Los residentes señalan que los cortes se repiten sin previo aviso y por lapsos prolongados, lo que afecta tanto a los hogares como a los pequeños negocios que dependen de refrigeración, comunicaciones o maquinaria básica. En un municipio con alta informalidad económica, la inestabilidad del servicio eléctrico golpea ingresos que ya son precarios.
Las quejas no son nuevas en esta región del Pacífico nariñense, donde la prestación del servicio eléctrico ha sido históricamente irregular por la dificultad geográfica de acceso y el rezago en infraestructura que arrastra buena parte del suroccidente colombiano. Barbacoas, uno de los municipios más apartados de Nariño, depende de redes que, según los reclamos recogidos, no han recibido el mantenimiento ni las inversiones necesarias para garantizar continuidad.
La comunidad insiste en que existen acuerdos anteriores con las entidades responsables de la prestación del servicio que no se habrían materializado. El reclamo ciudadano se centra en exigir que esos compromisos —cuyo contenido específico no se detalla en las denuncias conocidas— se traduzcan en obras y en una mejora sostenida de la red eléctrica local.
Este tipo de conflictos por la prestación de servicios públicos domiciliarios en zonas apartadas no es ajeno a la institucionalidad colombiana. La Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios vigila el cumplimiento de los estándares de calidad y continuidad por parte de los operadores, mientras que la Comisión de Regulación de Energía y Gas fija las condiciones técnicas y tarifarias bajo las cuales deben operar las empresas prestadoras.
El caso de Barbacoas se suma a un patrón que se repite en distintos municipios de la Colombia rural y costera, donde la brecha de cobertura eléctrica confiable respecto a las principales ciudades ha sido señalada por organismos de control y por las propias comunidades. Departamentos como Chocó, Cauca y el propio Nariño han registrado denuncias similares en años recientes, asociadas tanto a la dispersión geográfica como a la insuficiente inversión en redes de media y baja tensión.
El rezago eléctrico del Pacífico tiene raíces antiguas: tras la expedición de la Ley 143 de 1994, que reorganizó el servicio de energía en el país, se crearon fondos como el Fondo de Apoyo Financiero para la Energización de las Zonas No Interconectadas para atender precisamente a municipios dispersos que no quedaron cubiertos por el Sistema Interconectado Nacional. Pese a ello, poblaciones del litoral nariñense han seguido reportando suministro intermitente durante décadas.
Por ahora, la comunidad de Barbacoas mantiene su exigencia de que las autoridades y las empresas responsables respondan con hechos concretos a los reclamos planteados, en un municipio donde el acceso confiable a la energía eléctrica sigue siendo, según las denuncias conocidas, una deuda pendiente.