La operación reuniría bajo una misma estructura actividades de inteligencia artificial, automóviles, chips, energía y espacio, pero llega en un momento de contraste financiero entre ambas firmas. SpaceX reportó un beneficio neto de 4,400 mdd en el tercer trimestre de 2026, frente a pérdidas de 1,100 mdd un año antes, con ingresos que crecieron 161% hasta 14,575 mdd. Tesla, en cambio, ganó 2,378 mdd en los primeros nueve meses del año, 19.5% menos que en el mismo periodo de 2025, pese a que sus ingresos subieron 12.5% hasta 78,669 mdd; solo en el tercer trimestre su utilidad cayó 43%, a 787 mdd.
Musk dijo apoyar una eventual combinación por las ventajas que podría generar en inteligencia artificial, semiconductores, robótica e infraestructura orbital, aunque advirtió que no hay garantía de que la operación se concrete. La presidenta y directora de operaciones de SpaceX, Gwynne Shotwell, sumó las telecomunicaciones a la lista de áreas con potencial de integración.
Por el momento, ninguna de las dos empresas ha anunciado una valoración conjunta, una relación de canje de acciones ni un calendario para las negociaciones. Musk precisó que cualquier operación necesitaría el respaldo de accionistas que representen al menos 50% de las acciones de Tesla en circulación, un umbral que deja la decisión final en manos del conjunto del capital y no solo de la dirección de ambas firmas.
El giro de SpaceX hacia IA y centros de datos
El impulso hacia una posible fusión coincide con un cambio estructural en el negocio de SpaceX: sus actividades de inteligencia artificial y centros de datos ya generan más ingresos que sus operaciones espaciales y de telecomunicaciones combinadas. Ese giro explica, en buena medida, el interés en una integración con Tesla, cuyos sistemas de conducción autónoma y robótica dependen de modelos de IA similares a los que SpaceX desarrolla para sus propios centros de cómputo.
El banco Barclays sostiene que la ventaja principal de una fusión estaría en la integración vertical: permitiría unir los sistemas de IA que Tesla usa en vehículos autónomos y robots con los modelos, centros de datos e infraestructura informática que SpaceX ya opera. JPMorgan coincide en que existe una justificación industrial para la operación, pero advierte que China representa uno de los principales obstáculos, por la combinación entre los vínculos de SpaceX con el Departamento de Defensa de Estados Unidos y la fuerte presencia industrial de Tesla en el gigante asiático.
La cooperación entre ambas compañías no es nueva. Tesla reconoció 405 mdd en ingresos por ventas de sistemas de almacenamiento energético Megapack a SpaceX durante el primer semestre de 2026 y, en marzo de ese año, invirtió 2,000 mdd en acciones de la empresa espacial. Uno de los proyectos conjuntos más relevantes es Terafab, una planta para fabricar semiconductores avanzados que ambas desarrollan en Texas; Musk calcula que las inversiones en equipo ascenderán a decenas de miles de millones de dólares hasta comienzos de 2028 y podrían superar los 100,000 mdd a largo plazo. Esos chips se destinarían tanto a los centros de datos de SpaceX como a los autos autónomos y robots de Tesla.
Un conglomerado comparado con General Electric
De concretarse, la fusión reuniría actividades de automóviles, transporte autónomo, robótica, baterías, almacenamiento energético, semiconductores, centros de datos, inteligencia artificial, lanzamientos espaciales, telecomunicaciones satelitales y defensa. El banco RBC calculó, como ejercicio teórico y sin que constituya una oferta real, una adquisición de Tesla por parte de SpaceX a 480 dólares por acción, lo que daría a los accionistas del fabricante de automóviles cerca de 48% de una empresa combinada valorada en unos 3.74 billones de dólares.
Por su amplitud sectorial, el eventual grupo se compararía con General Electric, el conglomerado industrial que durante buena parte del siglo XX concentró tecnologías como energía nuclear, electricidad, motores, turbinas, plásticos y televisión. La diferencia es que la combinación Tesla-SpaceX estaría enfocada en las tecnologías digitales, energéticas y espaciales que configuran la economía del siglo XXI, en lugar de la manufactura pesada que caracterizó a GE.
La operación, sin embargo, enfrentaría obstáculos regulatorios considerables. Tesla mantiene en Shanghái una de sus principales plantas, que según las autoridades locales representó más de 54% de la producción mundial de vehículos de la empresa durante el primer semestre de 2026. SpaceX, por su parte, es contratista estratégico del gobierno estadounidense y mantiene contratos multimillonarios ligados a lanzamientos militares, comunicaciones y sistemas espaciales de defensa.
Esa combinación —una planta clave en territorio chino y contratos sensibles con el Pentágono bajo un mismo techo corporativo— podría obligar a establecer salvaguardias societarias y tecnológicas para limitar el acceso a información confidencial, además de someter la fusión al escrutinio de las autoridades estadounidenses de competencia. JPMorgan ubica ese punto como el principal riesgo geopolítico de la operación.
El episodio se suma a movimientos recientes del empresario fuera del terreno automotriz y espacial, entre ellos una inversión cercana a los 1,000 mdd en Skydance tras la fusión entre Paramount y Warner. Para México, el seguimiento a estas operaciones cobra relevancia en un contexto de reconfiguración de cadenas de suministro tecnológicas, un fenómeno visible también en el repunte de las exportaciones electrónicas de Jalisco, que creció 130% sin que el PIB estatal avanzara al mismo ritmo.
Musk fue claro en que la decisión no le corresponde a él en solitario: cualquier fusión requerirá el aval de accionistas que representen al menos la mitad del capital de Tesla en circulación. Por ahora, las compañías no han fijado valoración conjunta, relación de canje ni calendario para las negociaciones.


