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Editorial

El domingo que decidirá el lunes

Mientras España desayuna, la Mesa del Congreso prepara la sesión del pleno, Montero ultima su comparecencia en el Senado por la SEPI, la UCO cruza datos en un despacho de la Comandancia de Madrid y en Mascate los inspectores de la OIEA revisan el cronograma de verificación nuclear. Cuatro frentes que convergerán el lunes en una jornada que puede alterar el curso de la legislatura.

Por Redacción de El Hemiciclo· Madrid·
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El domingo que decidirá el lunes

Hay domingos que son paréntesis y domingos que son bisagras. Este es de los segundos. Mientras la mayor parte de España se despereza con la rutina apacible del séptimo día —café, prensa, paseo, comida familiar—, en al menos cuatro despachos separados por cientos de kilómetros se trabaja con la intensidad silenciosa que precede a las tormentas. En la planta tercera del Congreso de los Diputados, el equipo de la Secretaría General ultima el orden del día del pleno de mañana lunes, un pleno que debería haber sido rutinario —reforma del artículo 103, convalidación del decreto social— pero que la ruptura de Junts con el bloque gubernamental ha convertido en un campo de minas parlamentario donde cada voto es una incógnita y cada abstención puede ser la diferencia entre la supervivencia legislativa del Gobierno y su primera gran derrota en el hemiciclo.

El pleno del lunes es, de los cuatro frentes, el que concentra el mayor riesgo inmediato para la estabilidad del Gobierno. La reforma del artículo 103 de la Constitución, que requiere una mayoría cualificada de tres quintos y que el PP ha acompañado con una enmienda a la totalidad que convierte el debate en un juicio político sobre la gestión del ejecutivo, será el primer termómetro de la semana sobre la aritmética parlamentaria de Sánchez. Las conversaciones entre Moncloa y los siete diputados de Junts, que se han producido a través de intermediarios desde el jueves —el propio Sánchez no ha hablado con Puigdemont desde la ruptura del pasado miércoles—, no han producido hasta esta mañana ningún compromiso firme de voto. Las fuentes de Junts consultadas por este periódico describen la posición del partido como 'de espera activa': Puigdemont quiere ver si el Gobierno ofrece algo tangible antes de decidir si vota a favor, se abstiene o vota en contra, y ha trasladado a sus interlocutores que 'las palabras de Díaz no se arreglan con disculpas sino con hechos'. El problema para Sánchez es que los 'hechos' que Junts demanda —un calendario verificable para la mesa de diálogo, un compromiso público sobre el referéndum de autodeterminación, una destitución o desautorización formal de Díaz— son precisamente los que Moncloa no puede ofrecer sin provocar una crisis interna que haría más daño que la propia derrota parlamentaria.

La comparecencia de Montero en el Senado es el segundo frente y, aunque carece del dramatismo inmediato del pleno, tiene un potencial erosivo que el Gobierno no subestima. La comisión de investigación sobre la SEPI, constituida a instancias del PP con el apoyo de Vox, Junts y Coalición Canaria, tiene como objeto esclarecer los criterios de inversión del holding público durante el mandato de Montero como ministra de Hacienda y, desde diciembre de 2025, como vicepresidenta primera. El PP ha centrado su batería de preguntas en tres operaciones concretas: la inyección de 475 millones en la aerolínea Plus Ultra en 2021, la compra de un 10% de Telefónica por 2.400 millones en 2023 y la reciente adquisición de participaciones en dos empresas tecnológicas cuyos consejeros incluyen a personas vinculadas al PSOE. Montero, que declarará bajo juramento, ha preparado un dossier de 240 páginas con la justificación económica de cada operación, pero sus asesores reconocen que el formato senatorial —preguntas breves, respuestas limitadas a tres minutos, sin posibilidad de contextualización extensa— favorece a la acusación porque permite encadenar preguntas incómodas sin dar tiempo a respuestas completas. La experiencia de comparecencias anteriores sugiere que el daño no se producirá en el Senado sino en los telediarios de la noche: los cortes de vídeo de 30 segundos con las preguntas más afiladas del PP circularán por las redes antes de que Montero haya terminado de hablar.

El tercer frente es el judicial, y su epicentro está en un despacho sin ventanas de la Comandancia de la Guardia Civil en la calle Guzmán el Bueno de Madrid donde los analistas de la UCO trabajan hoy domingo con turnos de 12 horas. Como informa Elena Vidaurre en la exclusiva que abre esta edición, el análisis forense del teléfono del cuarto detenido del caso Koldo ha revelado la existencia de un quinto interlocutor con posible acceso a las bases de datos de la Agencia Tributaria, un hallazgo que, si se confirma, extendería la trama desde el Ministerio de Transportes hasta el Ministerio de Hacienda y convertiría el caso Koldo en la mayor investigación de corrupción institucional desde la Gürtel. La posibilidad de una quinta detención el lunes añade al pleno del Congreso un telón de fondo que ningún director de escena podría haber diseñado mejor: mientras Sánchez pelea por cada voto en el hemiciclo, la Guardia Civil podría estar deteniendo a un funcionario de un ministerio dirigido por su vicepresidenta primera en una operación directamente vinculada a una trama que nació en el entorno de su propio partido. La coincidencia temporal es accidental —la UCO no consulta el calendario parlamentario para planificar sus operaciones—, pero su impacto político será inseparable de la jornada del lunes.

