El recargo fue anunciado por Beijing desde enero como una tarifa aplicable a todos los proveedores extranjeros de carne de res, con el propósito declarado de proteger al sector ganadero chino. Brasil, el mayor exportador mundial de este producto, llegó este miércoles al límite de su cuota, según informó el propio ministerio, lo que activa de manera automática el sobrearancel para cualquier envío adicional en lo que resta del año.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, señaló la semana pasada que Uruguay autorizó a Brasil a utilizar el excedente de su propia cuota de exportación de carne de res hacia China, una vía que el gobierno brasileño buscaba como salida ante el cierre de su cupo. Sin embargo, de acuerdo con fuentes del sector consultadas por Reuters, China no ha accedido a permitir ese traslado de cuota ni para este año ni para 2027.
Las mismas fuentes indicaron que, incluso si Brasil lograra un acuerdo directo con otros países para aprovechar volúmenes de carne no utilizados, resultaría poco probable que el gobierno chino diera su consentimiento a ese esquema. En mayo, Reuters informó de que Beijing ya había rechazado en repetidas ocasiones las gestiones de Brasil para conseguir ese permiso.
China es el principal comprador de carne de res producida en Brasil, por lo que cualquier ajuste en el mecanismo de cuotas tiene un efecto directo sobre los volúmenes que la industria brasileña coloca en ese mercado. La atención del sector se concentra ahora en si el Ministerio de Comercio chino renovará o modificará este esquema para 2027 antes de que termine el año.
Caída proyectada en exportaciones brasileñas
La asociación sectorial brasileña Abiec estima que el volumen total de exportaciones de carne de res de Brasil caerá 10% en 2026 respecto al año anterior, en un contexto marcado por las restricciones impuestas por Beijing y por una medida similar adoptada recientemente por la Unión Europea. Ese doble frente —el asiático y el europeo— presiona a uno de los sectores agroexportadores más relevantes de la economía brasileña, que depende en buena medida del mercado chino para colocar su producción excedente.
La tensión comercial entre ambos países no es nueva: en 2021 China suspendió durante más de tres meses las importaciones de carne brasileña tras detectarse dos casos atípicos de encefalopatía espongiforme bovina, un episodio que golpeó fuertemente a los frigoríficos de Brasil, principal proveedor del mercado chino. El actual esquema de cuotas y aranceles adicionales, vigente desde enero de este año, marca una nueva etapa de restricciones estructurales, ya no sanitarias.
El futuro de las cuotas para 2027 quedará en manos del Ministerio de Comercio chino antes de que concluya el año, una definición que la industria ganadera brasileña sigue de cerca ante la posibilidad de que se mantenga o endurezca el actual esquema.