Mallorca vuelve a situarse en el centro de la temporada náutica de lujo europea. La isla, que desde hace décadas atrae a grandes fortunas internacionales durante los meses estivales, ha registrado este agosto una concentración de superyates y personalidades de alto perfil, en un fenómeno que coincide con el interés despertado por el eclipse solar visible en la zona el 12 de agosto. El buque protagonista de esta última llegada es el Kismet, construido por el astillero alemán Lürssen —uno de los más reputados del mundo en la fabricación de megayates— y entregado a su propietario en 2024. Con sus 122 metros de eslora, se sitúa entre las embarcaciones privadas más grandes en circulación.
Su propietario, Shahid Khan, es un empresario nacido en Pakistán y nacionalizado estadounidense que amasó su fortuna en el sector de componentes de automoción a través de la empresa Flex-N-Gate, de la que es fundador. Su patrimonio supera los 13.000 millones de dólares, según las estimaciones que se manejan en los rankings de grandes fortunas. Khan es conocido sobre todo por ser propietario del Fulham Football Club, equipo de la Premier League inglesa, y de los Jacksonville Jaguars, franquicia de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL), una doble presencia poco frecuente en las dos principales ligas deportivas de Reino Unido y Estados Unidos.
El Kismet ha fondeado en las proximidades de la Colònia de Sant Jordi, un enclave costero del municipio de Ses Salines situado muy cerca del Parque Nacional Marítimo-Terrestre del Archipiélago de Cabrera, un espacio protegido desde 1991 que combina un régimen de conservación ambiental con un intenso tráfico de embarcaciones de recreo durante el verano. La zona se ha convertido estos días en foco de curiosidad, con aficionados a la náutica y curiosos que intentan avistar el buque desde la orilla y desde embarcaciones propias.
La presencia de grandes yates en la isla no es nueva. Mallorca cuenta con una tradición de décadas como destino de la náutica de lujo, reforzada por infraestructuras como el puerto de Palma o los astilleros de reparación de superyates de la bahía, que han convertido a Balears en uno de los polos europeos de mantenimiento y escala de estas embarcaciones, junto con la Costa Azul francesa y Montenegro.
Un lugar entre los yates privados más caros
El coste del Kismet, cifrado en 330 millones de euros, lo sitúa entre los yates privados más caros construidos en los últimos años, aunque por debajo de otros buques emblemáticos como el Azzam, vinculado a la familia gobernante de Emiratos Árabes Unidos, o el Eclipse, del empresario Roman Abramovich, ambos por encima de los 400 millones de euros según valoraciones del sector. La llegada de Khan se produce en un verano en el que también se ha registrado en la isla la presencia de miembros de la familia real de Catar y de la casa real de Dubái, en una tendencia habitual de concentración de grandes fortunas en el Mediterráneo occidental durante agosto.
El fenómeno de los superyates plantea un debate recurrente sobre fiscalidad y regulación ambiental. El atraque y fondeo de grandes embarcaciones de recreo se rige fundamentalmente por la Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante y por las competencias autonómicas en materia de costas. En el plano ambiental, el punto más sensible es el fondeo sobre las praderas de posidonia oceánica, una planta marina protegida por la Unión Europea a través de la Directiva Hábitats de 1992 y considerada uno de los ecosistemas más frágiles del litoral balear.
Asociaciones ecologistas, entre ellas el GOB (Grup Balear d'Ornitologia i Defensa de la Naturalesa), han denunciado en anteriores campañas estivales el impacto del fondeo de grandes yates sobre esos fondos, reclamando un control más estricto del anclaje en zonas protegidas. Las administraciones balear y estatal defienden que el marco vigente combina la protección de los espacios naturales con la actividad náutica, uno de los motores económicos de la temporada alta en las islas.
Por el momento no ha trascendido cuánto tiempo permanecerá el Kismet en aguas mallorquinas ni si Khan tiene previsto desembarcar durante su estancia. El sector náutico balear prevé que la afluencia de grandes embarcaciones se mantenga elevada hasta finales de agosto, coincidiendo con el cierre de la temporada alta de la navegación privada de recreo en el Mediterráneo occidental.

