La controversia surgió cuando Valencia afirmó que el Centro Democrático no puede clasificarse como un partido de derecha, planteamiento que, según relató la propia Arango, generó una fuerte discusión en la colectividad y motivó el reclamo de congresistas uribistas que consideran esa etiqueta parte de la identidad histórica del partido. Arango, que según sus propias palabras poco se involucra en asuntos polémicos, decidió terciar en el debate.
«Desde que conozco al expresidente Álvaro Uribe, 1997, constantemente lo he escuchado decir y escribir que él no es de derecha, ni de izquierda, que su ideología política siempre está encaminada a resolver las necesidades de los colombianos», escribió Arango. La exfuncionaria añadió que desde esa premisa el expresidente «construyó sus pilares para la campaña a la Presidencia», que identificó con la seguridad democrática, la cohesión social, la confianza inversionista y el Estado austero como «principales puntos de doctrina».
Arango sostuvo además que Uribe «siempre ha sido respetuoso por la diversidad racial, religiosa y sexual, entendiendo que son temas que nunca deben ser utilizados para maltratar a las personas». Sobre el nombre mismo de la colectividad, señaló que «lo dice todo. No necesita explicación. Ese nombre no fue escogido al azar, fue muy pensado, especialmente para evitar todo tipo de extremos».
La exsecretaria planteó también una reflexión sobre el momento político. «Cuando la discusión debe estar centrada en cómo resolver las necesidades urgentes de Colombia, estamos discutiendo quiénes somos de derecha y quiénes no, cuándo es mucho más lo que nos une que lo que nos divide», afirmó, y llamó a «demostrar con hechos» que la ideología del partido «solo busca el interés general».
En otro mensaje, Arango amplió su posición personal invocando su trayectoria bajo distintos liderazgos. Mencionó haber aprendido de «unos jefes maravillosos», entre ellos su padre, «Juancho Arango», el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, Álvaro Uribe e Iván Duque, y concluyó que «lo único que me queda claro es que no me ubico en los extremos». Remató con un llamado a la acción: «Menos habladuría y más hechos. El país necesita acción, concreción y resultados medibles. No sea que lo demás sea paja».
Un partido nacido de la ruptura con Santos
El Centro Democrático se constituyó como partido político en 2013, después de que Uribe rompiera con Juan Manuel Santos —su antiguo ministro de Defensa y sucesor en la Casa de Nariño— por diferencias en torno al proceso de paz con las FARC. Ese proceso derivó en el Acuerdo Final de 2016, sometido a plebiscito el 2 de octubre de ese año, en el que la opción del No, respaldada por el uribismo, se impuso por un margen estrecho según los resultados certificados por la Registraduría Nacional del Estado Civil, antes de que el acuerdo fuera renegociado y refrendado por el Congreso.
La denominación «Centro Democrático», a la que aludió Arango, se adoptó precisamente en ese contexto de ruptura. La discusión sobre la identidad ideológica de la colectividad no es nueva: desde su fundación el partido ha sido descrito con frecuencia como una fuerza de centroderecha o de derecha, mientras sus dirigentes han insistido en que su doctrina se basa en principios de seguridad y gestión antes que en una etiqueta cerrada, en línea con lo que Uribe defendió durante sus dos mandatos, entre 2002 y 2010.
El pronunciamiento de Valencia expuso una tensión de fondo sobre cómo se presenta el partido ante el electorado. Para el sector que reclamó a la senadora, la caracterización como fuerza de derecha ha sido parte de la identidad con la que el Centro Democrático ha competido en elecciones legislativas y presidenciales durante más de una década. Ni Valencia ha ampliado públicamente su afirmación inicial más allá de lo ya conocido, ni la dirección nacional o la mesa directiva del partido han emitido un pronunciamiento oficial conjunto sobre la controversia.
Los estatutos de los partidos en Colombia, regidos por la Ley 1475 de 2011, establecen que las colectividades deben adoptar plataformas ideológicas y programas de gobierno registrados ante el Consejo Nacional Electoral. La definición doctrinal, sin embargo, corresponde a los órganos internos de cada agrupación, de modo que un debate como el planteado por Valencia se resuelve en las instancias de dirección y en las bancadas, no ante autoridades externas.
La discusión se da mientras el país transita el ciclo electoral con miras a los comicios presidenciales y legislativos de 2026, en los que el Centro Democrático —con representación en el Senado y en la Cámara de Representantes— busca conservar su bancada y proyectar liderazgo desde la oposición al gobierno de Gustavo Petro. Por ahora, las declaraciones de Valencia y de Arango permanecen como posiciones individuales dentro de una controversia que sigue abierta entre congresistas y bases de la colectividad, a la espera de que los órganos de dirección del partido fijen o no una postura común.
