Ourense arrastra siglos de convivencia con sus aguas termales. En pleno casco histórico, el manantial de As Burgas brota a más de 60 grados y alimenta dos fuentes monumentales, la Burga de Arriba, del siglo XVII, y la Burga de Abaixo, del XIX, levantadas sobre un punto de agua caliente que ya aprovechaban los romanos hace unos 2.000 años.
La piscina termal exterior que durante años permitió el baño en el propio centro urbano, junto a As Burgas, permanece cerrada desde 2020. El Ayuntamiento ha aprobado que, cuando reabra, el acceso cueste siete euros, aunque no existe todavía una fecha fijada para la reapertura. Mientras tanto, quien visite el manantial puede conocer el conjunto monumental pero debe desplazarse hasta el río Miño para poder bañarse.
Junto al cauce del Miño se suceden varias zonas de baño que conforman la ruta termal de la ciudad: A Chavasqueira, O Muíño da Veiga, Outariz y la Burga de Canedo. No todas funcionan en las mismas condiciones ni permanecen abiertas todo el año, un matiz relevante para quien planifique una escapada en los meses de frío.
La Burga de Canedo es una de las opciones más prácticas para el invierno: el agua llega a temperaturas elevadas y llena varios vasos exteriores donde se mantiene entre los 38 y los 40 grados, con una poza fría anexa para alternar. El acceso es gratuito y el recinto cuenta con vestuarios, taquillas y duchas exteriores, aunque con aforo limitado. A Chavasqueira y O Muíño da Veiga abren de abril a octubre según el contrato municipal vigente, mientras que Outariz ofrece una zona privada con sesiones de baño de dos horas por 6,95 euros y horario nocturno en determinados días.
La conexión entre el centro histórico y la zona termal se resuelve con el llamado Tren de las Termas, que parte de la Plaza Mayor y recorre puntos como la Ponte Vella, A Chavasqueira, O Muíño da Veiga y Outariz. Para el viajero jubilado, evitar la conducción y el aparcamiento facilita organizar la jornada: paseo por el centro, trayecto en tren hasta el río, baño termal y regreso al casco histórico para comer. Quien prefiera caminar puede recorrer la ruta a pie, unos cinco kilómetros junto al río sin desniveles destacados.
El baño al aire libre en invierno no está exento de condicionantes. Las termas se ubican junto al Miño y las crecidas del río pueden forzar cierres temporales de las instalaciones, como ocurrió el pasado febrero, cuando la subida del caudal obligó a suspender el acceso a varias zonas. A esto se suman los horarios estacionales de cada punto, lo que hace recomendable consultar la disponibilidad antes de desplazarse.
Si el nivel del Miño lo permite, Ourense ofrece una combinación poco habitual en el mapa turístico español: baño termal al aire libre en pleno invierno, junto a un río urbano y con un patrimonio histórico, el de As Burgas, que lleva dos mil años dando forma a la relación de la ciudad con el agua caliente.