El alcalde de la ciudad, José María Bellido Roche, abrió el encuentro reivindicando una faceta menos conocida de Córdoba. «Normalmente Córdoba es muy conocida por su patrimonio, por su cultura y por su historia, y menos por algo en lo que ciertamente también destacamos: todo lo relacionado con las ciencias de la salud», señaló el alcalde, que defendió que esta dimensión sanitaria y científica no es una cuestión de imagen, sino parte del tejido económico y de conocimiento de la ciudad.
El regidor puso en valor el trabajo del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC) y de los grupos de investigación vinculados a la universidad, a los que atribuyó una orientación práctica dirigida a trasladar el conocimiento generado al ámbito asistencial. Según explicó, esos equipos no solo producen ciencia, sino que pueden convertirse en el germen de nuevas empresas. «De los proyectos surgen empresas que, con una base de conocimiento de la biología de la Universidad de Córdoba, aportan valor», afirmó.
Bellido detalló que el Ayuntamiento trabaja en el impulso de espacios de emprendimiento e incubación empresarial pensados para que determinados proyectos académicos puedan evolucionar hacia actividades con capacidad de generar empleo. El objetivo, según planteó, es tejer un ecosistema que conecte universidad, investigación, emprendimiento e industria biotecnológica en torno a la ciudad.
Crespo centró parte de su intervención en la brecha entre el entorno urbano y el rural a la hora de desplegar tecnología sanitaria. «En las grandes ciudades tenemos toda la tecnología y podemos dar una respuesta rápida, pero en el entorno rural no siempre es así», explicó, antes de apostar por extender herramientas como la monitorización remota, una tecnología que, según subrayó, «hoy ya se puede hacer» pero cuya implantación efectiva sigue siendo desigual entre territorios.
El secretario general de Fenin situó a la inteligencia artificial entre las «grandes oportunidades» para el futuro del sistema sanitario, al permitir identificar patrones y anticipar el desarrollo de enfermedades antes de que el paciente llegue a una fase crítica. «La inteligencia artificial ya está desplegada con muchas herramientas y en muchas áreas de asistencia sanitaria», afirmó, aunque matizó que ese despliegue exige garantías normativas.
«Tenemos que utilizarla en condiciones de seguridad», Pablo Crespo, secretario general de Fenin.
Para Crespo, esa seguridad depende del cumplimiento de la regulación sanitaria vigente y de mecanismos que reduzcan el riesgo de decisiones erróneas antes de que los nuevos desarrollos tecnológicos se incorporen al sistema. Es la misma lógica de vigilancia tecnológica que atraviesa otros ámbitos de la ciencia aplicada, como el reciente estudio sobre contaminación química en 93 ríos europeos.
El otro gran desafío que identificó Crespo fue la obsolescencia del parque tecnológico instalado en los hospitales. «¿Qué tecnología no es obsoleta?», planteó, al referirse al envejecimiento de equipos que van desde ecógrafos hasta incubadoras. En su opinión, España tiene capacidad para «liderar» la renovación tecnológica del sector si existe una apuesta decidida por la inversión.
Crespo defendió el papel de los acuerdos marco y de los programas de renovación de equipamiento como vía para evitar que ese envejecimiento repercuta sobre la calidad de la atención. «Ningún gestor se siente cómodo con tecnología obsoleta», señaló. Los acuerdos marco a los que aludió son el mecanismo de contratación pública centralizada previsto en la Ley de Contratos del Sector Público, empleado por el sistema sanitario para adquirir equipamiento de forma agregada entre comunidades autónomas.

