El extitular del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial se plantó ante los micrófonos al final del acto y explicó que él no tiene la culpa de que sus simpatizantes lo hayan vitoreado. "No puedo limitar la libertad de expresión de mis compañeras y compañeros", dijo, un argumento que descargó sobre los asistentes la responsabilidad de una escena que giraba en torno a su propio nombre.
Nieto eligió con precisión los términos de su defensa. Como exfuncionario federal, conoce el reglamento que separa los recursos públicos de la propaganda partidista, la razón de ser del artículo 134 de la Constitución: impedir que un acto de rendición de cuentas de la titular del Ejecutivo se convierta en plataforma de una carrera política estatal.
"Absolutamente no [violo la ley]. No puedo limitar la libertad de expresión de mis compañeras y compañeros (.). Somos un movimiento que venimos a apoyar a nuestra presidenta en este pleno ejercicio de nuestra libertad de expresión, no hay alguna violación al artículo 134 constitucional de mi parte por algo muy sencillo: yo no soy seguridad pública, no tengo acceso a recursos públicos", declaró Santiago Nieto, coordinador de Morena en Querétaro.
La respuesta es técnicamente cerrada y políticamente insuficiente, porque el punto no es si Nieto maneja presupuesto federal, sino si su presencia —y la de sus seguidores identificados con su nombre— convirtió un acto republicano en proselitismo apenas disfrazado. Cuando le preguntaron quién lo invitó, respondió: "Soy ciudadano (.). Este es el primer evento de acceso libre, es un tema de libertad de tránsito, libertad de reunión". Al ser cuestionado sobre si se aprovechaba de los eventos de la presidenta, contestó con un lacónico "no, no".
La propia Sheinbaum se había anticipado a la sospecha. En su rendición de cuentas previa en Guanajuato, la mandataria delimitó el carácter de esos actos: "este no es un evento que no es para los partidos, no es electoral", y agregó que se trata de "un evento republicano, de rendición de cuentas". La frase reconoce, por vía de la negación, el terreno resbaladizo en que se mueven estas giras.
El episodio no ocurre en el vacío. La figura de los coordinadores en defensa de la transformación designados por Morena en distintos estados ha empezado a generar un patrón: exfuncionarios que se asoman a los actos oficiales con el argumento de que ahí no representan a ningún partido. El artículo 134 habla de recursos públicos y neutralidad de los servidores en ejercicio, no de manifestaciones de simpatía de particulares, y en ese resquicio se instala la defensa.
La contienda por esa zona gris ya está judicializada. Movimiento Ciudadano denunció ante el Instituto Nacional Electoral a Morena por presuntos actos anticipados de campaña tras la designación de coordinadores en diez estados, una disputa emparentada con la que ilustra la escena de Querétaro y que remite al debate abierto sobre cómo, bajo la figura de "defensores", los partidos bordean las leyes electorales. La pregunta de fondo —dónde termina la rendición de cuentas y dónde empieza la campaña anticipada— quedó, una vez más, contestada con una sola palabra: libertad.