Irán había presentado antes lo que denominó el "Plan de siete días para detener las hostilidades", una propuesta que incluía la reapertura del estrecho de Ormuz y conversaciones sobre el programa nuclear iraní. Estados Unidos rechazó ese plan y respondió con una contrapropuesta propia que, de acuerdo con Araqchí, el gobierno iraní analiza actualmente.
"Creo que daremos una respuesta en unos días", dijo Abás Araqchí, canciller de Irán, sobre la propuesta estadounidense recibida a finales de septiembre.
Araqchí sostuvo que el canal de comunicación con Washington permanece abierto pese a la ausencia de contactos directos entre ambos gobiernos.
"El proceso de negociación continúa a través de intermediarios", sostuvo Araqchí al referirse a los contactos entre Teherán y Washington.
Las declaraciones se producen en medio de un repunte de agresiones contra buques que transitan por el estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que circulaba el 20% del petróleo mundial antes del inicio del conflicto. La Agencia de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO) reportó que diez buques cisterna fueron atacados en la zona entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre, la cifra semanal más alta registrada en lo que va del año, de acuerdo con un informe de la consultora Kpler enviado a la agencia EFE. Los ataques no se han detenido: se contabilizaron cuatro adicionales desde el 4 de octubre.
El tránsito de petróleo por Ormuz ha caído 27% desde el máximo alcanzado durante la guerra, consecuencia del bloqueo que Irán impuso tras el estallido del conflicto como principal medida de presión frente a Estados Unidos. Washington, por su parte, ha logrado restablecer parcialmente el tráfico marítimo mediante una ruta meridional cercana a Omán, lo que ha permitido sostener parte del flujo comercial pese al pulso por el control del paso.
El cierre de Ormuz como arma de presión tiene antecedentes: durante la guerra entre Irán e Irak, en la llamada "guerra de los petroleros" de 1984 a 1988, ambos bandos atacaron centenares de buques cisterna en el Golfo Pérsico, episodio que llevó a Estados Unidos a escoltar barcos en la zona. El pulso actual se inscribe en la misma volatilidad regional que ha marcado la cobertura reciente, como el incidente que llevó al embajador de Israel en México a celebrar la frustración de un ataque en un vuelo de Dubái.
Irán ha condicionado el fin de las hostilidades al cese de ataques en toda la región y a la liberación de fondos congelados en terceros países, entre otras demandas, para reabrir por completo el estrecho de Ormuz. Araqchí no detalló plazos adicionales ni mencionó si la respuesta iraní incluirá una contraoferta formal, pero reiteró que el canal de comunicación con Washington, mediado por terceros países, permanece activo.