El caso de Osnabrück resume el dilema de fondo: Volkswagen atraviesa una reestructuración que implicará la pérdida de 50,000 empleos y el cierre probable de cuatro fábricas de automóviles en Alemania, presionada por la irrupción de fabricantes chinos en el mercado europeo. La planta, especializada en series especiales como el T-Roc Cabrio, el Golf Cabrio y los Porsche Boxster y Cayman, rescatará alrededor de 1,400 de los 1,800 puestos de trabajo actuales bajo el nuevo esquema.
"Con esta adquisición se está dando un paso importante hacia un nuevo futuro industrial para este lugar", dijo en un comunicado el director general de Volkswagen, Oliver Blume, quien añadió que "el personal de Osnabrück ha demostrado repetidamente cuánta experiencia, flexibilidad y dedicación tiene esta ubicación para ofrecer".
Aurelius Capital, firma de inversión con sede en Tel Aviv, tiene previsto fabricar en la planta alemana sistemas de defensa aérea para Europa y Alemania junto con Rafael, la empresa que desarrolla componentes esenciales del sistema israelí Iron Dome, entre ellos los proyectiles diseñados para interceptar misiles balísticos tácticos y cohetes de mediano y largo alcance a distancias de entre 40 y 300 kilómetros. Rafael produce también componentes del sistema de defensa láser Iron Beam, desplegado en la frontera norte de Israel.
Respaldo político en Baja Sajonia
La operación cuenta con el respaldo del gobierno regional. "Esta colaboración genera oportunidades reales de empleo a largo plazo y altamente cualificado en un lugar que lleva 125 años siendo sinónimo de excelencia industrial", afirmó Olaf Lies, ministro-presidente de Baja Sajonia, quien enmarcó el acuerdo en un cambio de paradigma para el país europeo.
"El entorno de seguridad del país ha cambiado de forma radical. Alemania y Europa deben reforzar sus capacidades en el sector de la seguridad y la defensa y alcanzar una mayor independencia. Esto supone tanto una responsabilidad como una oportunidad económica. Osnabrück puede desempeñar un papel importante en este esfuerzo", Olaf Lies, ministro-presidente de Baja Sajonia.
El fenómeno no se limita a Volkswagen. Las plantas de Rheinmetall en Berlín y Neuss, originalmente dedicadas a autopartes, ahora producen carcasas de proyectiles de artillería de 155 milímetros. La firma franco-alemana KNDS transformó una instalación de 70,000 metros cuadrados, antes ligada al fabricante francés de trenes Alstom en Görlitz, en un centro de producción de componentes para vehículos blindados, incluido el tanque Leopard 2A8; el proceso, iniciado el año pasado, prevé generar 400 empleos hacia finales de este año.
En Holanda, la antigua fábrica de VDL Nedcar en Born, provincia de Limburgo, que llegó a emplear hasta 4,000 personas y produjo alrededor de 1.2 millones de autos desde 2014, recibió el año pasado un encargo del Ministerio de Defensa neerlandés para fabricar drones, vehículos y baterías militares por un contrato a 10 años. La empresa atribuyó el cambio de giro a la ausencia de nuevos proyectos automotrices y a la necesidad de un modelo de ingresos más sólido frente a la evolución del mercado y la geopolítica.
En Francia, el Grupo Renault producirá en su planta de Le Mans, al suroeste de París, drones para el Ministerio de Defensa francés, con una meta de 600 unidades mensuales que incluyen el dron Toutatis y el vehículo de mando móvil polivalente 4 TROOP.
El respaldo de 800,000 millones de euros
Detrás de esta reconversión industrial está el rearme europeo desatado tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, que expuso la fragilidad de una industria armamentista continental pequeña y la dependencia de los ejércitos europeos respecto de la producción estadounidense. El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca añadió urgencia al proceso: el mandatario ha cuestionado la ayuda a los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte que, según su criterio, no gastan lo suficiente en defensa, y ha expresado la intención de anexarse Groenlandia, territorio de Dinamarca, por razones de seguridad nacional.
Para sostener esta transformación, la Comisión Europea asignó una partida de 800,000 millones de euros dentro del plan denominado ReArmar Europa, con el que Bruselas busca reducir la dependencia de armamento importado y consolidar una base industrial de defensa propia entre los países del bloque. Esa cifra representa el mayor esfuerzo presupuestal europeo en defensa desde el fin de la Guerra Fría, cuando el gasto militar del continente cayó de forma sostenida tras la disolución de la Unión Soviética en 1991.
La reconversión de plantas automotrices hacia la manufactura militar tiene precedente en el propio siglo XX europeo: durante la Segunda Guerra Mundial, fabricantes como Volkswagen, fundada en 1937, y Renault dedicaron sus líneas a vehículos y equipo bélico, y el sector automotriz alemán quedó bajo control aliado tras 1945. El giro actual invierte parcialmente la lógica de la desmilitarización industrial que siguió a aquel conflicto.
Incendios sospechosos en seis países
La expansión de la industria bélica europea no está exenta de riesgos. Desde agosto, ocho fabricantes en seis países europeos han sido blanco de incidentes incendiarios, dos de ellos en Alemania —uno en las oficinas de Múnich de una compañía de sistemas de comunicación para el servicio secreto alemán y el Ejército— y otros dos en Polonia, incluido un incendio en la planta de WB Electronics, donde se producen drones para Ucrania y otros países.
El patrón de los ataques, dirigidos contra objetivos específicos con métodos planificados, ha llevado a las autoridades europeas a especular con operaciones de sabotaje promovidas por Rusia, aunque hasta ahora no se han presentado evidencias concretas que confirmen la participación de Moscú en los incidentes registrados en las fábricas armamentistas del continente.
El proceso ocurre en paralelo a la reconfiguración de otras cadenas de suministro estratégicas afectadas por decisiones de Washington, como reflejó recientemente el desplome de la prima del cobre en EU tras conocerse que la Casa Blanca frenó el arancel al metal, otro indicio de cómo las políticas comerciales estadounidenses inciden en decisiones industriales al otro lado del Atlántico.