El argumento central se apoya en un solo indicador. "Uno de los resultados que más ha llamado la atención a los responsables de aplicar la prueba PISA en el mundo es que los estudiantes mexicanos están por encima del promedio de los países participantes en cuanto a la curiosidad por aprender cosas nuevas y a la perseverancia en conocer", señaló el secretario en el video. La curiosidad, a diferencia de la comprensión lectora, no se mide con reactivos que un estudiante pueda responder mal.
Delgado también advirtió sobre el entorno tecnológico: "la adicción a las pantallas nos está robando la atención de nuestros jóvenes" y la inteligencia artificial "ahorra el esfuerzo en la búsqueda de respuestas", por lo que la curiosidad y el pensamiento crítico se vuelven, dijo, "elementos fundamentales". Es un diagnóstico compartido por especialistas, y la propia dependencia lo ha llevado al terreno normativo: la SEP firmó con la Unesco una carta sobre el uso de dispositivos digitales en las aulas. Pero el diagnóstico sobre las pantallas no sustituye al diagnóstico pendiente sobre lectura y ciencias, que el video no toca.
El corazón de la Nueva Escuela Mexicana
El funcionario explicó que el modelo dejó atrás "la memorización y el maestro dictando frente a su grupo" para convertirse en "experiencia comunitaria a través de la enseñanza por proyectos", estrategia que calificó como "el corazón de la Nueva Escuela Mexicana". La pregunta que el video no responde es si ese enfoque mejora los signos vitales del estudiante mexicano en las pruebas que pesan a la hora de competir por una universidad o un empleo calificado.
Delgado atribuyó la percepción positiva de los alumnos sobre sus docentes —82% frente al 77% de la OCDE, según PISA 2025— a la política laboral aplicada desde 2018. Precisó que el salario promedio del magisterio ha aumentado más de 70% desde ese año y que más de 1,200,000 docentes han sido basificados. Son cifras que forman parte legítima del argumento: un maestro con certeza laboral enseña distinto a uno con la plaza en vilo. El uso, sin embargo, convierte el bienestar docente en argumento sobre el aprendizaje del alumno, que es otro terreno.
La medición del logro educativo mexicano no es nueva ni empezó con la NEM: desde que el país participa en PISA, en 2000, sus resultados en lectura, matemáticas y ciencias se han mantenido por debajo del promedio de la OCDE en cada edición. La reforma vigente no lleva una década completa aplicándose, y es razonable que los efectos tarden en manifestarse en los indicadores más duros. Ese matiz —el cambio institucional toma tiempo— es distinto de un titular de victoria.
"A pesar del poco tiempo que lleva la Nueva Escuela Mexicana en las aulas, este nuevo enfoque pedagógico empieza a dar sus resultados", dijo el secretario. Ahí opera el desplazamiento retórico: se afirma que ya funciona sin especificar en qué terreno todavía no lo hace. El propio funcionario había advertido que "conocer únicamente las respuestas correctas dejará de representar una ventaja", una idea que reordena el mérito hacia lo que las pruebas estandarizadas no miden.
"Felicidades, maestras y maestros", concluyó Mario Delgado, secretario de educación pública, en el video difundido en su cuenta de X.
La felicitación llega antes de que la ciudadanía conozca el balance completo. Ese orden —el aplauso antes que el diagnóstico— es el eje de esta comunicación: no el corazón de la escuela, sino el del vocero que decide qué mostrar y cuándo.