El oficio se celebró en la catedral de la capital, sede habitual de los grandes actos de la monarquía noruega. La ceremonia se enmarcó en el protocolo de Estado que Noruega reserva a sus monarcas, un ritual que combina la liturgia luterana —confesión oficial del país nórdico— con honores militares. Entre las ofrendas florales figuró una corona enviada por un grupo de pescadores allegados al fallecido, en referencia a su vinculación con el mar y la vela, disciplina en la que Harald compitió representando a Noruega antes de acceder al trono.
Entre las imágenes difundidas desde Oslo destacó la de la reina viuda Sonia, visiblemente afectada durante el oficio, y la de una conversación entre el príncipe Guillermo de Gales y la reina emérita Sofía de España, cuyo contenido no ha trascendido. Este tipo de encuentros informales entre miembros de distintas casas reales es habitual en los funerales de Estado, que funcionan también como foros de relación diplomática entre monarquías europeas, varias de ellas unidas por lazos de parentesco desde el siglo XIX.
Uno de los elementos que generó mayor atención mediática fue una corona floral en la que, según las informaciones difundidas, figuraría el nombre de Marius Borg Høiby bajo la etiqueta de miembro de la Familia Real noruega. Høiby, hijo de la reina Sonia fruto de una relación anterior, ocupa una posición singular: carece de derechos dinásticos y de título de príncipe, pero mantiene una presencia pública que en los últimos años ha estado marcada por informaciones sobre procesos judiciales que le afectan en Noruega.
La Casa Real noruega no ha ofrecido, hasta el momento, una explicación oficial sobre el etiquetado de esa corona, extremo que ha alimentado la discusión sobre los límites del estatus de Høiby dentro del protocolo. El derecho sucesorio noruego se rige por la Constitución de 1814, reformada en varias ocasiones —de forma relevante en 1990 para introducir la igualdad de género en la línea de sucesión—, un marco que no contempla papel institucional alguno para los hijos de relaciones anteriores de la reina consorte.
El reinado de Harald V, iniciado en enero de 1991 tras la muerte de su padre, Olav V, se prolongó durante más de tres décadas y estuvo marcado por la consolidación de la monarquía parlamentaria noruega. Ese modelo, como en España, Suecia, Dinamarca o los Países Bajos, combina una jefatura de Estado hereditaria con un papel estrictamente simbólico y sin poder ejecutivo, conforme al principio de monarquía constitucional asentado en Europa occidental desde el siglo XIX.
La sucesión recae ahora en su hijo, el rey Haakon VIII, cuya proclamación se ajusta al orden dinástico fijado en la Constitución noruega. Haakon, casado con la reina Mette-Marit desde 2001 en una boda que en su día suscitó debate por el pasado personal de la entonces novia, había ido asumiendo funciones representativas de manera progresiva, un proceso de transición habitual en las monarquías europeas para garantizar la continuidad institucional.
La presencia de la reina emérita Sofía de España en Oslo se inscribe en la tradición de asistencia mutua entre casas reales europeas en actos de esta naturaleza, con precedentes como los funerales de Balduino de Bélgica en 1993 o de Isabel II del Reino Unido en 2022, ambos con asistencia masiva de monarcas y jefes de Estado de todo el continente. España mantiene con la Casa Real noruega vínculos protocolarios estrechos, reforzados por visitas de Estado recíprocas a lo largo de las últimas décadas.
Los funerales de Estado de monarcas reinantes o eméritos suponen, además de un acto de duelo nacional, una ocasión de visibilidad diplomática que los gobiernos aprovechan para mantener contactos bilaterales al margen de la agenda oficial. En el caso noruego, el protocolo incluye un periodo de luto nacional, ceremonias religiosas y honores militares, conforme a las normas que rigen los actos de Estado en el Reino de Noruega desde la instauración de la monarquía moderna en 1905.
La controversia sobre la corona floral asociada a Høiby se produce en un contexto en el que su vida privada ya había sido objeto de atención mediática, pese a permanecer ajeno a la línea sucesoria. Bajo la normativa vigente no existe mecanismo legal alguno que le confiera un estatus oficial dentro de la Casa Real, lo que sitúa la cuestión en el terreno del protocolo y no en el del derecho dinástico.
A partir de ahora, la atención se centrará en la consolidación del reinado de Haakon VIII y en el papel institucional que adopte la reina viuda Sonia, que previsiblemente mantendrá funciones representativas limitadas, como es costumbre entre los consortes viudos de las monarquías europeas. La Casa Real noruega no ha anunciado, por el momento, actos oficiales adicionales más allá del periodo de luto establecido tras el funeral del 9 de septiembre.

