La carta que Salvador Illa entregó al papa León XIV durante la visita pastoral del pontífice a Barcelona el pasado fin de semana abre con la frase «Paz, paz y siempre paz», construcción que teje dos referencias simultáneas: las primeras palabras pronunciadas por León XIV tras su elección como sumo pontífice y la inscripción que figura en el santuario de la Mare de Déu de Queralt, en Berga. La elección de esa apertura no es ornamental. Illa busca trazar un puente simbólico entre el mensaje inaugural del Papa y una devoción mariana arraigada en el territorio catalán, presentando la convergencia como prueba de sintonía cultural y espiritual ante un interlocutor que, según el protocolo vaticano, recibirá la misiva a través de la Secretaría de Estado.
La misiva: Gaudí, san Agustín y el centenario como palanca
El grueso del texto sitúa la visita pontificia en el contexto del centenario de la muerte de Antoni Gaudí —fallecido el 10 de junio de 1926 tras ser atropellado por un tranvía en la Gran Via de Barcelona—, efeméride que la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona llevan meses articulando como eje de proyección exterior. Illa presenta la Sagrada Família como plasmación material de «amor y fe» y recurre a la cita agustiniana «La medida del amor es el amor sin medida» para dotar de trascendencia teológica a un argumento que, en su dimensión política, aspira a posicionar el templo como patrimonio universal capaz de «emocionar, enamorar y hermanar a todo el mundo».
Tres obsequios con carga histórica y política
El primer obsequio es una copia del acta de colocación de la primera piedra de la Sagrada Família, firmada el 19 de marzo de 1882. El documento evoca la continuidad de un proyecto iniciado hace más de ciento cuarenta años y sirve a Illa para introducir la metáfora de los «cimientos sólidos» sobre los que se alza «un sueño de piedra, formas, volúmenes y luz». El lenguaje poético, inusual en comunicaciones institucionales de este rango, refleja la voluntad de tratar el acto diplomático-religioso como un gesto de Estado con vocación histórica.
El segundo regalo es una reproducción de una muñeca articulada de marfil procedente de la necrópolis paleocristiana de Tarraco —la actual Tarragona—, yacimiento declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en el año 2000. La pieza original, datada aproximadamente entre los siglos III y IV de la era cristiana, fue hallada junto a los restos de una niña y se interpreta como ajuar funerario. Illa utiliza el objeto para un doble propósito: acreditar la antigüedad de la presencia cristiana en tierras catalanas —Tarraco fue sede episcopal ya en el siglo III— y conectar ese legado arqueológico con valores de trascendencia y esperanza que el pontífice puede reconocer como propios.
El tercer regalo, una copia de las Homilies d'Organyà, constituye el elemento con mayor carga política explícita. Consideradas uno de los textos más antiguos conservados en lengua catalana —datados entre finales del siglo XII y principios del XIII, aunque la discusión filológica sobre su cronología exacta permanece abierta—, las homilías son adaptaciones de sermones litúrgicos en romance vernáculo. Su entrega al Papa lleva aparejada la petición directa de que León XIV incorpore el catalán a sus alocuciones 'urbi et orbi' de Navidad, Pascua y elección pontificia, los tres momentos en que el pontífice dirige saludos en decenas de lenguas desde la logia de San Pedro.
La petición lingüística: señal interna y presión al Vaticano
La demanda sobre las salutaciones papales tiene un destinatario doble. El primero es el propio Vaticano: desde la elección de León XIV, sectores del catalanismo cultural y político registraron con atención qué lenguas empleaba el nuevo papa en sus primeras intervenciones públicas, y la ausencia del catalán en los saludos inaugurales generó críticas en algunos ámbitos nacionalistas. El segundo destinatario es interno: Illa, presidente del PSC y líder de un gobierno que necesita el apoyo parlamentario de ERC y otras fuerzas soberanistas para gobernar con estabilidad, enfrenta reproches recurrentes sobre su supuesta tibieza en la defensa del catalán. La carta al papa funciona, en esa lectura, como señal hacia su propio flanco izquierdo.
