En ese margen de espera bajo el sol se cifra buena parte de la relación entre el poder y quienes lo aguardan: la paciencia como forma de lealtad y el discurso como recompensa diferida. Sheinbaum agradeció el cariño "mutuo" y garantizó obras de bacheo e iluminación, la prosa menor con la que toda rendición de cuentas mexiquense parece condenada a terminar, aunque venga envuelta en las materias de seguridad, salud, educación e infraestructura que destacó ante los asistentes.
"Yo quiero agradecerles, la verdad, porque siempre que venimos al Estado de México hay mucho cariño y es mutuo, se les quiere mucho, la verdad", dijo Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México.
Le siguió la pieza central del discurso, la que probablemente sobrevivirá en los resúmenes de fin de semana: "El Estado de México es la entidad no solo con más habitantes del país, sino donde hay solidaridad y mucho amor (.). Vamos a seguir trabajando por el Estado de México". Es difícil discutirle el primer dato —el Edomex es, en efecto, la entidad más poblada del país—, pero conviene notar que el amor, a diferencia de la población, no lo mide el INEGI.
La gobernadora Delfina Gómez, anfitriona política del acto, agradeció a la presidenta por las acciones emprendidas en la entidad, en un gesto protocolario que entre gobiernos alineados funciona como certificado de buena conducta. En el material no consta ninguna voz que matice ese aplauso, lo cual describe la composición del acto más que el estado real de las cosas en el Edomex.
El informe llegó como capítulo final de una temporada bien coreografiada. Apenas días antes, el Grito de Independencia había reunido a 30 mil personas en Toluca, con espectáculo de drones incluido, y el propio gobierno mexiquense había presumido una caída de 15.5% en la incidencia delictiva, con dos años consecutivos a la baja, según el INEGI. La rendición de cuentas del viernes no fue un examen sorpresa, sino el desenlace de una secuencia de buenas noticias.
Ahí opera el diseño del formato: un Segundo Informe de Gobierno rara vez se presenta como el lugar donde se admiten fracasos. Es, por costumbre política, el escaparate donde el sexenio se cuenta a sí mismo la versión que prefiere recordar. La escena de un mandatario que convierte hasta el imprevisto en parte del relato tiene antecedentes: los informes presidenciales, ritual anual desde el siglo XIX y hoy sin comparecencia obligatoria ante el Congreso de la Unión tras la reforma de 2008, funcionan como puesta en escena controlada más que como escrutinio.
Sheinbaum lo hizo con las herramientas de siempre —seguridad, salud, educación, infraestructura— y con el añadido, quizá involuntario, de que la carretera terminó incorporada al guion de una presidenta que llega tarde pero llega, y que cuando llega, promete. La lógica no es nueva en la relación de Morena con sus bastiones territoriales, como se ha visto en otras coberturas de la edición nacional.
La escena no debería leerse solo como anécdota logística. Dos horas de espera multiplicadas por 65 mil personas son, en la aritmética silenciosa de la política mexicana, un capital de paciencia que ningún gobierno debería dar por descontado. El aplauso de este viernes en Toluca se cobra, tarde o temprano, en la próxima cita electoral.