La finca ocupa unas 178 hectáreas de jardines, bosques, praderas y terrenos ribereños junto al río Blackwater, con acceso directo al cauce y un embarcadero privado. El edificio principal se distribuye en tres plantas y alrededor de 1.500 metros cuadrados, con torres, almenas y muros de piedra de estilo neogótico que evocan una fortaleza medieval.
Pese a esa apariencia, la construcción actual no es medieval. Se levantó entre 1827 y 1830 para John Keily, político y antiguo alto sheriff del condado de Waterford, sobre un diseño de los hermanos James y George Richard Pain, dos arquitectos de notable peso en la arquitectura histórica irlandesa. El edificio recreó de forma deliberada la imagen de un castillo medieval en pleno auge del romanticismo del siglo XIX.
La historia del emplazamiento es mucho más antigua que la residencia. A unos 4,5 kilómetros se conservan las ruinas del antiguo castillo medieval de Strancally, vinculado a la poderosa familia Desmond, que dominó la región en la Edad Media. Aquella fortaleza quedó destruida a comienzos del siglo XVII y permaneció en ruinas durante más de 200 años antes de que se erigiera la mansión que ahora cambia de manos.
El lugar arrastra además una de las leyendas más oscuras de la comarca. Según la tradición local, algunos visitantes habrían sido invitados a grandes banquetes para después ser asesinados y arrojados por un supuesto conducto hacia una cueva conectada con el río. No existen pruebas históricas que confirmen esos hechos, de modo que el relato pertenece al folclore de la zona y no a la crónica documentada.
Durante aproximadamente 25 años, antes de pasar a Zuckerberg y Chan, la propiedad perteneció a Michael y Giancarla Alen-Buckley, que acometieron una amplia restauración del edificio y de sus terrenos con el objetivo de recuperar su valor histórico y mejorar su conservación. Los anteriores propietarios han expresado su satisfacción por que los nuevos dueños tengan intención de continuar invirtiendo en el mantenimiento y la mejora sostenible de la finca.
La operación se enmarca en la relación estable de Meta con Irlanda, país donde la compañía tiene una de sus principales sedes internacionales. La República ha atraído durante años a las grandes tecnológicas estadounidenses gracias a un régimen fiscal de sociedades históricamente reducido, un factor que ha convertido a Dublín en punto de aterrizaje europeo de firmas como Meta, Google o Apple. La adquisición de una segunda residencia en el país por parte de Zuckerberg se produce en ese contexto de vínculos empresariales.
La compra fuera del mercado —sin salir a la venta pública— es una fórmula habitual en transacciones de patrimonio de alto valor, que permite preservar la discreción de comprador y vendedor y evitar la competencia abierta de pujas. En este tipo de operaciones el precio final rara vez se hace oficial, lo que explica la horquilla de estimaciones que rodea al acuerdo.
La cifra estimada, de entre 20 y 30 millones de euros, no ha sido confirmada por ninguna de las partes implicadas, que tampoco han detallado los términos del acuerdo ni la fecha exacta de cierre. La operación se conoce a través de estimaciones sobre el valor de la finca y sus dimensiones, sin cuantificación oficial por parte de comprador ni vendedor.

