La Costa des Teatre, la escalinata que conecta el entorno del Teatro Principal con el centro de Palma, adquirió su fisonomía actual a mediados del siglo XIX. Según la documentación citada por ARCA, la calle se transformó en escalinata hacia 1851 para facilitar el tránsito peatonal, y fue en 1876 cuando se instalaron las casetas de madera que hoy ocupan sus laterales, de propiedad municipal desde su expropiación en legislaturas pasadas.
Bajo esas construcciones se conserva un aljibe del siglo XVIII, edificado originalmente para combatir posibles incendios en el entonces llamado Teatro de las Comedias, precursor del actual Teatro Principal. Este elemento hidráulico, de menor visibilidad pública pero de notable valor histórico, forma parte del conjunto patrimonial que la asociación reclama proteger junto con las casetas.
El origen del debate es el anteproyecto ganador del concurso de ideas para la reforma integral de la Plaza Mayor, elaborado por el despacho Barceló Balanzó. Según la memoria del proyecto, el derribo de las casetas «libera un espacio público» que se reorganizaría en tres terrazas escalonadas con vistas, dotadas de bancos y vegetación, y que conectarían directamente con un nuevo espacio subterráneo proyectado en la planta -1 de la plaza.
Frente a esa propuesta, ARCA ha presentado una recreación generada con inteligencia artificial que muestra cómo lucirían las casetas tras una restauración respetuosa con su fisonomía original: estructuras de madera con cubierta ligera de zinc, en línea con la estética palmesana del siglo XIX. La entidad sostiene que la imagen busca demostrar «cómo un espacio ordenado y ajustado a la identidad local beneficia al paisaje urbano», en contraste con el estado de abandono y deterioro que presentan actualmente varias de las casetas.
Un compromiso plenario de 2018 que la asociación invoca
ARCA ha recordado que el Pleno del Ayuntamiento de Palma aprobó por unanimidad, en 2018, un compromiso institucional para la protección de estas construcciones. Aquel acuerdo, suscrito por todos los grupos con representación municipal en aquel momento, no tenía carácter vinculante en términos urbanísticos, pero fijaba una posición política compartida sobre el valor del conjunto que la asociación invoca ahora para pedir coherencia al actual equipo de gobierno.
La propuesta de la entidad no se limita a la conservación física. ARCA plantea un modelo de gestión basado en el alquiler por periodos cortos, de semanas, a creadores y artesanos de Palma y del resto de Mallorca, de forma que el espacio se convierta, según la asociación, en «un espacio vivo y dinámico» atractivo tanto para residentes como para visitantes. La idea busca alejar las casetas del modelo de venta de souvenirs genéricos predominante en las últimas décadas y vincularlas a la producción artesanal insular.
El planteamiento recuerda a otras iniciativas de recuperación de mercados y espacios comerciales históricos en ciudades españolas, donde la rotación de puestos entre pequeños productores se ha empleado como alternativa a la demolición o a la privatización de suelo público. En el caso de Palma, la particularidad reside en que se trata de estructuras centenarias con protagonismo en la memoria visual de generaciones de palmesanos y visitantes.
El Ayuntamiento no ha fijado una fecha oficial para el derribo y no ha descartado introducir modificaciones al anteproyecto antes de su aprobación definitiva. El concurso ganado por Barceló Balanzó constituye, en la práctica, un documento de referencia sobre el que todavía cabe negociación política y técnica.
La reforma de la Plaza Mayor es un proyecto de calado que trasciende la suerte de las casetas: contempla la creación de un espacio subterráneo adicional y una reordenación general de uno de los núcleos comerciales y turísticos más transitados del centro histórico. Cualquier decisión sobre el futuro de la escalinata deberá enmarcarse en ese proyecto más amplio, cuya tramitación urbanística aún no ha concluido.
La tensión entre renovación urbana y conservación patrimonial no es nueva en Palma, cuyo centro está declarado conjunto histórico. La Ley de Patrimonio Histórico de las Illes Balears y la normativa municipal de protección del casco antiguo establecen mecanismos de catalogación que, en el caso de las casetas de la Costa des Teatre, no se habrían activado con la categoría de protección que la asociación reclama. Sin una declaración formal, el destino de las construcciones queda en manos de la decisión política del Consistorio, que deberá pronunciarse sobre el anteproyecto en las próximas fases de tramitación.
A falta de una fecha concreta para el derribo, el proceso seguirá previsiblemente los cauces habituales de un proyecto urbanístico de esta envergadura: exposición pública, alegaciones vecinales y, en su caso, modificaciones al anteproyecto antes de la licitación de las obras. Será en esa fase donde se dirima si las casetas de 1876 desaparecen del paisaje urbano de Palma o si, como plantea ARCA, encuentran una segunda vida como escaparate de la artesanía mallorquina.


