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Editorial

La tarde de las siete heridas

Sevilla ha hablado, el Supremo ha confirmado, Mascate se ha roto, el Hondius ha contagiado, Telma ha golpeado, los mercados han temblado y Villarejo ha salido del quirófano. España afronta una noche en la que todas las crisis convergen y ninguna admite aplazamiento.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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La tarde de las siete heridas
ILUSTRACIÓN DE EL HEMICICLO

Hay tardes que contienen semanas enteras, y esta ha sido una de ellas. En apenas cuatro horas, entre las dos y las seis de la tarde de este miércoles 21 de mayo, España ha recibido siete noticias que, por separado, habrían bastado para dominar el ciclo informativo durante días. Juntas, configuran un escenario que no tiene precedente en la historia reciente del país.

La primera herida la ha abierto Sevilla, donde la federación andaluza del PSOE ha votado lo que Pedro Sánchez llevaba semanas intentando evitar. Seis provincias a favor, dos abstenciones, ningún voto en contra. La solicitud de congreso federal extraordinario antes del 15 de julio es ya un hecho orgánico que Ferraz no puede ignorar sin vulnerar los estatutos del partido. Los aplausos irónicos con los que los delegados andaluces recibieron la intervención de Cerdán dicen más sobre el estado del PSOE que cualquier encuesta: el partido ha dejado de escuchar a su dirección porque su dirección ha dejado de escuchar al partido.

La segunda herida la ha infligido el Tribunal Supremo con la confirmación oficial de que mañana, a las diez de la mañana, se leerá la sentencia del caso Koldo. La unanimidad de los cinco magistrados es la peor noticia posible para quienes esperaban que un voto particular abriera una grieta argumental. No habrá grietas. Habrá veinticuatro años de prisión para un hombre que fue ministro de Transportes del Gobierno de España, y esa cifra — veinticuatro — se convertirá mañana en el número que define una época.

La tercera herida ha llegado desde Mascate, donde Rubio ha abandonado la mesa de negociación con un gesto que los mercados han interpretado como ruptura. Las cuarenta y ocho horas que Trump ha dado a Irán no son un plazo diplomático: son un ultimátum militar disfrazado de tuit. Si Project Freedom pasa a Fase 3, el Estrecho de Ormuz dejará de ser una vía marítima para convertirse en un campo de batalla, y el precio del petróleo hará parecer baratos los 98 dólares a los que ha cerrado hoy el Brent.

La cuarta herida es sanitaria y se llama hantavirus. Tres españoles positivos en el Gómez Ulla, uno en la UCI, cuarenta y siete contactos estrechos repartidos por cinco comunidades. La OMS convoca reunión de emergencia. La cepa Andes modificada tiene una tasa de mortalidad del 13,8%. No es otra pandemia — no todavía —, pero es la confirmación de que el virus ha saltado del barco al continente, y esa frontera, una vez cruzada, no se puede descruzar.

La quinta herida la ha asestado Telma, la borrasca que ha convertido el centro peninsular en una zona de riesgo con lluvias de 78 litros por metro cuadrado y vientos de 115 kilómetros por hora. La naturaleza no entiende de calendarios políticos, pero su indiferencia tiene la virtud cruel de recordarnos que hay amenazas que no se gestionan con comunicados de prensa.

La sexta herida es financiera: un IBEX en mínimos mensuales, un oro en máximos históricos, un euríbor que encarece las hipotecas en 64 euros al mes. Los mercados, que son el sismógrafo más sensible de la incertidumbre, están diciendo con sus cifras lo que los políticos no se atreven a verbalizar: España ha entrado en una zona de turbulencias que puede durar meses.

Y la séptima herida, quizá la más reveladora por lo que dice sobre el estado de nuestro sistema judicial, es que un excomisario de policía condenado por revelar secretos ha sido operado de la cadera en una clínica privada con custodia policial pagada por el Estado mientras el juicio en el que es acusado principal permanece suspendido hasta junio. La democracia española tiene la capacidad infinita de producir escenas que ningún guionista propondría por miedo a que le acusaran de falta de sutileza.

Esta noche, Pedro Sánchez se reunirá en Moncloa con Bolaños, Alegría y Cerdán para decidir qué hacer con un partido que ha votado contra él en Sevilla. Mañana a las diez, Marchena leerá una sentencia que puede enviar a la cárcel al hombre que fue el número dos del ministerio más poderoso del Gobierno. Pasado mañana, la OMS evaluará si un virus que empezó en un crucero de observación de aves puede convertirse en una emergencia continental. El viernes, la Audiencia Provincial decidirá si la esposa del presidente será juzgada por un jurado popular. Las siete heridas de esta tarde no cicatrizarán en días. Algunas no cicatrizarán en años. Y mañana, cuando España despierte con la radio encendida esperando las palabras de Marchena, todas ellas seguirán abiertas.

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