El fenómeno no es exclusivo de la costa francesa. También se ha registrado en la isla Lady Elliot, en Australia, donde algunos visitantes describen desde 1995 destellos que parecen ubicarse en el horizonte. Los primeros testimonios bretones, sin embargo, se remontan casi nueve décadas atrás, lo que convierte el caso en uno de los más antiguos documentados de esta percepción.
La investigación, titulada "Un análisis bayesiano de la ilusión del faro fantasma" y publicada en la revista Open Mind: Discoveries in Cognitive Science, sostiene que el cerebro humano puede percibir un faro en un punto donde no existe ninguna estructura real. El efecto se presenta cuando la luz de una fuente giratoria parece proceder de un lugar distinto al de su ubicación física.
De acuerdo con los autores, el sistema visual subestima la distancia de los tramos más lejanos del haz luminoso. Para interpretar esa información, el cerebro recurre a experiencias previas y a patrones aprendidos del entorno, un mecanismo conocido como inferencia bayesiana. Ese proceso puede llevar a calcular de forma errónea el origen de la luz y, en consecuencia, a situarla en un punto equivocado del horizonte.
El estudio aborda también una ilusión relacionada: la sensación de que los haces de luz de los faros, que en la práctica se proyectan casi paralelos al suelo, parecen curvarse hacia abajo. Para los científicos, ambas percepciones comparten un origen común, vinculado con la manera en que el cerebro interpreta las distancias.
Para poner a prueba la hipótesis, el equipo desarrolló un experimento de realidad virtual en el que participaron 30 personas. Los resultados respaldaron la explicación propuesta y permitieron establecer distancias aproximadas a partir de las cuales comienza a manifestarse la ilusión. Con modelos matemáticos y pruebas en entornos virtuales y reales, los investigadores buscan demostrar que estas percepciones no son simples errores de observación, sino el resultado de los mecanismos que el cerebro utiliza para dar sentido a la información visual.
El caso se suma a otros estudios basados en la observación prolongada de fenómenos naturales, como el que determinó que un estudio suizo detectó en 30 años cambios genéticos en lechuzas comunes. Los propios autores del trabajo sobre el faro advierten que, pese a los hallazgos, todavía se necesitan más pruebas en condiciones reales para confirmar los resultados obtenidos hasta ahora.