El análisis, realizado por investigadores del Instituto Nacional de Biología de la Conservación y Zoológico del Smithsonian y de la Universidad Estatal de Pensilvania, encontró una diferencia marcada entre las muestras recolectadas antes y después de 1979: mientras los ejemplares anteriores a esa fecha no presentaban rastro del patógeno, más de la mitad de los recogidos durante los años ochenta dieron positivo.
El organismo señalado como posible causante es Batrachochytrium dendrobatidis, agente de la quitridiomicosis, una enfermedad que ataca la piel de los anfibios y puede resultar letal. La investigación, publicada en la revista Molecular Ecology, no logró establecer un vínculo directo en todos los casos: las especies que sufrieron la mayor caída poblacional no mostraron infecciones detectables en los ejemplares analizados.
Jack Boyette, investigador que dirigió el estudio, planteó una posible explicación para esa aparente contradicción. Sobre las especies que resistieron y las más frágiles, detalló que estas últimas "podrían haber sido tan susceptibles que las ranas infectadas murieron antes de que Heyer pudiera recolectarlas", en referencia al investigador que reunió buena parte de las colecciones históricas examinadas.
"Las especies que no disminuyeron podrían haber tolerado el hongo de forma natural, lo que les permitió infectarse sin sufrir una mortalidad masiva", explicó Jack Boyette, investigador que dirigió el estudio.
Doce de diecisiete especies recuperadas
Entre 2022 y 2024, el equipo regresó a la zona de Boracéia para verificar el estado actual de las poblaciones. Encontraron 12 de las 17 especies que figuraban en los registros históricos, lo que sugiere una recuperación parcial del ecosistema tras el episodio de mortalidad masiva. El destino de las otras cinco continúa sin esclarecerse casi medio siglo después.
El valor de los especímenes conservados en colecciones científicas resultó determinante para la investigación. Michael Campana, genetista que participó en el estudio, subrayó esa importancia: "Sin ellas, nunca podríamos detectar patógenos que pasaron desapercibidos durante décadas ni reconstruir brotes de enfermedades que de otro modo seguirían siendo un misterio".
La quitridiomicosis ha sido vinculada en investigaciones previas con declives de anfibios en distintas regiones del mundo, desde Centroamérica hasta Australia, lo que ha llevado a organismos de conservación a considerarla una de las principales amenazas para este grupo de vertebrados. El caso de Boracéia se suma ahora a ese registro, reconstruido a partir de ejemplares archivados durante casi 50 años antes de que la tecnología disponible permitiera analizarlos con precisión.
Los investigadores mantienen abierto el estudio del ADN de las muestras para precisar cómo respondió cada especie a la exposición al hongo. El equipo advirtió que las conclusiones corresponden exclusivamente a la Estación Biológica de Boracéia y no permiten extrapolar el fenómeno al conjunto de la Mata Atlántica, uno de los biomas con mayor diversidad de anfibios del planeta. "Después de casi 50 años, todavía no estamos seguros de qué causó muchas de las muertes masivas de anfibios a lo largo de la historia", señaló Boyette.

