El hallazgo, divulgado en un artículo científico publicado en julio en la revista Nature, se logró mediante tecnología LiDAR, un sistema de detección y medición de distancia por luz que permite crear mapas tridimensionales sin necesidad de talar la selva ni recorrer el terreno palmo a palmo. Con ese método, los investigadores exploraron un área de 4,400 kilómetros cuadrados entre los estados de Amazonas y Acre, en el oeste de Brasil.
"Esta fue la primera evaluación ambiciosa con LiDAR en la Amazonía", señaló el arqueólogo y antropólogo Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki, uno de los autores del estudio. A partir de los datos obtenidos y de imágenes satelitales, los científicos calculan que el área ocupada por la civilización Aquiry alcanzaba unos 183,000 kilómetros cuadrados, apenas menos del 3% de la Gran Amazonía, una extensión algo mayor que la de Uruguay.
Las estructuras, en su mayoría zanjas, presentan dimensiones considerables: hasta 15 metros de ancho y 5 metros de profundidad, de acuerdo con el paleontólogo Alceu Ranzi, presidente del Instituto de Geoglifos de la Amazonía y coautor del estudio. Su construcción, sostienen los investigadores, habría requerido la organización de una comunidad numerosa trabajando de forma coordinada durante generaciones.
La región carece de piedra, por lo que los científicos presumen que las obras se levantaron con madera y canastas para transportar tierra. "Era mucho trabajo manual, pero no estamos seguros, porque todo en la Amazonía es orgánico, desaparece", explicó Ranzi, en referencia a la dificultad de hallar los indicios arqueológicos convencionales —cuerpos, restos de comida, campamentos— que la humedad tropical descompone con rapidez.
El arqueólogo y antropólogo Rhuan Carlos Lopes, de la Universidad Federal de Pará, planteó que la región ya contaba con las condiciones tecnológicas para sostener una civilización de esa escala. La hipótesis inicial de que los geoglifos fueran fortificaciones defensivas perdió fuerza frente a la idea de que cumplían funciones ceremoniales y políticas.
"Los geoglifos se usaban para reuniones, para tomar decisiones políticas y para organizar ceremonias religiosas, así como para fiestas, bailes y música", detalló Martti Pärssinen, arqueólogo y antropólogo de la Universidad de Helsinki.
Los investigadores documentaron además que estas construcciones no se utilizaban como viviendas permanentes, sino como espacios de encuentro mantenidos en buen estado a lo largo de los siglos, lo que implica un cuerpo de conocimientos transmitido entre generaciones. Pärssinen subrayó otro hallazgo relevante: pese a la magnitud de las obras, la civilización Aquiry nunca convirtió la selva en sabana, y limitó la tala a lo necesario para cultivar maíz, calabaza y yuca.
Ranzi precisó que los geoglifos estaban conectados entre sí por una red de caminos de hasta 350 kilómetros, que conducían a las estructuras. El propio investigador aportó la comparación que da la medida del hallazgo: "Este pueblo practicaba la geometría monumental en la Amazonía al mismo tiempo que Pitágoras desarrollaba su teorema en Grecia".
El paleontólogo también especuló sobre el carácter pacífico de esta sociedad: "Si realmente se confirma que son estructuras ceremoniales, este pueblo vivía en paz porque, para dedicar tanto esfuerzo, tanto trabajo, eso significa que no había enemigos de los que preocuparse".
