|
PortadaParlamentoDeportesOpinión
IBEX 35
Última hora
  1. Una nueva denuncia por agresión sexual señala al alcalde de Algeciras, que no dimite
  2. El vicealcalde de Alicante niega conocer el caso VPP: «Ni tengo constancia»
  3. Las lluvias de otoño arrastran ceniza y lodo del incendio de Burgohondo a los embalses

El discurso de Octavio Paz al recibir el Nobel en 1990 vuelve a circular

«La búsqueda del presente», leído en Estocolmo, cruzó el deterioro ambiental con la crítica a la sociedad de consumo

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
Comentarios

El escritor mexicano Octavio Paz pronunció en 1990 en Estocolmo el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, titulado La búsqueda del presente, en el que formuló una de sus frases más citadas: «La contaminación no solo infesta al aire, a los ríos y a los bosques sino a las almas».

Paz no empleaba el término contaminación en un sentido exclusivamente ecológico. En el discurso, disponible en el archivo oficial de la Fundación Nobel, el escritor ligaba el deterioro del entorno físico a un desgaste moral provocado por una economía que, según sus palabras, convierte «las ideas, los sentimientos, el arte, el amor, la amistad y las personas mismas en objetos de consumo», hasta reducirlos a «desechos materiales y morales».

La frase se inscribe en una tradición ensayística que Paz cultivó durante toda su obra: la sospecha ante el progreso material aplicado sin freno. Ya en El laberinto de la soledad, publicado en 1950, el autor había explorado la identidad mexicana y las tensiones entre modernidad y tradición. Cuatro décadas después extendía esa inquietud a una escala planetaria, en un contexto de creciente conciencia ambiental que a comienzos de los años noventa se consolidaba en la agenda internacional, poco antes de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro celebrada en 1992.

El Colegio Nacional de México, institución de la que Paz fue miembro, lo describe como un crítico persistente de la política y la sociedad de su tiempo, con una influencia que se prolongó en generaciones literarias posteriores tanto en México como en el resto de Hispanoamérica. Esa mirada no se limitó al terreno estético: abarcó el consumo, la tecnología y las formas en que la economía de mercado reconfigura las relaciones personales.

La trayectoria de Paz combinó literatura y servicio diplomático. Nacido en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914, estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y creció, según su biografía en la Fundación Nobel, bajo la influencia de un abuelo liberal, autor de una de las primeras novelas de temática indígena en su país, y de un padre periodista vinculado a los levantamientos agrarios de Emiliano Zapata.

Su formación intelectual se forjó también en el compromiso político de juventud. En 1937 viajó a Valencia, en plena Guerra Civil española, para participar en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. De regreso a México fundó, en 1938, la revista Taller, uno de los primeros espacios donde articuló su proyecto poético y ensayístico.

En 1943 obtuvo una beca Guggenheim que lo llevó a Estados Unidos, donde se acercó a la poesía modernista anglosajona. Dos años más tarde ingresó en el servicio diplomático mexicano y fue destinado a Francia, donde entró en contacto con el movimiento surrealista y trabó relación con André Breton. En 1957 publicó Piedra de sol, uno de sus poemas más celebrados.

La renuncia de 1968 y el giro editorial

El episodio más señalado de su carrera diplomática llegó en 1968. Paz ocupaba la embajada de México en India, cargo que había asumido en 1962, cuando renunció en protesta por la represión del movimiento estudiantil en Tlatelolco. La dimisión, un gesto poco frecuente entre diplomáticos en activo, marcó un punto de inflexión en su relación con el poder político mexicano.

Tras dejar el servicio exterior, Paz volcó su energía en el periodismo cultural. Fundó la revista Plural, que dirigió entre 1971 y 1976, y posteriormente Vuelta, publicación que encabezó desde 1976 hasta su muerte y que, según recoge la plataforma literaria Zenda, recibió el Premio Príncipe de Asturias. Ambas cabeceras se convirtieron en espacios de debate intelectual en el México de finales del siglo XX.

El reconocimiento a su obra se acumuló en las últimas dos décadas de su vida. Harvard le otorgó un doctorado honoris causa en 1980; un año después recibió el Premio Cervantes, el galardón más prestigioso de las letras en español; y en 1993 sumó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. El Premio Nobel de Literatura, que enmarca el discurso de 1990, llegó como culminación de esa trayectoria. Paz murió en Ciudad de México el 19 de abril de 1998, a los 84 años.

La vigencia de la frase sobre la contaminación de las almas reside, según se desprende del propio discurso, en que describe una tensión que ninguna sociedad contemporánea ha resuelto por completo: la del crecimiento económico frente al cuidado del entorno natural y de los vínculos humanos. Más de tres décadas después, la cita circula de nuevo como recordatorio de que Paz situó la crisis ecológica y la crisis moral en el mismo plano de análisis, sin subordinar una a la otra.

¿Qué te ha parecido esta pieza?

Siguiente en Cultura →Ribeira, el pueblo gallego de Ana Peleteiro, une pesca, el Dolmen de Axeitos y dunas
¿Tienes información para ampliar esta noticia? Escríbenos por el canal para informantes — protegemos a las fuentes.¿Error en este artículo? → Infórmanos

Comentarios

Comentas como Anónimo — seudónimo generado localmente, sin cuenta
0/1000

Cargando la conversación…

Los comentarios son anónimos. El Hemiciclo no registra IPs ni vincula comentarios a cuentas de usuario. Tu seudónimo y tus comentarios se guardan solo en este dispositivo. Conexión cifrada (HTTPS).

Sigue leyendo en El Hemiciclo