sala de hotel de Mascate, dos hombres que representan a las dos potencias más enfrentadas del planeta han pasado siete horas negociando un acuerdo que, si fracasa, podría llevar el precio del petróleo por encima de los cien dólares y sumir a Europa en una crisis energética que haría palidecer la de 2022. Los avances de la sesión nocturna son reales pero insuficientes. La exigencia iraní de retirar la cuarta fragata es una línea roja que Washington no está dispuesto a cruzar. Y mientras diplomáticos y militares juegan al ajedrez en el Golfo Pérsico, las gasolineras españolas preparan sus carteles para un precio que cada semana se acerca un poco más a los dos euros por litro.

La cuarta y quinta espadas son judiciales y se clavan en el mismo flanco: Kitchen y Begoña Gómez. Villarejo entra hoy en quirófano bajo custodia policial, un detalle que resume la singularidad de un país en el que un excomisario condenado puede operarse en una clínica privada pero necesita un policía en la puerta para asegurar que no se escapa. La Audiencia Provincial estudia si el juicio de Begoña Gómez se celebrará ante un jurado popular o ante un tribunal profesional, una decisión que parece técnica pero que tiene implicaciones políticas profundas: un jurado popular es un tribunal de ciudadanos, y los ciudadanos llevan meses leyendo titulares sobre la esposa del presidente.

La sexta espada es biológica. Catorce españoles duermen esta mañana en las habitaciones de presión negativa del hospital Gómez Ulla tras ser evacuados de un crucero en cuarentena. Tres tienen fiebre. La cepa Andes modificada del hantavirus ha demostrado capacidad de transmisión persona a persona. La OMS mantiene la alerta alta. Y en un puerto de Tenerife, un barco con casi trescientas personas a bordo permanece fondeado como un recordatorio de que las pandemias no necesitan continentes enteros para causar pánico: basta un crucero, una cepa y un sistema sanitario que ya estaba al límite antes de que el virus llegara.

La séptima espada cae del cielo. La borrasca Telma, con alerta roja en dos provincias y naranja en seis comunidades, demuestra que la crisis climática no espera a que terminemos de resolver las crisis políticas, judiciales, sanitarias y energéticas. Noventa litros por metro cuadrado en doce horas, rachas de ciento veinte kilómetros por hora, embalses al borde del desbordamiento. La meteorología no negocia, no aplaza, no convoca comités. Simplemente descarga. Y los servicios de emergencia que deberían estar concentrados en Telma están repartidos entre un crucero en Canarias, una evacuación en Madrid y una crisis política en Sevilla.

Lo que este editorial quiere subrayar no es la magnitud individual de cada crisis — eso ya lo hacen las noticias — sino la acumulación. La acumulación es lo que transforma siete problemas graves en una emergencia sistémica. Porque un gobierno puede gestionar una sentencia histórica, o una crisis de partido, o una negociación nuclear, o un juicio por corrupción, o un brote vírico, o una borrasca destructiva. Lo que ningún gobierno puede gestionar es todo eso a la vez. Y lo que ninguna sociedad puede procesar es una avalancha informativa en la que cada hora trae un titular más grave que el anterior, hasta que la capacidad de atención se satura y la indiferencia se convierte en la única defensa psicológica disponible.

La tentación, en un miércoles así, es buscar culpables. Culpar a Sánchez por la crisis del PSOE. Culpar a Trump por los aranceles. Culpar a Irán por el petróleo. Culpar a Peinado por el juicio de Begoña. Culpar a la naviera por el Hondius. Culpar a la AEMET por no prever Telma con más antelación. Pero la verdad es más incómoda que la culpa: lo que este miércoles revela no es el fracaso de un gobierno ni de una oposición, sino la fragilidad de un sistema institucional diseñado para funcionar en condiciones de normalidad que ya no existen. España no tiene protocolos para siete crisis simultáneas porque nadie los diseñó. Europa no tiene mecanismos para combinar una guerra arancelaria con un bloqueo naval porque nadie los imaginó. Y la democracia no tiene respuestas para un ciudadano que esta mañana abre el periódico y no sabe qué crisis le afecta más: la que puede subir su hipoteca, la que puede contagiar a sus hijos o la que puede cambiar el gobierno.

Este periódico no tiene soluciones mágicas para el miércoles de las siete espadas. Nadie las tiene. Pero sí tiene una convicción que queremos compartir con nuestros lectores: la salida no está en la polarización ni en el cinismo. No está en culpar al adversario ni en esperar que la tormenta pase sola. Está en la capacidad — que España ha demostrado en otras crisis, desde la Transición hasta la pandemia — de anteponer lo colectivo a lo partidista cuando las circunstancias lo exigen. Hoy las circunstancias lo exigen. Mañana, cuando Marchena lea la sentencia y Sevilla haya decidido el futuro del PSOE y Mascate haya avanzado o fracasado en Ormuz, sabremos si fuimos capaces de estar a la altura. O si dejamos que las siete espadas nos atravesaran sin oponer más resistencia que un tuit indignado.

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