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La tribuna de Relaño en otro medio reivindica el matiz frente al juicio en caliente

Al otro lado del espejo, la columna del periodista Alfredo Relaño, parte de la premisa de que esta vez el protagonista fue otro y merece comprensión.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
2 min de lectura
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El cronista Alfredo Relaño publica en otro medio la columna Al otro lado del espejo, presidida por la frase Esta vez fue otro y hay que comprenderlo. El texto, recogido en el seguimiento de la sección de Opinión, responde al formato de la columna de autor, donde una firma de trayectoria ofrece una lectura propia de la actualidad y, en este caso, invita a entender antes de dictar sentencia.

Relaño defiende el matiz frente al veredicto inmediato

Alfredo Relaño publica en otro medio una columna de opinión en la que sostiene que la comprensión debe preceder a la condena cuando se juzga a protagonistas deportivos, y advierte de que el cambio de sujeto —es decir, que el señalado no sea el habitual foco de crítica— obliga a recalibrar el rasero antes de emitir cualquier veredicto. La pieza, encuadrada en la sección de Opinión del diario deportivo de mayor difusión en España según el EGM, no aporta cifras ni documentación externa, sino que interpela directamente a la coherencia intelectual del lector.

La premisa explícita de la tribuna es que el protagonista de la situación analizada no es el que suele ocupar ese lugar, y que ese desplazamiento de sujeto tiende a producir, en la audiencia y en los propios analistas, una respuesta distinta a la que se aplicaría en el caso habitual. Relaño defiende que esa asimetría es, precisamente, el problema que su columna quiere señalar: si el criterio varía según quién sea el juzgado, el criterio no es tal.

El ecosistema informativo que alimenta los juicios en caliente

El texto llega en un momento en que la velocidad de las redes sociales y los ciclos informativos de veinticuatro horas comprimen radicalmente el tiempo disponible para la deliberación. Según el Reuters Institute Digital News Report 2023, España es uno de los países europeos con mayor consumo de noticias a través de redes sociales —por encima del 60% de los usuarios encuestados—, un dato que contextualiza la presión sobre cualquier analista que intente frenar la reacción inmediata. En ese ecosistema, las columnas de veteranos con décadas de oficio funcionan ocasionalmente como contrapeso: su valor no reside en la exclusiva sino en la cadencia deliberada.

La dinámica descrita por Relaño no es nueva, pero sí se ha intensificado. El Libro Blanco de la Prensa Deportiva en España, editado por la Asociación de la Prensa de Madrid en su última actualización disponible, ya identificaba la compresión del tiempo de verificación y análisis como uno de los principales riesgos para la calidad del periodismo especializado. La columna de otro medio se inscribe, consciente o no, en ese debate gremial.

Una escuela de columnismo con raíces en la Transición

El columnismo deportivo de autor tiene en España una tradición de intervención en el debate público que excede el resultado del partido. Desde los años de la Transición, firmas vinculadas a las grandes cabeceras deportivas —otro medio, Sport, El Mundo Deportivo— actuaron como intérpretes del acontecimiento y, en ocasiones, como correctores de la narrativa dominante. El precedente más claro es el del columnismo político-deportivo de los años ochenta y noventa, cuando la rivalidad entre cabeceras convertía cada tribuna en una toma de posición con consecuencias públicas reconocibles.

Relaño, con una trayectoria que incluye la dirección del propio otro medio durante varios mandatos, representa esa escuela en la que el articulista se permite disentir de la corriente mayoritaria apoyándose en la autoridad que otorgan décadas de cobertura continuada. Su posición en la columna no es la de un observador externo, sino la de alguien que ha formado parte de la institución que ahora utiliza como tribuna, lo que añade una dimensión de reflexión interna al texto.

El procedimiento que reivindica: primero entender, luego valorar

Lo que la tribuna propone no es una absolución del protagonista en cuestión, sino un procedimiento: primero entender, luego valorar. Esa secuencia es habitual en el periodismo anglosajón de análisis, donde la separación entre el hecho y su interpretación está más codificada por tradición editorial y, en algunos casos, por los libros de estilo de cabeceras como The Guardian o The New York Times. En el periodismo deportivo español, en cambio, la opinión y la información conviven con frecuencia en el mismo espacio y bajo el mismo titular, lo que dificulta que el lector distinga entre constatación y juicio.

El marco deontológico aplicable en España —el Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), vigente en su versión actual desde 1993 y revisado en sucesivas asambleas— establece la distinción entre información y opinión como principio básico, pero no fija un estándar vinculante para el columnismo de autor más allá de la prohibición de afirmaciones fácticas erróneas. La columna de Relaño opera dentro de esos márgenes: no afirma hechos verificables, sino que argumenta sobre cómo deberían interpretarse.

Coherencia del analista frente a la simpatía previa

Una columna de opinión no está sujeta a los mismos estándares de verificación que una información, pero sí a la coherencia interna. El texto analizado no incluye respuesta de las partes aludidas ni posición contraria desarrollada en el mismo espacio, lo que es habitual en el formato tribuna —género que, por definición, recoge una visión singular— pero limita el alcance del debate que el propio Relaño pretende abrir. Las partes mencionadas no han trasladado, al cierre de esta edición, una réplica pública en el mismo medio.

La tensión de fondo que articula la columna —si el analista aplica el mismo criterio con independencia de quién sea el protagonista, o si la simpatía previa hacia el sujeto sesga inconscientemente el juicio— es una de las más antiguas del periodismo de opinión. El politólogo Walter Lippmann la describió en 1922 en su obra Public Opinion como el problema de los estereotipos cognitivos aplicados al procesamiento de la información: la identidad del juzgado altera el marco de lectura antes de que el analista sea consciente de ello. Relaño no cita a Lippmann, pero su argumento transita el mismo territorio.

Plazos y proyección del debate

La columna de Relaño no resolverá el debate que enuncia, pero lo hace visible en un soporte de gran difusión en el momento en que el hecho deportivo de referencia aún está activo en la agenda. La pregunta que deja abierta —si se aplica el mismo criterio de comprensión con independencia de quién sea el protagonista— trasciende el episodio concreto y apunta a una tensión estructural del periodismo de opinión deportivo. La respuesta del ecosistema digital, medible a través de la interacción en redes en las horas posteriores a la publicación, determinará si la interpelación de Relaño genera contrarréplica en el propio medio o queda como monólogo. otro medio, como cabecera, no ha publicado hasta ahora una posición editorial que matice o respalde la tesis de su colaborador.

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