El descenso se atribuye principalmente a la sequía asociada al fenómeno de El Niño, aunque, según habitantes ribereños, también estarían incidiendo otras dinámicas sobre el comportamiento del río. En el Suroeste antioqueño, donde el Cauca atraviesa municipios como Betulia, Caramanta, Concordia, Fredonia, Jericó, La Pintada, Salgar, Támesis, Tarso, Titiribí y Venecia, pescadores y areneros llevan meses reportando el retroceso del caudal, con tramos donde el afluente se ha convertido en lo que los pobladores describen como un hilo de agua. Los registros de EPM muestran, en efecto, que la caída no fue súbita: en mayo la empresa reportó que en La Pintada —el paso más al sur de Antioquia— el caudal bajó de 1.023 metros cúbicos por segundo en abril a apenas 547 el 11 de mayo, mientras que en Bolombolo el retroceso fue de 1.281 a 624 en el mismo lapso, cifras registradas incluso antes de que El Niño alcanzara su fase más intensa.
Marcio Murillo, pescador de la zona, relató en redes sociales la transformación del paisaje a la altura de La Felisa, dos kilómetros río arriba: "Vean como se está secando el río Cauca, ahí está el asunto muy preocupante. Esto es dos kilómetros arriba de La Felisa, y vea como está el Cauca. Parece un río pequeño. Eso se mantenía lleno en ese sector. Las piedras ni se ven cuando baja crecido. Pero vea hoy como está. El río Cauca está seco, seco, seco". Su testimonio, replicado por otros habitantes de la subregión, refleja la preocupación de comunidades que dependen del afluente para la pesca artesanal y la extracción de arena, actividades de subsistencia en varios municipios de la cuenca a las que localmente se le apoda "El Mono" o "El Patrón".
Hasta el 4 de septiembre, La Pintada registraba un caudal de apenas 295 metros cúbicos por segundo, una fracción del nivel habitual del punto. La escasez ha llegado a un extremo simbólico: en algunos tramos del río ya se observan vacas pastando sobre lo que antes era el lecho del cauce, una imagen que ilustra la magnitud de la contracción del afluente.
El impacto aguas abajo y sobre la generación eléctrica
El fenómeno no se limita al Suroeste. Tras dejar esa subregión, el Cauca continúa hacia el occidente antioqueño, bañando municipios como Anzá, Armenia, Buriticá, Ebéjico, Liborina, Olaya, Peque, Sabanalarga, Santa Fe y Sopetrán, donde los estragos también se hacen sentir. En Olaya, el caudal cayó de 1.517 metros cúbicos por segundo en abril a 652 en mayo, una reducción de más de la mitad en cuestión de semanas. El río, que nace en el Macizo Colombiano y recorre buena parte del occidente del país antes de confluir con el río Magdalena, es clave no solo para las comunidades ribereñas sino para la generación de energía: Hidroituango, el proyecto hidroeléctrico más grande del país, depende directamente del caudal del Cauca para su operación.
Según EPM, el descenso del caudal representa uno de los momentos más críticos para el sistema hidroeléctrico en las últimas cuatro décadas, situación que encendió las alertas sobre la posibilidad de adoptar medidas extraordinarias para evitar un eventual racionamiento de energía. La empresa no ha precisado públicamente cuáles serían esas medidas ni en qué plazo se evaluaría su aplicación.
La situación del Cauca no es un caso aislado. Días antes, se reportó que el río Magdalena, en su paso por el municipio de Yondó, registraba un nivel 25% por debajo de su promedio histórico, lo que apunta a un fenómeno de estrés hídrico generalizado en las principales cuencas del departamento. Ambos ríos, que finalmente confluyen, son la columna vertebral del sistema fluvial antioqueño y de buena parte de la generación eléctrica del país.
El fenómeno de El Niño, que se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico y suele traer sequías prolongadas en la región andina y el Caribe colombiano, ha sido señalado en ciclos anteriores como responsable de crisis en el sector energético nacional. Colombia atravesó episodios comparables de estrés hídrico en las hidroeléctricas durante los fenómenos de 1992 y de 2015-2016, este último asociado a fuertes llamados al ahorro de energía por parte del Gobierno Nacional.
El precedente de 1992 resulta particularmente relevante: aquel año, la sequía derivada de El Niño obligó a decretar un racionamiento eléctrico que se extendió por varios meses y que marcó un antes y un después en la política energética colombiana, impulsando la diversificación de la matriz de generación. Las autoridades del sector energético no han señalado, por ahora, que la situación actual vaya a derivar en un escenario similar, aunque el nivel de alerta expresado por EPM sugiere que el monitoreo se mantendrá estrecho en las próximas semanas.
Las comunidades ribereñas han insistido en que la afectación no es solo ambiental sino económica y social. La pesca artesanal y la extracción de arena, actividades tradicionales en municipios como La Pintada, Valparaíso y Olaya, dependen directamente del volumen y la regularidad del caudal, por lo que una contracción sostenida podría traducirse en pérdidas de ingresos para familias que no cuentan con alternativas económicas inmediatas.
De cara a los próximos meses, el comportamiento del Cauca dependerá en buena medida de la evolución del fenómeno de El Niño y de las lluvias que se registren en la cuenca alta del río, en el suroccidente del país. EPM no ha entregado, hasta el momento, una proyección pública sobre cuándo podría normalizarse el caudal ni ha detallado el protocolo específico que activaría en caso de que la situación se agrave, información que autoridades ambientales y comunidades ribereñas esperan conocer en las próximas semanas.
