Las conversaciones entre Washington y Teherán se desarrollan con la mediación de terceros países y mantienen varios asuntos pendientes de resolución. Entre ellos figuran las restricciones impuestas por EE. UU. a Irán, el bloqueo naval a sus puertos y las condiciones para garantizar la seguridad de la navegación por el estrecho de Ormuz, ruta estratégica para el comercio internacional de petróleo por la que transita buena parte del crudo que se exporta por vía marítima en el mundo.
Irán ha planteado la posibilidad de reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de dos días, siempre que EE. UU. acepte las condiciones presentadas por Teherán. La propuesta incluye también exigencias relacionadas con el levantamiento del bloqueo naval y con las restricciones impuestas a las exportaciones iraníes de petróleo, uno de los principales motores de la economía de ese país.
El programa nuclear iraní continúa siendo uno de los puntos más sensibles de la negociación. Washington busca garantías sobre las actividades nucleares de Teherán, mientras que el gobierno iraní ha planteado que ese asunto se aborde después de resolver las demás condiciones.
Pese a la apertura hacia una salida negociada, Trump no ha descartado ordenar una nueva ofensiva contra Irán si no se logra un entendimiento. El mandatario estadounidense ha advertido que podría ordenar nuevos ataques si no se alcanza una salida al conflicto, que combina presión militar y diplomática.
El pulso entre Estados Unidos e Irán viene de lejos. En 1979 Washington rompió relaciones diplomáticas con Teherán tras la toma de la embajada estadounidense, durante la cual más de cincuenta rehenes permanecieron cautivos 444 días, y desde entonces ambos países no mantienen vínculos oficiales. El estrecho de Ormuz ha sido recurrente escenario de tensión: por él se mueve una porción decisiva del abastecimiento energético mundial, lo que convierte cualquier amenaza de cierre en una advertencia con alcance global, en un entorno regional donde otras tensiones concentran la atención internacional, como lo muestran las protestas que han llevado a Francia a desplegar 70.000 agentes.
Por ahora, la declaración del mandatario estadounidense abre la puerta a una solución negociada, pero el desenlace dependerá de que ambos gobiernos logren acercar posiciones en los puntos pendientes. La guerra no ha terminado y no hay, hasta el momento, confirmación de un entendimiento definitivo entre Washington y Teherán.