El cuarto frente, el diplomático, opera con la distancia física y emocional que impone Mascate pero con una conexión económica que los mercados han demostrado esta semana con una elocuencia que no admite discusión. La hoja de ruta nuclear acordada entre Irán y Estados Unidos bajo supervisión de la OIEA establece que la primera inspección de las instalaciones de Natanz debe completarse antes del 15 de mayo, un plazo de 26 días que los diplomáticos califican de 'ambicioso pero no irreal'. Si la inspección se produce según lo previsto y los resultados son satisfactorios, la segunda fase de la hoja de ruta —que incluye el levantamiento parcial de sanciones y la reanudación de las exportaciones iraníes de crudo— podría activarse antes del verano, lo que hundiría definitivamente el Brent por debajo de los 75 dólares y aliviaría la factura energética española en un momento en que la inflación al 3% dictaminada por el FMI amenaza con erosionar el poder adquisitivo de las familias. Si la inspección se retrasa o fracasa, el escenario se invierte: el Brent rebotaría, la inflación se dispararía y el BCE podría frenar los recortes de tipos que los mercados ya descuentan. Mascate, en definitiva, es el control remoto que alguien aprieta a 6.000 kilómetros y cuyo efecto se siente en la cesta de la compra de Carabanchel.

Lo que convierte a este domingo en una bisagra y no en un paréntesis es la convergencia de los cuatro frentes en un periodo de 24 horas. Las legislaturas no mueren de un solo golpe; mueren de acumulación, de la superposición de crisis que individualmente serían manejables pero que combinadas desbordan la capacidad de respuesta de cualquier gobierno. Sánchez ha demostrado en estos tres años una resiliencia política que sus adversarios no dejan de subestimar: ha sobrevivido a la amnistía, a la ruptura con Podemos, a la investidura imposible que se hizo posible, a la imputación de su esposa y a una docena de crisis que en cualquier otro país europeo habrían derribado al presidente. Pero la resiliencia tiene un límite físico, como lo tienen los materiales sometidos a fatiga: no se rompen por la fuerza del golpe sino por la repetición. El lunes, Sánchez recibirá cuatro golpes simultáneos —el pleno, Montero, Koldo, Mascate— y la pregunta no es si alguno de ellos será letal sino si la acumulación de los cuatro producirá la fractura que ninguno de ellos conseguiría por separado.

La posición de la oposición en este tablero de cuatro frentes es paradójicamente cómoda y peligrosa. Cómoda porque Feijóo no necesita hacer nada para que la semana sea mala para Sánchez: le basta con sentarse y dejar que los cuatro frentes converjan. Peligrosa porque la inacción puede interpretarse como falta de alternativa: si el Gobierno cae, ¿está el PP preparado para gobernar? La investidura de Guardiola en Extremadura el martes ofrece una respuesta parcial —la derecha puede pactar, puede formar gobierno, puede gestionar—, pero la pregunta de fondo es si Feijóo tiene los votos para una moción de censura o para unas elecciones anticipadas, y la respuesta honesta es que no los tiene. La aritmética parlamentaria que asfixia a Sánchez es la misma que impide a Feijóo: sin Junts, ninguno de los dos puede gobernar, y Puigdemont lo sabe mejor que nadie. El lunes, cuando los cuatro frentes estallen simultáneamente, el verdadero ganador no será ni Sánchez ni Feijóo sino el político que lleva ocho años gobernando España desde un pueblo belga sin pisar el hemiciclo.

La tradición periodística anglosajona tiene una expresión para estos momentos: 'the Sunday before the storm'. El domingo antes de la tormenta es el día en que los editores revisan las portadas, los analistas ajustan sus modelos, los políticos ensayan sus frases para los micrófonos y los ciudadanos, ajenos a todo ello, viven su vida con la normalidad que es, en el fondo, el mayor acto de confianza en las instituciones. Este periódico publica hoy esta edición dominical con la convicción de que el lunes 21 de abril de 2026 será una jornada que los historiadores de la política española estudiarán con detenimiento, no porque ocurra algo espectacular —la política española rara vez ofrece espectáculo, solo desgaste— sino porque la convergencia de lo judicial, lo parlamentario, lo diplomático y lo territorial producirá una tensión institucional que pondrá a prueba la capacidad del sistema para absorber impactos simultáneos. España ha demostrado muchas veces que sus instituciones son más resistentes de lo que sus políticos merecen. El lunes sabremos si esa resistencia tiene una excepción o si, una vez más, el país que desayuna tranquilo este domingo tiene razón en confiar en que el lunes, por difícil que sea, también pasará.

La calma del domingo es, en última instancia, una ilusión necesaria. Necesaria porque las democracias no pueden funcionar en estado de alerta permanente; necesaria porque los ciudadanos tienen derecho a un día sin titulares urgentes; necesaria porque incluso los protagonistas de la tormenta —Sánchez, Feijóo, Montero, Puigdemont, los agentes de la UCO, los inspectores de la OIEA— necesitan unas horas de pausa antes de que el mecanismo se ponga en marcha. Pero ilusión al fin: mientras escribo estas líneas a las 07:00 de la mañana en la redacción semivacía de El Hemiciclo, con un café que se enfría y una pantalla que parpadea con los primeros despachos de agencia, sé que en algún despacho de la Carrera de San Jerónimo alguien está contando votos, que en la calle Guzmán el Bueno alguien está cruzando datos, que en Mascate alguien está revisando centrifugadoras y que en Mérida alguien está ensayando un discurso de investidura. El domingo es la calma, pero la calma ya está trabajando para el lunes. Y el lunes, como todos los lunes de esta legislatura imposible, traerá más preguntas que respuestas y más frentes que manos para cubrirlos. La democracia española, que ha sobrevivido a todo, se enfrenta mañana a la prueba de sobrevivir a todo al mismo tiempo.

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