La Sierra de la Groba alberga en su ladera occidental numerosos cursos de agua que descienden con fuerza hacia el océano Atlántico esculpiendo el paisaje granítico característico de esta franja del sur de la provincia de Pontevedra. El río Peito es el responsable directo de la formación de las Pozas de Mougás, una sucesión de cascadas y cavidades de distinta profundidad excavadas por la erosión, que durante los meses más cálidos se convierten en zonas de baño rodeadas de una vegetación abundante que mantiene la sensación de frescor incluso en pleno verano.
La comparación con paisajes islandeses, recurrente entre quienes conocen el lugar, responde a la combinación de roca desnuda, agua en movimiento constante y arbolado que aporta sombra. Se trata de una imagen poco habitual en el imaginario turístico asociado a Galicia, más vinculado a las Rías Baixas o a las playas del litoral, lo que en parte explica el interés por este tipo de enclaves de interior.
Acceso, recorrido y mejor época de visita
Llegar hasta las pozas exige cierta planificación. La vía de acceso es la carretera PO-552, que conecta Bayona con La Guardia a lo largo de la franja costera del sur de Pontevedra. Al llegar a la parroquia de Mougás es necesario desviarse en dirección a la iglesia y continuar por una pista forestal que asciende hacia el monte durante unos 2,5 kilómetros, hasta encontrar un camino lateral, a la izquierda, que conduce al valle donde se sitúan las cascadas.
El estado irregular del firme en el tramo final desaconseja el uso de turismos convencionales, por lo que se recomienda completar a pie el último tramo, de algo más de un kilómetro. Tras esa caminata se alcanza la primera gran cascada, punto desde el cual el sendero se bifurca: una opción desciende hacia el arroyo del Foxo, donde el agua discurre entre grandes bloques de granito, y otra asciende hasta la poza de mayor tamaño, alimentada por el Rego das Pías.
Según explica el portal Galicia Máxica, la mejor época para apreciar la fuerza de las cascadas coincide con los meses más lluviosos, cuando el caudal aumenta y el paisaje ofrece su imagen más espectacular. En contraste, el verano brinda la experiencia más demandada por los bañistas: aguas frescas, remansos tranquilos y un entorno arbolado que mitiga las temperaturas de la estación. El espacio dispone además de una zona recreativa equipada con mesas y fuentes junto al Rego das Pías, que facilita disfrutar de una jornada completa en plena naturaleza.
Petroglifos, Camino de Santiago y los curros
El valor del enclave no se limita a lo paisajístico. A pocos minutos de las pozas se encuentran los petroglifos de O Pousiño, grabados prehistóricos realizados sobre la roca hace miles de años que certifican que estas montañas estuvieron habitadas desde tiempos remotos. Galicia concentra una de las mayores densidades de arte rupestre al aire libre de Europa, un patrimonio catalogado por la Xunta de Galicia a través de la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural, lo que sitúa a Mougás dentro de un legado arqueológico de alcance regional.
La página oficial de Turismo de Galicia incluye las Pozas de Mougás entre los atractivos vinculados al Camino Portugués de la Costa, una de las variantes del Camino de Santiago que discurre pegada al litoral atlántico antes de internarse hacia Pontevedra y Santiago de Compostela. Numerosos peregrinos aprovechan el trazado para hacer una parada de descanso en el paraje antes de reanudar la ruta jacobea, lo que ha contribuido a su difusión entre caminantes internacionales.
Otro de los rasgos distintivos de la sierra es la presencia de caballos que pastan en libertad, una estampa vinculada a los conocidos «curros» de Mougás. Se trata de una tradición ganadera propia del monte gallego, consistente en el rapado y marcaje de los caballos salvajes, que se celebra cada año durante los meses de mayo y agosto. La práctica constituye una de las manifestaciones de cultura popular más arraigadas del rural pontevedrés, con paralelismos en otras localidades gallegas como Sabucedo, cuya «Rapa das Bestas» está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.
El acceso al enclave es libre y no está sometido a control de aforo, a diferencia de otros espacios naturales gallegos como las Islas Cíes, integradas en el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas, donde la Xunta aplica cupos diarios de visitantes. La ausencia de restricciones formales convive con la recomendación, habitual en pozas naturales de fondo irregular y corriente variable, de extremar la precaución al bañarse y de respetar la señalización forestal existente en el tramo de acceso a pie.
La puesta en valor de este tipo de parajes se enmarca en la búsqueda de fórmulas de diversificación turística en un territorio de interior afectado por la despoblación rural, un fenómeno que afecta a buena parte de las comarcas del interior de Galicia. Frente a la masificación registrada en temporada alta en puntos de la costa gallega, enclaves como las Pozas de Mougás representan un modelo de turismo de bajo impacto, cuyo mantenimiento dependerá de la conservación del entorno natural y del respeto de los visitantes a las normas de uso del monte.