La Santa Sede no dispone de una política lingüística codificada para las salutaciones 'urbi et orbi': la selección de idiomas depende de la voluntad del pontífice y de las recomendaciones de la Secretaría de Estado. Juan Pablo II incluyó el catalán en algunas alocuciones durante sus visitas a España, y Benedicto XVI lo empleó puntualmente. Francisco, en sus años de pontificado, no lo incorporó de forma sistemática a las salutaciones solemnes, hecho que generó protestas periódicas de entidades culturales como Òmnium Cultural, según consta en sus comunicados públicos de los años 2014 y 2021. Que un presidente autonómico eleve la petición en una carta entregada en mano al papa constituye, cuando menos, un gesto sin precedente reciente en las relaciones entre la Generalitat y la Santa Sede.
El marco constitucional: los límites de la diplomacia autonómica
La actuación de Illa se mueve en un terreno constitucionalmente delicado. El artículo 149.1.3 de la Constitución española reserva en exclusiva al Estado la competencia en relaciones internacionales. Las comunidades autónomas pueden mantener relaciones de cooperación con instituciones extranjeras en materias de su competencia —cultura, lengua—, pero no pueden ejercer acción exterior con contenido político propio sin coordinación con el Ministerio de Asuntos Exteriores. El Estatut d'Autonomia de Catalunya de 2006 reconoce, en su artículo 193, la capacidad de acción exterior de la Generalitat, pero el Tribunal Constitucional ha fijado en sucesivas sentencias —entre ellas la STC 46/2015— que esa capacidad no puede contradecir ni comprometer la política exterior del Estado.
En la práctica, el encuentro entre Illa y León XIV se produjo en el contexto de una visita de Estado organizada por el Gobierno central, con el rey Felipe VI como interlocutor protocolar de primer nivel. La reunión en el Arzobispado de Barcelona fue un acto de la agenda pastoral del pontífice, no una audiencia bilateral con rango diplomático. Ese encuadramiento matiza el alcance institucional de la carta y los obsequios: se trata de un gesto político con valor simbólico, no de una negociación ni de un compromiso vinculante para ninguna de las partes.
Precedente histórico: Pujol, Juan Pablo II y la misma geometría
Las relaciones entre la Generalitat y la Santa Sede registran episodios de alta carga simbólica que proporcionan perspectiva. Durante la visita de Juan Pablo II a Barcelona en noviembre de 1982 —la primera de un papa a la ciudad tras la Transición—, el entonces president Jordi Pujol aprovechó el encuentro para subrayar la identidad catalana y la dimensión histórica del cristianismo en el territorio. Aquella visita coincidió con la bendición de la Sagrada Família por el pontífice polaco, hecho que Pujol integró en el relato de construcción nacional. La estrategia de Illa replica, con los matices propios de otro tiempo político, esa misma geometría: un presidente autonómico que utiliza un acto religioso de alcance universal para proyectar hacia dentro y hacia fuera una afirmación de singularidad cultural.
Próximos pasos: la respuesta vaticana y la agenda parlamentaria
El Vaticano no ha fijado plazo ni procedimiento para responder a peticiones de este tipo, y la Secretaría de Estado no tiene obligación protocolar de hacerlo de forma pública. La primera oportunidad concreta en que León XIV podría incorporar el catalán a una salutación 'urbi et orbi' sería la alocución de Navidad, prevista para el 25 de diciembre de 2025. En el plano interno, la Generalitat deberá presentar antes de finales de año los presupuestos de 2026, negociación en la que ERC —principal destinataria simbólica del gesto lingüístico ante el Papa— mantendrá abierto el expediente de la defensa del catalán como condición de gobernabilidad. La carta a León XIV quedará, en ese ínterin, como elemento de un equilibrio político que Illa necesita sostener en dos frentes a la vez.

