Conviene separar dos cosas que el comunicado entrelaza con destreza: la nutrición infantil como problema de salud pública y Nestlé como compañía de nutrición, salud y bienestar que necesita presencia cercana a quienes recetan y recomiendan. El panel central se tituló "El futuro de la nutrición y la salud desde la mirada de las nuevas generaciones", un rótulo que cabría en cualquier congreso médico independiente, salvo que aquí lo organizó, financió y moderó la propia empresa cuyos productos esos mismos pediatras terminarán, o no, recomendando a sus pacientes.
La cifra que sí aporta contexto real es otra. Según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2024, Panamá redujo el retraso en el crecimiento de menores de cinco años del 23.6% en el año 2000 al 5.6% en 2022. Es un dato genuino de salud pública, y de los buenos. Lo curioso es que Nestlé lo cite para enmarcar un foro de relaciones corporativas, como si la empresa fuera coautora de ese progreso y no, más modestamente, una compañía que vende fórmulas infantiles, cereales y suplementos en los mismos anaqueles donde ese progreso se mide.
Las siglas de los programas —Jpedia, Jnutri, Jfarma y JGine— suenan a universidad corporativa, y en rigor lo son: desde 2020 Nestlé contabiliza 3,678 participaciones acumuladas en Centroamérica, de las cuales 442 corresponden a Panamá, en iniciativas dirigidas a pediatras, nutricionistas, farmacéuticos y ginecólogos. Entre ellas figura el ICPN, una certificación desarrollada junto con la Thomas Jefferson University sobre nutrición pediátrica y microbiota, que ya no es un taller de tarde sino un título con membrete universitario estadounidense cosido a la marca.
Ese matiz importa. Cuando una farmacéutica certifica a médicos, los códigos de conflicto de interés exigen declarar el patrocinio en cada congreso y cada publicación derivada; cuando una multinacional de alimentos hace lo mismo bajo el paraguas de la ciencia nutricional, el escrutinio suele ser más laxo, aunque el incentivo comercial —vender más fórmula, más cereal infantil, más suplemento— sea el mismo.
Alejandro García, director de Nestlé Nutrition & Health Centroamérica, lo planteó sin rodeos.
"El título universitario es un punto de partida, pero la práctica profesional exige seguir aprendiendo, interpretar la evidencia con criterio y desarrollar nuevas habilidades para acompañar mejor a los pacientes y sus familias. En una región con desafíos nutricionales complejos, en Nestlé entendemos que contribuir a esa formación es parte de nuestra responsabilidad como compañía de Nutrición, Salud y Bienestar", afirmó Alejandro García, director de Nestlé Nutrition & Health Centroamérica.
Nadie discute que la evidencia científica necesite intérpretes mejor formados, ni que la actualización continua sea indispensable en una profesión donde el conocimiento envejece rápido. El problema no es la formación: es quién decide qué evidencia se interpreta, con qué énfasis y bajo qué marca. Una empresa que financia la capacitación también elige, aunque sea de forma sutil, qué preguntas se hacen y cuáles se dejan para otro foro.
Panamá, sede sin cifras de impacto
El comunicado anuncia a Panamá como anfitriona del VII Nutrition & Health LATAM Summit, encuentro virtual con participantes de 16 países y la entrega de los Premios Henri Nestlé a investigaciones clínicas de jóvenes profesionales. Lo que no aparece en el material es una sola cifra de impacto verificable por una entidad externa: ni cuántos de esos 442 participantes panameños ejercen hoy en el sistema público, ni qué seguimiento independiente existe sobre si esa formación mejora indicadores clínicos.
Esa laguna no es exclusiva de Nestlé. El mismo patrón de anuncios corporativos sin métricas verificables ya se vio este año cuando el Ifarhu anunció becas de formación profesional, pero sin cifras ni plazos: la promesa suena sólida, el detalle que permitiría auditarla llega después, si llega. La diferencia es que el Ifarhu administra fondos públicos sujetos a refrendo de la Contraloría General, mientras que Nestlé gasta lo suyo y responde ante sus accionistas.
El Summit se celebrará los días 14 y 15 de octubre, en formato virtual, con Panamá como anfitriona de nombre. Para entonces se sabrá si el evento deja algo más que una fotografía institucional: un estudio publicado, una certificación con validez curricular verificable, o un capítulo más de una estrategia de marca que ha aprendido, con razón, que la salud materno-infantil vende mejor que cualquier eslogan de cereal.
