Según narró Hernández, el hombre cumplió una detención en China y, tras salir de ese país en libertad, regresó a Colombia, donde fue capturado y trasladado a la Cárcel Distrital, ubicada en el centro de Bogotá. Durante los dos años que permaneció allí recuperó la libertad en 2022, es decir, hace cuatro años, según precisó la directora del establecimiento.
Fue en ese periodo cuando el interno se vinculó a uno de los talleres de resocialización del centro, específicamente al de la emisora interna, un espacio en el que las personas privadas de la libertad pueden grabar relatos y testimonios que después se transmiten en los distintos pabellones. Allí, según la capitana, el hombre optó por hablar de lo que había vivido en territorio chino.
«Este muchacho contó su historia, que fue una historia bien, bien fuerte», relató Hernández. Uno de los elementos que más marcó al interno, de acuerdo con su propio testimonio, fue la permanencia con grilletes tanto en las manos como en los pies durante buena parte de su reclusión en China. «Solamente lo soltaban para que se hiciera aseo y nuevamente lo apresaban», señaló la directora al reconstruir la narración.
La capitana también describió el impacto emocional que le generaba recordar esos episodios: aseguró que el interno lloró en repetidas ocasiones mientras reconstruía sus vivencias frente a los demás participantes del taller. «Lloró muchísimo cada vez que contaba y para él fue una catarsis muy fuerte, pero le ayudó muchísimo porque sacó todo eso», explicó.
Denuncias previas de connacionales recluidos en China
El testimonio recogido en la Cárcel Distrital coincide con denuncias formuladas años atrás por otros ciudadanos colombianos que han estado recluidos en centros penitenciarios chinos. En 2015, doce connacionales condenados a pena de muerte o a cadena perpetua en ese país enviaron cartas al Congreso de la República en las que denunciaron las condiciones de reclusión y solicitaron gestiones para regresar al país.
En esas comunicaciones, los reclusos colombianos plantearon cuestionamientos sobre la alimentación recibida, el trato de las autoridades penitenciarias, las dificultades para comunicarse con sus familias y las condiciones generales dentro de las celdas. Esos señalamientos, formulados ante el Legislativo hace más de una década, guardan puntos de coincidencia con lo narrado posteriormente por el hombre en el taller de la Cárcel Distrital.
La atención a connacionales privados de la libertad en el exterior recae en el Ministerio de Relaciones Exteriores a través de sus consulados, que ejercen el acompañamiento consular previsto por la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares. Ese mecanismo permite visitas, verificación de condiciones de reclusión y contacto con las familias, pero no faculta a las autoridades colombianas para intervenir en los procesos judiciales que se adelantan bajo la legislación del país donde ocurre la detención.
Entre los detalles que el hombre compartió con mayor insistencia durante el taller estuvo el relacionado con la alimentación recibida en la prisión china. Según la directora del establecimiento bogotano, el interno recordaba de forma reiterada el arroz que se le servía. «Era el arroz masacotudo que era lo que más contaba, el arroz, algas, cosas que obviamente no es común comer acá, casi crudas las cosas», relató Hernández.
Ese tipo de referencias a la comida coincide con otros testimonios de colombianos que han estado encarcelados en China y que, en años anteriores, señalaron dificultades para adaptarse a la dieta ofrecida en los centros de reclusión, además de cuestionar su calidad. El contraste, según el relato reconstruido por la capitana, fue notorio al llegar el hombre a la Cárcel Distrital, donde valoraba especialmente el trato y la alimentación recibidos.
«Acá nosotros nos encargamos de respetar a la persona, de valorar a la persona. Siempre hemos dicho que acá entra la persona, no el delito», afirmó Hernández, en referencia al enfoque de atención que, según explicó, se aplica en el establecimiento penitenciario que dirige.
La Cárcel Distrital de Bogotá cuenta actualmente con 21 talleres y distintos espacios de formación dirigidos a la población privada de la libertad, orientados a entregar herramientas de resocialización de cara al momento en que los internos recuperen su libertad. El establecimiento cuenta, además, con la acreditación de la American Correctional Association (ACA), organismo internacional que evalúa estándares de gestión penitenciaria.
A diferencia de la mayoría de reclusorios del país, administrados por el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), la Cárcel Distrital depende de la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia de la alcaldía de Bogotá, lo que la distingue dentro del sistema penitenciario colombiano por su modelo de gestión distrital.
El caso del hombre que pasó de una prisión china a la Cárcel Distrital se suma a las denuncias que, desde hace más de una década, han planteado ciudadanos colombianos condenados en China. El hombre, que recuperó su libertad en 2022, no ha sido identificado públicamente y su testimonio se mantiene, por ahora, dentro del archivo de relatos recogidos por la emisora interna del establecimiento.
