Rincón sitúa a Penélope Cruz, vestida con un Chanel a medida, como el ejemplo más logrado de la Mostra. «Penélope Cruz en este Chanel custom es el ejemplo perfecto de cómo un look se puede ver effortless pero adecuado para el contexto», señala el estilista, que subraya el ajuste de la pieza y la decisión de la actriz de renunciar a la acumulación de accesorios frente a la sobriedad del vestido.
En el terreno masculino, el contraste entre Miguel Herrán y Carlos Sainz le sirve para ilustrar dos formas opuestas de entender la alfombra roja. El traje de cuero de doble botonadura firmado por Tardy que lució Herrán exigía, en su opinión, una personalidad escénica capaz de sostener una prenda tan marcada. «Necesitas una personalidad muy definida para que el traje no te termine llevando a ti», explica, antes de matizar que «aunque la pieza es espectacular, quizás no era el momento ni el lugar para ese tipo de propuesta».
Sainz, con un esmoquin blanco de Giorgio Armani, representa el camino inverso: la sobriedad como forma de acierto. «Es impecable: un look totalmente atemporal, refinado y pulido», sostiene Rincón, que insiste en que interpretar el código de etiqueta del festival resulta tan decisivo como la prenda elegida. En Venecia, argumenta, donde el cine reclama protagonismo, el exceso se convierte fácilmente en ruido.
El vestido de flecos de Rebecca Donaldson
Rebecca Donaldson optó por un vestido de flecos de Armani que, según Rincón, introduce el movimiento como variable central del estilismo: el tejido captura la luz y convierte cada paso en parte del look. El estilista destaca la capacidad de la firma italiana para transitar entre registros. «La firma es capaz de pasar de un vestido suave y romántico a una pieza de alto impacto sin perder la elegancia», afirma.
Eugenia Silva apostó por un vestido con paneles laterales que, en palabras de Rincón, construyen visualmente la figura con una estructura casi escultórica, en la línea de referentes de los años noventa como Mugler. «El ajuste es asombroso», resume el estilista, que ve en la pieza una potenciación de la presencia natural de la actriz más que una transformación artificial del cuerpo. Clara Galle, por su parte, recuperó un vestido lencero de archivo de Armani, una decisión que Rincón interpreta como una declaración de modernidad en una industria volcada en lo nuevo: «La elegancia sencilla no envejece y puede sentirse totalmente vigente», sostiene.
Georgina Rodríguez y el exceso de joyas
La valoración más crítica recae sobre Georgina Rodríguez, cuyo vestido de Demna, según Rincón, no alcanzó el nivel exigido por la alfombra roja veneciana. El estilista atribuye el resultado a una acumulación de joyas que, lejos de reforzar el conjunto, terminó restándole impacto frente a una prenda ya elaborada de por sí.
«No lo siento lo suficientemente elevado para el Venice Film Festival; comparado con el resto de los looks que usaron sus colegas, este look se siente que no está a la par», explica Charlie Rincón, estilista y director de arte.
Rincón añade que el problema no está en la prenda, sino en la decisión de sumarle un exceso de accesorios: «Siento que le pusieron demasiada importancia a las joyas como una forma de elevar el look, pero hace lo contrario, ya que las prendas son muy elaboradas, y hacen que el look se vea mucho más sencillo de lo que ya es». Y remata apuntando al diseñador detrás de la pieza: «Demna sabe diseñar, vimos su visión en sus colecciones de alta costura de Balenciaga, y creo que eso es lo que le falta al look». La misma alfombra roja veneciana que este año fija la moda había servido de escenario, semanas atrás, a otras citas del calendario social europeo, como el reciente adiós de las casas reales al rey Harald V de Noruega en Oslo.

