El operativo, inusual por tratarse de una coordinación directa entre dos ejércitos en guerra abierta, permitió que cerca de 2 mil residentes que aún permanecían en Oleshky —ciudad a orillas del río Dniéper— eligieran entre viajar a territorio controlado por Ucrania, trasladarse a zona bajo control ruso o quedarse en la ciudad con provisiones de alimentos y suministros médicos entregados durante el cese al fuego.
Los civiles salieron el viernes en convoyes de autobuses. Según el Ministerio de Defensa de Rusia, quienes optaron por territorio ucraniano fueron llevados primero a la ciudad rusa de Anapa, desde donde embarcaron en aviones con destino a Gómel, acompañados por Dmytro Lubinets, comisionado de derechos humanos de Ucrania. El medio estatal bielorruso Belta reportó que el grupo fue recibido en Gómel por rescatistas, personal médico y voluntarios de la Cruz Roja.
El legislador ucraniano Davyd Arakhamia afirmó que cuatro aviones con evacuados con destino final en Ucrania ya habían aterrizado en territorio bielorruso y que los pasajeros estarían en suelo ucraniano "en cuestión de horas". Por el lado ruso, la defensora del pueblo Yana Lantratova, principal representante del Kremlin en la misión, señaló que también se usaron autobuses para trasladar a quienes decidieron permanecer bajo administración rusa.
Ni Moscú ni Kiev han precisado cuántas personas en total decidieron abandonar Oleshky durante la operación. La primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, quien según la Casa Blanca contribuyó a negociar esta tregua localizada, publicó el viernes en redes sociales que el convoy humanitario había logrado evacuar de forma segura a más de 750 personas.
La intervención de la primera dama estadounidense en una gestión de negociación bélica se sale del protocolo diplomático habitual, aunque no es inédita en gestiones humanitarias de alto perfil. A ella se sumó el papa León XIV —primer pontífice estadounidense de la historia de la Iglesia católica—, que según el material presionó a los liderazgos de Rusia y Ucrania para facilitar la entrega de ayuda y las evacuaciones de civiles en la zona.
El papel de Melania Trump y León XIV
La convergencia de ambas gestiones, una desde la diplomacia informal de Washington y otra desde la Santa Sede, ilustra la dificultad de las vías oficiales para lograr pausas humanitarias sostenidas en un conflicto que acumula cuatro años y medio sin resolución territorial. El corredor de Jersón resuelve una situación concreta, pero no abre canal de negociación política alguno entre Moscú y Kiev.
En paralelo a la evacuación, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, celebró este sábado la autorización del gobierno estadounidense para que Kiev adquiera 500 interceptores Patriot PAC-3, aunque pidió a sus aliados que las armas salgan de inventarios ya disponibles para proteger al país durante el invierno, pues la venta recién aprobada por Washington podría tardar años en concretarse.
"Ahora mismo, los rusos atacan nuestra infraestructura energética todos los días. Solo en estas últimas dos semanas de octubre, ya ha habido más de 30 ataques rusos contra partes críticas de nuestra red eléctrica", escribió Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania, en la red social X.
La Casa Blanca informó el viernes que había aprobado una propuesta de venta de interceptores de defensa aérea Patriot valuados en 2,100 millones de dólares, luego de que Kiev acusara al Pentágono de retrasar las entregas de esta munición, considerada clave para frenar los misiles balísticos rusos. El Departamento de Estado precisó que los 500 misiles se comprarán con donaciones de Canadá, Alemania y Noruega, canalizadas a través de un programa estadounidense, por lo que no se usarán fondos propios de Washington.
El contraste entre la tregua humanitaria en Jersón y la continuidad de los ataques contra la red eléctrica ucraniana —reconocidos por el propio Zelensky— retrata la naturaleza fragmentaria de los gestos de distensión en esta guerra: pausas localizadas y puntuales que conviven con la intensificación de otros frentes, sin que exista un proceso de negociación integral entre Moscú y Kiev.
La invasión rusa a gran escala comenzó en febrero de 2022 y desde entonces ha producido sucesivas rondas de negociación sobre corredores humanitarios, intercambios de prisioneros y evacuaciones puntuales, casi siempre de alcance geográfico limitado y vigencia acotada. La tregua de Jersón se inscribe en esa misma lógica: un acuerdo operativo para una situación concreta, sin alto el fuego general ni avances hacia una salida política. Ese patrón se reflejó días atrás en episodios como el ataque con dron ruso en una estación de tren que dejó 13 muertos.
El suministro de armamento occidental ha sido uno de los ejes centrales del apoyo de EU y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a Kiev, en paralelo a las sanciones económicas impuestas a Rusia. La fórmula de financiamiento de los nuevos Patriot, con aportaciones de terceros países y sin fondos propios estadounidenses, refleja los ajustes en la política de asistencia militar de Washington durante la actual administración.
La tregua en Oleshky está prevista para concluir el domingo por la noche. Zelensky advirtió que la venta de interceptores recién autorizada por Washington podría demorarse años, mientras los ataques rusos sobre la infraestructura energética ucraniana continúan a diario.
