El Petite Belle acaba de incorporarse al mercado como uno de los modelos de la gama Sunreef 100 Power, un catamarán concebido, según las especificaciones del astillero, para navegar durante todo el año con la posibilidad de personalizar cada detalle al gusto del futuro propietario. Su perfil de doble casco lo diferencia de los monocasco que predominan en el segmento de superyates de lujo.
Con sus 13,5 metros de manga, la embarcación ofrece una superficie habitable de casi 600 metros cuadrados, una dimensión más propia de una vivienda de alto nivel que de una nave de recreo. Su capacidad permite alojar a una decena de invitados, con acabados en maderas claras y amplias superficies acristaladas que buscan una integración visual constante con el mar.
El salón panorámico de la cubierta principal, con ventanales que ofrecen una visión de 360 grados, figura entre los espacios más característicos del diseño. La zona de popa alberga uno de sus elementos más singulares: un club de playa desplegable que transforma la parte trasera en una plataforma junto al agua, desde la que los pasajeros pueden bañarse o tomar el sol. La nave dispone además de un garaje interior para una embarcación auxiliar y motos de agua.
La cubierta superior incorpora una terraza elevada con zona de descanso, comedor, bar y un espacio preparado para instalar un jacuzzi, orientada a las puestas de sol que cada verano atraen a miles de visitantes al litoral de la isla. Esta configuración responde a una tendencia consolidada en el diseño de superyates, centrada en maximizar los espacios exteriores.
Fabricante compartido con Nadal y Alonso
Sunreef Yachts, con sede en Gdansk (Polonia), ha ampliado en los últimos años su cartera de clientes entre deportistas de élite. Rafael Nadal es propietario de un modelo Sunreef 80 y Fernando Alonso posee un Sunreef 60, ambos de menores dimensiones que el Petite Belle. Ninguno de los dos deportistas guarda relación con la embarcación avistada este verano en Ibiza, que corresponde a un propietario distinto y no identificado públicamente.
Más allá del diseño, el Petite Belle incorpora paneles solares integrados en su estructura y un sistema de baterías que, según el astillero, permiten reducir el consumo energético y disfrutar de una navegación más silenciosa durante los fondeos. La apuesta por la eficiencia se ha convertido en un argumento comercial creciente en un sector expuesto a una regulación medioambiental cada vez más exigente en aguas europeas.
En términos de propulsión, la nave equipa dos motores MAN de 1.200 caballos cada uno, que le permiten alcanzar una velocidad máxima cercana a los 16 nudos, una cifra moderada frente a otros superyates de motor de coste similar. El dato confirma que su diseño prioriza el confort y la autonomía de navegación sobre las prestaciones de velocidad.
La presencia de grandes embarcaciones en el litoral balear coexiste cada verano con la protección de las praderas de posidonia que rodean Ibiza y Formentera, un ecosistema incluido por la Unesco en la lista de Patrimonio de la Humanidad en 1999. El fondeo sobre estas praderas está restringido en el archipiélago, una limitación que afecta a las zonas donde suelen concentrarse los yates de gran eslora durante la temporada alta.
El caso del Petite Belle, sin que trascienda la identidad de su propietario, ilustra la dimensión que ha alcanzado la náutica de alta gama en el Mediterráneo occidental, un fenómeno estival que Ibiza consolidó a partir de la década de 2000 como destino de referencia para el turismo náutico de alto nivel.

